sábado, 31 de diciembre de 2016

El debate está servido: ¿Madrid sin coches?

"Esto entronca también con el uso del transporte público para entrar en las ciudades, un aspecto que tampoco ha merecido una atención suficiente"

Por Julio González. Blog Global Politics and Law. Madrid tien un gran problema: el tráfico de vehículos y sus consecuencias de contaminación por polución y ruido. Hasta hoy ningún equipo municipal había asumido su gravedad y adoptado una medida de importancia: prohibir el tráfico de la mitad de los vehículos. El punto negativo es que, de momento, es una medida coyuntural.
Con patinete por la Gran Vía de Madrid
Sí, dejemos los memes graciosos que hemos recibido y enviado hoy. Olvidemos la patética demagogia de Esperanza Aguirre que se considera encerrada en su casa por no poder ir al Ayuntamiento en coche, a pesar de que tardaría a pie menos de media hora. Asumamos el problema de que no se puede seguir así, con niveles de contaminación prohibidos por la normativa europea y que tienen un coste altísimo en el sistema público de salud y en la salud ciudadana.

Madrid para coches
En los últimos 30 años las Alcaldías de Madrid han facilitado el uso del coche. Es la causa de lo que tenemos ahora. Ya hablemos de los túneles de Alvarez del Manzano, los túneles y aparcamientos de Ruiz Gallardon y cómo se alteraron los lugares de ubicación de los medidores de NO2 como ocurrió en la época de Ana Botella. Salvo parte de la calle Fuencarral, Callao y del barrio de las Letras casi no hay una zona peatonal en Madrid. Ello a pesar de que El Centro no está preparado para los coches.

La inversión en transporte público ha sido insuficiente. El billete sigue siendo caro. No hay vías suficientes para bicicletas y las que hay son inseguras. No se ha potenciado el coche eléctrico ni el híbrido y en lugar de esto se ha impulsado el diésel, que es el generador de NO2. Se ha potenciado llegar al centro con infraestructuras de aparcamiento que pagamos entre todos y que ahora se ponen de excusa para no cerrar la almendra central al tráfico. Un dislate absoluto.

Pero el problema ha explotado por razones de salud. No ha sido el gusto de caminar sin riesgo por el centro de Madrid. Andamos con unos índices de NO2 superiores a 200 cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda menos de 40. Es un problema grave que puede transformar en crónicas enfermera des respiratorias. Es Derecho europeo, traspuesto al Derecho español en 2010!!!! Desde entonces se deberían haber adoptado políticas para evitar lo que está pasando. De hecho, desde Europa se abrió un procedimiento sancionador contra España por la contaminación de Madrid y Barcelona.

Pero no nos engañemos. El problema no es de que hoy estemos por encima. ¿Vamos a tener la conciencia tranquila cuando esté un poco por debajo? No, y aquí hay que ser exigentes al equipo de Carmena en la restricción general del tráfico por el Centro y en impulsar medidas para favorecer el transporte público y el no contaminante. Y esto entronca también con el uso del transporte público para entrar en las ciudades, un aspecto que tampoco ha merecido una atención suficiente.

Que tiene otros aspectos positivos colaterales es claro como el del impulso al comercio: acaso convenga recordar que Preciados es la única calle comercial de Madrid sin locales vacíos.

¿Qué tenemos que cambiar hábitos? Sí claro, estamos hablando exactamente de esto. Es la misma razón que cuando se obligó al uso del cinturón de seguridad o se redujo el alcohol que podía levar el conductor: la salud pública. Aquí no hay libertad, salvo que se quiera caer en el ridiculo de Aznar y el vino.

Cambiar hábitos de movilidad
Por ello, el equipo de Carmena está ante el gran reto de cambiar los hábitos de movilidad de Madrid. Desde luego, si se atreve  sería el equipo de Gobierno que pasaría a la historia por hacer la ciudad más vivible. El cierre de la almendra central al tráfico es una medida imprescindible, como lo es el establecimiento de carriles reales para bicicletas y el aumento del transporte público. No sería la única en adoptar medidas radicales: Paris ya aborda la prohibición de los vehículos diésel en 2020 y Hamburgo el que no haya coches en 2025.

Prohibición no debe ser la única palabra. Ni siquiera el fomento de otros medios de transporte. Sobre todo debemos hablar pedagogía para cambiar hábitos ciudadanos. Eso será lo que haga que Madrid sea, parafraseando a Sabina, menos invivible y más insustituible. Eso vendrá por el nuevo concepto abrir nuevos espacios al peatón y el ciclista.

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