"El primer objetivo de una carrera horizontal es establecer un sistema sostenible de incentivos para premiar aquellos profesionales que aportan en el transcurso del tiempo un notable valor en sus organizaciones"
Por Carles Ramió. esPúblico.es blog.-Una de las novedades que introdujo el EBEP, hace ya la friolera de casi 19 años, fue la de incorporar la carrera horizontal en el empleo público. Durante este amplio espacio de tiempo muy pocas son las administraciones públicas con capacidad legislativa que han regulado este tipo de carrera (destacan Baleares, Asturias y, recientemente, la Administración General del Estado y la Junta de Andalucía).
En todos estos casos se ha optado por el modelo de los
tramos (desde cuatro hasta seis). En mi opinión, la opción de los tramos para
vehicular la carrera administrativa es un error conceptual y práctico. Se trata
de un modelo de incentivos profesionales con fuerte tradición en algunos
ámbitos sectoriales y especializados, por ejemplo: personal sanitario y
personal docente e investigador de las universidades. Tiene sentido impulsar
este modelo en colectivos mal retribuidos y/o en los que se desee alcanzar determinados
objetivos que puedan ser medidos con cierta facilidad. Por ejemplo, en el
primer caso, los profesores universitarios (sucede algo parecido con el
personal médico), muy mal retribuidos durante sus dilatados procesos de
estabilización (que lo deben ser por motivos técnicos ya que se trata de un
perfil profesional que requiere un largo periodo para demostrar su valía
profesional) cuando se estabilizan van incrementando paulatinamente su salario
mediante los denominados quinquenios de docencia que se otorgan por antigüedad.
Por tanto, estamos hablando de tramos que poseen como objetivo buscar dignidad
retributiva mediante la mera antigüedad. Por otro lado, los profesores
universitarios, poseen tramos vinculados al mérito profesional (sexenios de investigación)
que incentivan que se exista un mayor impacto científico (nacional e
internacional) mediante publicaciones de calidad. Después de más de tres
décadas de la existencia de este tramo se puede constatar que ha sido, más o
menos, un éxito y ha ejercido de catalizador para lograr una comunidad
científica más dinámica y con mayor impacto académico.
La mayoría de los empleados públicos acceden a las
administraciones públicas con unas tablas retributivas convencionales, más o
menos competitivas, en el contexto del mercado laboral (en bastantes casos por
encima de sus homólogos en el sector privado). Tampoco requieren de procesos
formativos dilatados asociados con bajos sueldos para poder lograr la
estabilidad (tal y como sucede en el caso de los médicos y de los profesores
universitarios). Por tanto, no hay motivos para introducir tramos vinculados
solo a la antigüedad sin mostrar ningún mérito adicional.
Ante esta moda de los tramos y la incomodidad técnica
que me generan hace unos meses decidí consultar a los expertos que
contribuyeron en la elaboración del EBEP. La pregunta que tenía para ellos era
sencilla: ¿cuándo se propuso, en su momento, la carrera horizontal se tenía en
mente un modelo basado en tramos? Como han pasado ya veinte años de los
trabajos de esta comisión de expertos mi temor es que la mayoría estuvieran
muertos. Afortunadamente no fue el caso salvo algunas tristes excepciones. La
respuesta fue negativa: no se tenía en mente este modelo de los tramos que se
ha puesto de moda de manera sobrevenida. Lo confirmó de manera diáfana el
coordinador de la subcomisión de la carrera horizontal Francisco Longo.
En efecto: todo un galimatías que asusta, con razón, a las unidades, de naturaleza conservadora, de gestión de personal. Y, es más: todo este modelo alternativo es de imposible aplicación si no se incorpora un modelo real y efectivo de ámbitos funcionales. Las administraciones deberían ordenarse mediante un conjunto de ámbitos funcionales lo más amplios posible que posean unas características profesionales similares. Cada ámbito funcional debería establecer las competencias mínimas para su ingreso (procesos selectivos de entrada) y las competencias vinculadas a los distintos niveles profesionales en que se articulara la carrera profesional. Por tanto, una auténtica carrera horizontal exige transformar de manera profunda la función pública y por esta razón se elude y se opta por los tramos que no aportan valor al no discriminar y encarece de manera artificial, irreflexiva e incluso frívola el capítulo I.
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