sábado, 14 de julio de 2018

Formación: ¿Las comunidades de práctica son para pobres?. Los limites de la colaboración con la Administración Pública

 Por  Jesús Martínez.-  Blog Trabajo Colaborativo.-  Reconozco que la pregunta del título de este post (después de casi 10 años de blog), es la primera vez  que no es una pregunta  retórica. Confieso que tengo dudas. Sirva, pues, esta entrada para reflexionar sobre si la introducción y extensión de las CoPs en la AAPP ha respondido (o responde ) a factores de oportunidad ( o de moda) y que se acomodan  a  espacios  de confort (light),  alejados de lo estratégico ( la organización  tradicional, la de los jefes, tocando lo que importa de verdad). O, al contrario, las CoPs, como cualquier otro movimiento emergente, es imparable y ,comenzando  con aspectos  más fáciles,  llega a más  sectores, y produce  aplanamiento ( y agilidad) de la organización.

O lo que es lo mismo, en el post vamos a reflexionar, desde la experiencia que nos da 14 años empujando (e inspirando) prácticas colaborativas en una Administración Pública, sobre si el  resultado final, es  el esperado.

Afortunadamente, para ello hay ya documentadas decenas de experiencias, tanto de éxito -las más conocidas- como de fracaso –invisivilizadas-), que nos dan pautas sobre los  límites (o no) de la colaboración en estas  organizaciones.

Estos son los antecedentes que me han suscitado la reflexión:

-A las  comunidades de práctica no les gusta la moqueta.

El pasado mes de mayo, tras la brillante intervención de Genís Roca en el Congreso Edo , comentábamos que hacía 10 años que  había inaugurado, en la misma sala, la jornada constitutiva de la comunidad educadores sociales. Me preguntaba (Genís) por la evolución del programa en este tiempo,  y le comentaba que habíamos extendido ampliamente las comunidades del programa a toda la organización. Añadí que nos faltaba  pisar moqueta aludiendo a colectivos, que por distintos motivos, eran resistentes a la penetración de la colaboración. Genís, muy en su línea de visión a largo plazo, me tranquilizó diciendo que no íbamos a encontrar nada diferente -ni nuevo- en estos colectivos reacios.

Las comunidades de práctica son para pobres.

Hace un par de semanas en un diálogo que mantenía con Dídac Ferrer (III Encuentro de profesionales de la gestión del conocimiento que coordinan Joaquin Gairín y Joaquín Carbonell), mencionaba (Dídac) palabras de Domineco de Siena en las que hablaba de que la colaboración era para los pobres. (Amalio Rey, que también intervenía, hace la crónica del encuentro).  Venía esta referencia a una réplica a una intervención mía, en   la que yo explicaba la desigual distribución de los colectivos del programa Compartim, valorando muy positivamente que las profesiones de componentesocial se habían subido antes al carro.

Pensar dentro y fuera de la caja

–Dentro.
La última novela de Antonio Orejudo, Grandes Éxitos, hace balance de lo que ha sido su obra y explica algunas claves de su escritura. En uno de los relatos cortos que configuran la obra nos presenta un ejercicio de enviarse (a si mismo) una carta 25 años atrás ( es el famoso ejercicio de la terapia cognitivo conductual,  mi carta al  futuro , pero al revés;) . En esta carta enviada, el escritor consagrado y con éxito le confiesa a la joven promesa que escribir -y publicar- libros, en 2018, ya no es lo que era en los 70. Con ello, Orejudo no quería desincentivar la que luego sería una gran carrera literaria sino confesar que en 35 años,  el mundo había cambiado y que los sueños y las metas que tanto valoramos en épocas pasadas , con el tiempo  son sustituidas y relativizadas.

Con esta anécdota quiero señalar que, quizás, estemos siendo hayamos sobrevalorado la colaboración llevados por percepciones, por decirlo con estas palabras, viejunas de los 70. Puede que pretender establecer competición colaborativa y aspirar a que lo emergente sea lo predominante es, quizás, usar filtros cognitivos no propios de esta época.

–Fuera:
En la reunión de este verano de los dinamizadores del programa Compartim, Manel Heredero nos planteaba (como ejercicio) y a propósito de la irrupción de Air BnB,  cómo resolver el problema de la proliferación de pisos turísticos en los centros urbanos. En la respuesta del grupo, lógicamente, salían respuestas como regulación, prohibición, inspectores, supervisión, etcétera. En el ejercicio se trataba de buscar respuestas que no siguieran la lógica del planteamiento tradicional, en el que habitualmente estamos educados. Evidentemente, las respuestas desde planteamientos alternativos y emergentes fueron menores, pero, más eficientes. (Por cierto, algunos ayuntamientos como el de Ámsterdam y, ahora el de Barcelona ya las están poniendo en marcha. De pasar de un ejército de inspectores, a pedir la colaboración y la autorregulación de las propias plataformas. Sencillo y eficiente.)

La mochila personal que nos empuja o nos dificulta la colaboración.

 Al final, la colaboración es asunto de las organizaciones, pero, sobre todo de las personas. Y no está claro que todo el mundo lo entienda por igual.

Javier Martinez Aldanondo, profesional de amplio recorrido en gestión del conocimiento, mostraba sus (también) dudas. En el pasado Congreso Edo, sirviendo de la metáfora del vaso medio lleno/medio vacío, las recogía con estas palabras:

Es fácil concluir que ya desde su origen, del vocablo Comunidad se desprenden una serie de cualidades fundacionales: igualdad, sentimiento, compartir, generosidad, apoyo y ayuda… Sin embargo, cuando trasladamos el análisis a nuestros días, es inevitable confesar que el significado de Comunidad se ido desperfilando. Existe una creciente tensión entre aquellas fuerzas que demandan mayores oportunidades para la colaboración frente a las que pugnan (solapadamente) por más control y mayor individualismo. ¿Qué impacto tiene esa lucha en el devenir de las comunidades de práctica?

 Revisemos detenidamente los 4 principales elementos implicados en esa titánica lucha: La inclinación natural del ser humano hacia la colaboración, el sistema económico actual que conspira contra ello, el modelo educativo que fomenta la competición y el diseño de las organizaciones modernas que prima los resultados económicos por encima de todo.

Y de todo ello concluía en una cierta ambivalencia:

 -El ser humano nace colaborativo (vaso lleno).

-El modelo de mercado está diseñado para contrarrestar la Comunidad (vaso medio vacío).

-El sistema educativo no fomenta la colaboración sino la competición (vaso vacío).

-Las organizaciones fueron diseñadas para producir y no para colaborar (vaso vacío).

Pero, inteligente que es él, no se deja llevar por el derrotismo y concluye de esta manera optimista: el práctico mundo del management parece caminar inexorablemente hacia organizaciones flexibles (vaso lleno).

En fin, de estas historias anteriores surgen una serie de preguntas que pueden resumir este planteamiento tan abierto que presento, y nos permite reflexionar sobre los límites de la colaboración.

Las preguntas:

-¿La colaboración puede ser opcional en las organizaciones? ¿Añadimos carga laboral a los colaborativos?

-¿Es  útil (y real) el planteamiento de las organizaciones duales?

-¿Es posible (y deseable) convertir la colaboración y la cultura colaborativa, en hegemónica?

-Hemos convertido en una finalidad lo que no deja de ser un medio, la colaboración.

-La teoría del efecto contagio (y viral) sirve para mantenernos motivados durante un tiempo hasta que comprobamos que hay límites objetivos.

-Una propuesta para resolver dudas.

Reflexionando sobre estas preguntas creo que una buena opción será hablar y plantearlo entre todos los implicados. Por ejemplo, volver a reeditar los seminarios temáticos sobre comunidades que hemos que hemos ido organizando   en las jornadas Compartim.  Recuerdo ahora especialmente de impacto las correspondientes al 2016 y al 2012.

Tot i tots sobre cops
Què fem amb les CoP madures?

¿Podría ser oportuno  armar un debate y compartir estas dudas (y nuestras mejores prácticas)?

Creo que nos merecemos esta oportunidad para avanzar en esta misión que nos hemos asignado: mejorar las administraciones públicas en base, también, a la colaboración.  El 29 de noviembre será la cita

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