martes, 17 de enero de 2017

La firma electrónica se desactiva en fin de semana

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Por Víctor Almonacid.- Me preguntan -en serio-, desde una Administración Pública española, si es válido que un funcionario firme electrónicamente el fin de semana, ya que no se encuentra en su mesa trabajando.

Vamos a contestar esta interesantísima y nada ridícula pregunta en abierto (y más que nada para ayudarle a gestionar la resistencia al cambio a la compañera que me ha contactado, esta vez sin broma, y que la pobre está apurada por la actitud de sus compañeros).

Pues sí, tienen razón. A veces hay que rendirse con deportividad, sobre todo cuando el enemigo presenta argumentos irrefutables y, por qué no decirlo, un intelecto superior.

Qué duda cabe que la firma electrónica se desactiva el viernes a las 15 horas, porque efectivamente si no estamos en el centro de trabajo cómo diantres vamos a firmar. Imposible ¿Quién tendría firma electrónica en casa o, peor, en los dispositivos móviles? Es de locos. Y si se pudiera no sería legal porque esa firma se produciría fuera del horario laboral. Además, la nueva Ley de procedimiento, esa que es malísima porque es muy moderna pero que alguna cosa buena tiene, al menos dice que los sábados son inhábiles ¿Quién firmaría en un día inhábil? Sólo un ergómano adicto al trabajo, o un viajero del tiempo que viene del siglo XXIII.

Teletrabajo
Esta perversa práctica de firmar fuera del horario de trabajo abriría, además, una peligrosa puerta hacia el teletrabajo, algo intolerable y jurídicamente más que dudoso que supondría aceptar que un documento administrativo puede formalizarse más allá de las sagradas paredes de la institución.

Ni que decir tiene, pues, que la firma electrónica, que se autocontrola para salvaguardar las tradiciones y buenas costumbres, se desactiva cuando uno sale por la puerta del trabajo. También durante la media hora del almuerzo, claro está. Más dudoso es, aunque así lo respalda algún sector doctrinal, que sea legal la firma realizada desde otro lugar del edificio administrativo distinto de nuestro despacho/mesa. Cabe razonar que cuanto más nos alejemos aumenta el peligro de incurrir en una administración no solo electrónica, sino también telemática (teles es un prefijo griego que significa “a distancia”). Siendo flexibles podríamos aceptar una firma realizada en un radio de 10 metros alrededor de nuestra mesa, que es donde debemos estar, pero no más allá, tanto por razones legales como técnicas (el “microchip” no tiene tanto alcance).

En cuanto a la validez de la firma electrónica del empleado público que va al aseo, parece que lo más sensato es reconocer que durante los 45 segundos de las aguas menores (o micción simple) la firma sigue en vigor, pero que a partir del minuto, y en todo caso en situaciones de aguas mayores, se produce un efecto de derecho equivalente al almuerzo.

A mayor abundamiento, en el hipotético y muy improbable caso de que algún día la firma electrónica no procediera a tal desactivación, igualmente no se podría firmar el fin de semana porque supondría trabajar durante el mismo, o entre semana a horas intempestivas, y de hecho ya hay esquizofrénicos que firman por la tarde, incluso por la noche, y en un alarde de locura, han llegado a firmar en el AVE, o incluso en la misma estación o aeropuerto. Esta práctica demente también abriría otra peligrosa puerta, en este caso al trabajo por objetivos o rendimiento en lugar de “por horas”. El día que lleguemos a semejante grado de alienación acabaremos con las buenas usanzas de lo público, que deben permanecer inmutables más allá del avance demoníaco de los tiempos.

En definitiva, como señala un amigo con el que he comentado esta interesante cuestión, la firma electrónica no es válida los fines de semana ni las fiestas de guardar. Y obviamente la del ciudadano tampoco. Fin del riguroso análisis jurídico.

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