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viernes, 25 de marzo de 2022

El momento «venirse arriba» en grupo: pautas para su gestión correcta

Jesús Martínez.- Trabajo y Aprendizaje colaborativo blog. En estas dos últimas semanas, cuando la presencialidad se va recuperando, he tenido la oportunidad de participar en diferentes grupos de trabajo. En dos de ellos (algo sorprendente) he encontrado repetida la misma expresión: '¡cuidado con venirse arriba¡ -  Esta coincidencia me ha hecho pensar.

Los dos grupos eran diferentes, pero hubo entre ellos, en un momento determinado, una conexión que los unía.  Después de una secuencia de interacción continuada se generaba  (llamémoslo así) euforia grupal. 

Ante esto, l@s dos dinamizador@s expert@s se vieron en la obligación de rebajar expectativas e interrumpir la magia.

A mi juicio, en una situación se acertó; pero, en la otra, no.

Y, en los dos casos, las dos personas que conducían los grupos eran experimentadas. Con lo cual, quizás, la disfunción no sea tanto por la calidad de la conducción si no por una inadecuada contextualización del efecto venirse arriba.

 Creo, y es la tesis de este post, que este efecto tiene ventajas inexploradas que permitirían mayor eficiencia en los momentos en los que los grupos se reúnen para crear.

Leía hace una semana, en uno de sus magníficos posts de Julen Iturbe, el reconocimiento del efecto calidad de la interacción presencial, ahora recobrada. Pese a las numerosas ventajas que nos ha comportado el uso intensivo de las plataformas online, el espacio premium que supone reunirnos presencialmente, es un ingrediente ganador. Por ello, no podemos dilapidarlo.  

Así lo recogía Julen:

El otro día, en una reunión con el decano de la facultad, él me comentaba que, sobre todo durante el confinamiento, había echado de menos las «casualidades» positivas que se derivan de los encuentros fortuitos por pasillos, en la cafetería o en el parking.  Esos espacios informales son fuente de estimulación. Ahí emergen conexiones que disparan posibilidades. En ese sentido, son imposibles de prever, pero sabemos que existen y que, a veces, son poderosas.

Y, volviendo a los grupos que mencionaba al principio, las preguntas que me planteé, eran de  este tipo:

    - ¿Está justificada interrumpir y descafeinar un momentum creativo?

    - ¿Es acaso posible (o deseable) poner puertas a la intensidad creativa generada por la interacción?

    - ¿Hemos de dejar solo para los espacios reglados y acotados (espacios  de innovación), la euforia creativa?

    - ¿Podemos aislar (deconstruir) los componentes del efecto venirse arriba y dosificarlos (replicarlos) a voluntad?

    - ¿Puede extenderse (gestionarse) el efecto venirse arriba a todos los grupos que se juntan para hacer cosas?

    Con lo cual, para responderlas, puede ser interesante, situar al momento venirse arriba, en una categoría mas noble. Lo intento.

    Pautas para gestionar el momento venirse arriba

    • Todo ámbito grupal de creación o aportación es susceptible del momento venirse arriba.

    Estoy convencido que uno de los ingredientes principales que han hecho sostenible tanto las comunidades de práctica, como los diferentes grupos de trabajo que han proliferado en los últimos años, bajo el paraguas de la gestión del conocimiento, es el   elemento adictivo de la interacción creativa.

    Hemos observado (y preguntado) en diversas ocasiones qué es aquello que hace a una persona asociarse a una CoP (o a un grupo de trabajo), y muchas de las respuestas tienen que ver con la felicidad /bienestar que proporciona un espacio de estas características.

     Con lo cual, puede ser reduccionista vincular solo a momentos muy acotados esta energizante atmósfera de creación intensa.

    • Mejor si las personas convocadas tienen conocimientos parejos.

    También hemos observado que esos momentos euforizantes se producen con mayor facilidad cuando hay conocimientos diversos, diferentes, pero parejos. No hay gran desnivel en las diferentes aportaciones. Son expertos (buenos conocedores) de la materia que tratan.

    • Contexto favorecedor.

    Es, como no, uno de los elementos imprescindibles En ámbitos en los que la gestión de personas está muy tensionada la magia no aparece.

    A parte de la conducción experta del grupo, se ha de dar en un contexto organizativo favorecedor del crecimiento de las personas. (Por cierto, próximamente Manuel Muntada reflexionará sobre  El rol directo

    Los caminos del deseo o senda deseada (conocidos también como desire lines o desire paths por su designación en inglés) son caminos que suelen aparecer sobre el césped creados por la erosión causada por pasos humanos o de animales. Estos caminos usualmente representan el camino más corto o de más fácil acceso entre un origen y un destino determinados. El ancho de uno de estos caminos representa la cantidad de demanda del mismo.

    Estos caminos aparecen normalmente también como atajos en lugares donde los caminos construidos tienen una ruta menos práctica. Suelen aparecer muy frecuentemente en parques.

    Muchas calles de las ciudades antiguas empezaron de esta forma y evolucionaron con las décadas y el paso continuo en las calles modernas de hoy día.

    No había pensado en ellos como inteligencia colectiva.  Creo que la gestión del momento venirse arriba, que implica favorecer su aparición, está  muy relacionado con el fomento de la inteligencia colectiva en la organización.


jueves, 3 de enero de 2019

El papel de la formación en las políticas de igualdad de género: el difícil arte de convencer

Por Jesús Martínez.- Trabajo Colaborativo blog. Tiempos paradójicos. El año del #metoo y de las multitudinarias manifestaciones del 8 de marzo, que ha llevado, por ejemplo, al diario La Vanguardia a elegir palabra del año dones (en catalán) y feminismo en castellano; ha sido también el año de Bolsonaro.  Ayer mismo, en su toma de posesión, insistió en su compromiso de combatir lo que él llama la “ideología de género”. Y aquí en Europa, también es el año de la visibilidad de corrientes de opinión muy combativas con las políticas de igualdad.

Este contexto, lógicamente, no ayuda a establecer políticas de igualdad y de no discriminación. Pero, hay que decirlo, nunca fue una tarea fácil.

Recuerdo ahora dos situaciones -protagonizadas ambas por mujeres- que evidencian que revertir esta situación de discriminación, muy instalada socialmente, es una tarea titánica.

Miguel Lorente explica una anécdota que le sucedió tras una de sus (magníficas) intervenciones públicas. Una señora se le acercó para felicitarlo, y a modo de disculpa, quería dejarle claro que ella nunca había sido una persona maltratada. Decía que su marido la había tratado bien; pero, acababa su intervención, manifestando que ella tampoco le había dado motivos (guiñándole el ojo). Miguel Lorenzo se preguntaba,   -perplejo-, qué es lo que no había sabido explicar en su intervención;)

 Por su parte, Marta Sanz en su best seller, Monstruas y Centauras, nos confesaba una anécdota con la que quería ilustrar que nadie, incluso las más conscientes, están libres del patrón patriarcal. En sus palabras:
Me doy cuenta de que casi siempre que he hablado de feminismo lo he hecho desde la vindicacion, incluso cuando me cuestionaba autocríticamente mis posiciones y costumbres, para descubrir que, en lo más profundo y negro de mi oficio, se escondía un hombrecito como el que vive dentro de los cajeros automáticos. Y descubrí entre mis dientes el colmillito afilado, el deseo torcido, de todas las mujeres que me habitan y que, a su vez, llevan habitadas tanto tiempo por sus padres, sus maridos, sus amantes, sus hermanos, sus hijos, sus jefes…

Valga está larga introducción para situar el tema del que será el primer post de 2019. ¿Cómo ha de ser el papel de la formación en apoyo a las políticas de igualdad y de género en la Administración Pública? Y lo haré a propósito de la aplicación de la ley catalana  Ley 17/2015 de Igualdad efectiva de mujeres y hombres y  de la propuesta por parte de l’Institut Català de les Dones (ICD) de un Plan Estratégico de Formación 2017- 2020 (Pla director de formació en equitat de gènere 2017-2020) , el cual prevé formación obligatoria para aquellos colectivos implicados directamente en la aplicación de la normativa.

Preguntas incómodas
De forma muy intuitiva y sabiendo lo que la formación puede aportar (o no puede aportar) en determinadas situaciones muy complejas y -como veíamos- muy arraigadas, la pregunta que se deriva de este planteamiento del ICD seria: ¿es realista, en estos tiempos de crisis de la formación corporativa ,pedirle objetivos tan ambiciosos? Y si es así, ¿qué deberíamos hacer diferente? Y, ¿tenemos suficiente munición en formación para afrontar este reto?

Y un factor añadido: si partimos de la premisa de que educa la tribu, ¿el factor cultural en nuestro ámbito no va a ser el gran impedimento? Tratándose de formación obligatoria, con todo lo que ahora sabemos de que el aprendizaje no empieza con la decisión del formador sino con la del alumno, ¿no nos estaremos autoengañando?

Pues bien, armados con este argumentario asistimos tres personas con responsabilidad en el ámbito formativo en el Departamento de Justicia, a una convocatoria de reunión por parte del ICD que conducía Joana Martínez.

Un buen debate
Pasado ahora más de un mes de la reunión, la recuerdo como una conversación de alta densidad argumental. Acudíamos, creo, por parte de las dos partes, con expectativas diferentes sobre lo que se había de hacer. Pasadas 2 horas de intercambio continuo, llegamos a conclusiones parecidas. Fue una reunión, por decirlo con estas palabras, energizante. De aquellas en las que realmente se aprende.

¿Qué pasó? Nos encontramos con un elemento inesperado. Desde el “negocio”, la parte convocante -el ICD-, se había hecho una reflexión tan o más profunda del proceso formativo que la que debíamos de hacer por parte de Formación. 

Como dice Harold Jarche, la formación tradicional ha sido una prótesis (una capa de intermediación) que en la época industrial tuvo su sentido para preparar a las personas que debían de hacer determinadas tareas   en las líneas de producción. Pasada ya la Revolución Industrial y de pleno en la Sociedad de la Información y del Conocimiento, esta premisa ha quedado obsoleta. Las organizaciones más vanguardistas, ya desde el propio negocio diseñan los hitos de aprendizaje que los propios participantes han de hacer suyos y después apoyan de mil formas.

Ergo, los departamentos de formación conjuntamente con los de Recursos Humanos, tienen una labor secundaria y de apoyo. Y, en todo caso, de consultores internos.

Con lo cual, podríamos decir que el ICD, contando con el factor Joana Martínez, una profesional con una larga trayectoria en  formación en l’EAPC, se podría permitir  la desintermediación de los Departamentos de Formación (EAPC, CEJFE y otros).

Joana Martínez tiene claro lo que hay que hacerse. En su post El arte de Convencer lo apunta: la normativa lo exige, es una demanda social, por tanto, pongámonos manos a la obra. Hagamos posibles cambios de conducta reales en las personas que han de aplicar la ley. Y para ello, diseñan un plan estratégico 2017-2020 con objetivo de hacer extensiva la formación a los colectivos implicados: profesionales en unidades específicas,  línea directiva, referentes de género, formadores internos, etcétera.

Lo sustantivo de la propuesta formativa
A continuación, recojo, aunque sea de forma muy subjetiva, lo que yo creo más relevante de la propuesta.

La herramienta estándar es un curso formativo presencial y obligatorio. Sería una apuesta arriesgada si no fuera porque viene completado con otra serie de actuaciones. En la reunión se resumió en la frase atacar por tierra, mar y aire. En definitiva, se trata de un curso que combina la acción con la formación.

El curso incorpora evaluación de la transferencia. Ésta es algo casi anecdótico en la formación corporativa, pero al haberse rediseñado de forma ágil y practica, puede ser realista su puesta en marcha. Se reporta, transcurrido un tiempo, la transferencia efectiva en el puesto de trabajo. ( Se nota, en este punto,  la mano maestra de Sylvia Alonso).

Introduce acción. Se le pide a cada participante que investiguen y, posteriormente, modifiquen, en sus entornos laborales concretos, actuaciones en línea con la normativa a aplicar. Con ello, los participantes se comprometen a presentar protocolos, guías, manuales, directrices, que modifiquen aspectos que consideran relevantes.

Involucran seguimiento por parte de la línea directiva. Los directivos primero son formados y, luego, son actores relevantes en el seguimiento de las actuaciones. Lo encuentro inteligente. Es, en algunos casos de mayor reticencia, una formidable propuesta aplicada que vía disonancia cognitiva produce cambios consistentes y a largo plazo.

Conforman y apoyan después redes especializadas: …redes de profesionales que se autoorganizan para compartir conocimiento y mejorar el servicio. 
¿Qué quedaría por hacer?

A continuación expongo una serie de ideas que, a mi juicio, son relevantes en este tipo de campañas formativas. No descarto que alguna de ellas ya esté considerada en el propio plan estratégico (he hecho una lectura en diagonal) o en el resto de las actuaciones de l’ICD.

Una nueva generación de acciones de sensibilización
Decía Marta Sanz que hay personas que reformulan sus prejuicios a través de las noticias o de la información, pero  hay personas que los afianzan. También hay personas que, con sus prejuicios, se defienden de lo que no quieren oír. En este sentido, creo que los departamentos de formación tienen que aprender de cómo funciona el cambio de actitudes en la época de las redes sociales. Sin ir más lejos, y por citar otra vez a Bolsonaro, los expertos nos hablan de la eficacia de la transmisión de mensajes cortos, con alta emotividad, pero muy dirigidos  al público al que quieren llegar. Por el contrario, nuestras prácticas comunicativas y de difusión habituales, tienen más de brocha gorda y de querer llegar a todo el mundo (lo necesite o no). Con lo cual, en algunos casos, puede ser a ser contraproducente. No me extenderé en este apartado, pero creo que será objeto de desarrollo por parte de la formación y RRHH. Ya existen buenos precedentes, tanto desde las disciplinas del marketing aplicado como de las teorías motivacionales que se basan en el modelo de cambio de conducta de Prochaska y DiClemente.

Acciones enfocadas a los incidentes críticos (o a las malas prácticas)
Sabemos que la formación, cuando es experiencial, cobra todo su sentido. Si por parte de la organización se establece un mapeo de áreas y ámbitos en los que se produce de forma regular incidencias y la convocatoria posterior de los implicados a asistir a  acciones formativas ( seminarios, talleres, orientación, trabajo conjunto, reflexión, etcétera ) puede reportar beneficios directos en la resolución y en la mejora de ellas. Evidentemente, está actuación presupone que la organización se dote de un sistema de detección y de transmisión de alertas posterior, que las identifique y las valore, y establezca acciones de capacitación directa sobre ellas y sus implicados. Presupone también que se establezca una línea base y criterios de evaluación posterior en función del progreso obtenido.

Gestión del conocimiento
Reconocimiento, visibilización y transferencia de las buenas prácticas. De ello hablamos en la parte final de la reunión. De forma intencional, por parte de determinados actores (ojeadores, antenas, referentes) podrían detectarse las mejores prácticas aplicadas, después codificadas y, posteriormente, transferidas en jornadas presenciales y  Social Media interno. Asegura impacto en el ámbito cultural que, como vimos al inicio, tanto necesitamos.

Con acciones posteriores de comunicación y de presencia a través de reportes documentales, píldoras informativas, boletines, etc. podría completarse todo un círculo de presencia y visualización de la importancia que la organización otorga a este tipo de actuaciones. Vendría a ser el equivalente de lo que son ahora las estrategias de riesgos laborales o de protección de datos que, con el tiempo, se han ido consolidando en la cultura organizacional.

En fin, por esta vía tan sugerente que nos propone l’ICD (Nuria Balada a la cabeza, Joana Martínez, Esteve  Litra, etc. , podríamos conformar itinerarios híbridos de formación corporativa. Mejoran sustancialmente las propuestas locales de intervención formativa, a través de esta mirada más rica y transversal.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Gestión del Conocimiento y felicidad en el trabajo ( y 2)

Por Jesús Martínez. Blog Trabajo Colaborativo.- Hablábamos en la anterior entrada de que la combinación entre placer y propósito era uno de los acercamientos  menos imperfectos  para explicar la felicidad. Centenares de investigaciones han comprobado reiteradamente que más allá de un porcentaje mínimo, la posesión de  bienes, el  dinero, los placeres, etc, no dan la ( auténtica) felicidad. 

El efecto  saciación (concepto que proviene de la Modificación de Conducta)  lo explica bien. Lo podemos resumir, en palabras muy simples,  como todo aquel  estímulo que administrado  en gran abundancia ( o de forma repetitiva) causa saciación.

Pues bien, sentadas estas bases, entendemos ahora mejor  la propuesta de Paul Dolan : la clave de la felicidad consiste en combinar placer ( cultivar  los buenos momentos) y propósito ( la búsqueda de trascendencia y objetivo en nuestras vidas). ( Manel Muntada, también en este línea,  en una estupenda entrada reciente , nos recuerda que ya  Viktor Frankl y su obra  El hombre en búsqueda de sentido, en los años 40 del siglo pasado, fue pionero.

Y ahora volvemos a  la pregunta que intentamos responder en esta segunda entrada:

¿Qué hace a la gente feliz en el trabajo?

Para contestarla, nada mejor que apoyarnos en esta investigación  de Alexis Adair, que recoge diferentes respuestas de un grupo de empleados. ( Las  traduzco libremente)):

-La felicidad en el trabajo es querer estar allí.

-Creo que cuando la gente se siente incluida, se siente más feliz

-Nos sentimos felices cuando sentimos que pertenecemos a algún lugar.

-El sentido más profundo de la felicidad creo que proviene de un sentido de conexión con los demás.

-La gente quiere un trabajo interesante donde puedan aprender y crecer.

--Dejar a la gente  usar sus capacidades o aprender nuevas

-Creo que la gente es feliz cuando se sienten valorados.

Sientes que estás contribuyendo a algo, en particular a algo más grande que tú mismo, no es sólo sobre ti.

-Alexis Adair hace un análisis de contenido  del conjunto de respuestas y las agrupa en esta tabla: Leer+

lunes, 19 de septiembre de 2016

¿Por qué aún no son preponderantes los nuevos modelos de formación en las Administraciones Públicas?

"Hay que pasar pasar de una sociedad jerarquizada y obsoleta a una sociedad de colaboradores"

Jesús Martínez. Blog Trabajo colaborativo.- En mi intervención del pasado julio, en la presentación del libro Nuevos Modelos de Formación que hicimos en el CEJFE, y refiriéndome a los déficits del modelo formativo clásico, afirmaba que había una variable que no se había considerado suficiente y que en la práctica suponía una barrera al cambio de modelo:eran los buenos profesionales. Era evidentemente,  una afirmación irónica, por cuanto estaba hablando de algunos de los compañeros que tenía en la mesa. Por ejemplo, de  Jordi López y de Sylvia Alonso. Y de otros muchos, que no habían podido asistir,  que  con su buen trabajo y sus muy buenas aportaciones, habían insuflado vitalidad a un modelo que desde hace tiempo ya no se aguanta.

Creo que hay ya bastante consenso en que  el modelo tradicional vino a cubrir (de forma muy digna) una larga etapa en la Administración Pública. Pero… todo tiene su tiempo. Y ahora, en lasociedad conectada, en la que la autonomía de los aprendices no tiene límites, y en la que los canales disponibles de información, formación y aprendizaje  son más eficientes que nunca , la intermediación habitual de los centros de formación se ve cuestionada. Tocaría, por tanto,mover ficha y acelerar la sustitución -y transformación posterior-  de los formatos habituales.

Y, como decía al principio (ahora sin ironía), si no había  ocurrido antes era porque las lagunas, déficits y inconsistencias se habían salvado gracias a la excelente labor de muchos de los profesionales responsables de la formación. Por ejemplo, ahora recupero dos formidables documentos impulsados desde la Escola d’Administració  Pública de Catalunya en la época del director Carles Ramió y en la que la contribución de Sylvia Alonso fue fundamental. Se trata del Manual de Detección de Necesidades Formativas y del documento Pautas y criterios para la calidad de la Formación. Podríamos poner otros muchos ejemplos, algunos de la autoría de José Antonio de la Torre y de su equipo de la Diputación de Alicante, del IAAP ( con Jose Maria Sanchez Burson y Carmen Seisdedos (esta guía para docentes me encanta) ,de  Paco Saavedra  de la Escuela de Administración Pública de la Región de Murcia, etc. Pero también, de otros muchos profesionales que en su día pudimos seguir y escuchar en la JAP de Expoelearning ( años 2010 al 2014), en los congresos EDO , o han sido premiados por el INAP.

Pero, y ya entrando en materia, y restada esta variable  anterior, nos encontramos con dificultades prácticas a la hora de establecer arquitecturas metodológicas diferentes que puedan suplir con garantías los servicios formativos que veníamos entregando bajo el modelo tradicional. Todos sabemos  que ya no es posible funcionar con una único modelo y que estamos abocados a combinarlos. Pero, se trataría, de establecer los criterios y  proporciones adecuadas a cada uno de ellos. Partimos de la base de que  el espacio natural de los modelos y metodologías tradicionales, basadas en aula y experto, están pensadas como el itinerario más sencillo para formar a los  profesionales noveles  y para algún tipo de formación estratégica. Pero,  para el resto,   podría optarse, con mayores garantías de eficiencia,  por otras alternativas.

Y en eso estamos ahora. Al inicio del  diseño de los planes formativos  2017,  idealmente,   las proporciones habrían de ajustarse a patrones más alineados a lo que nos dice la praxis de cómo se aprende ahora. ¿Sería posible esta combinación? Una proporción (no excesiva) de formación estratégica e inicial (si la hay) apoyadas en metodologías aula /experto, otra proporción  para el aprendizaje social y situado, y otra  para servicios de apoyo al aprendizaje que nace de la  la propia autonomía de los aprendientes.  Y, todo ello embebido  en una arquitectura más elaborada de gestión del conocimiento organizacional.

Pues bien, este ejercicio, que sobre el papel  es fácil, a la hora de plasmarlo en una programación concreta  sufre tensiones .Y como puede observarse en las distintas ofertas formativas de las diferentes escuelas de formación, las nuevas experiencias llegan aún a  un porcentaje mínimo de profesionales.

Así,  a bote pronto,  y sólo al inicio de la planificación,  podríamos identificar cuatro tipos de obstáculos.

1- El cultural
Después de tantos años identificando la formación con el aula, el experto y distribuida en sesiones horarias fuera del ámbito laboral, no es fácil desanclar esta percepción. Es como si todo lo que no pase por estos parámetros no fuera formación. No ayuda tampoco la regulación  normativa del EBEP, en la que se cuantifica la formación en espacios horarios de  hasta 40 horas . Además, es justo reconocer que pese a todas las críticas recibidas, el formato aporta beneficios, muchos de ellos no estrictamente relacionados con el aprendizaje. Se han descrito en diferentes ocasiones todos aquellos que tienen que ver con el intercambio, la socialización, ladescomprensión laboral,etc.,  los cuales no es fácil substituir.

¿Qué pasa entonces cuando se propone migrar a otro formato? Constatamos que en muchas personas se genera, de entrada,  resistencia. Se piensa que se podría poner en peligro el formato tradicional, más amable y menos exigente y que sería difícil compatibilizar una doble carga formativa (la que elijo yo y ahora esta otra  más complicada).  Tampoco ayuda que la pedagogía que hemos hecho a los máximos directivos,  no ha  sido muy convincente. Y como resultado perverso ( y aquí exagero un poco), nos vemos abocados a ofrecerlos a una parte de la plantilla más motivada  pero, también,  más sobreformada.

2- El diseño organizativo
Ayer mismo nos lo volvía a  recordar en las páginas de La Vanguardia Henry De Sio,  el estratega de la campaña de Obama de 2008. Decía:...venimos de un mundo jerárquico, en el que se trabajaba de manera compartimentada y todo se basaba en la repetición. El mundo que es, es plano, fluido e híbrido. Y, defiende, que hay que pasar pasar de una sociedad jerarquizada y obsoleta a una sociedad de colaboradores.

Algo de esto también es aplicable a la Administración. No está diseñada para la colaboración y el intercambio. En algunas ocasiones,  en este blog, hemos reflexionado sobre ello. Y, sabemos también,  que solo si se dan  ciertas circunstancias, entre ellas que exista un grupo profesional homogéneo con una práctica laboral retadora,  que cuenten con una dirección alineada con estos parámetros, y se consiga una dinamización excelente, podría  instalarse esta deseada nueva dinámica de aprendizaje.

3.- Medios e infraestructura
En otros tiempos, en los que los presupuestos eran expansivos,  habríamos hecho como en los años 90  con la introducción de las plataformas de eLearning y  la formación online: gastar mucho dinero en tecnología. Ahora sabemos que la tecnología no era la respuesta,  pero, en cambio,  sirvió de primera palanca estratégica para sensibilizar y abrir espacios en la organización. En esta época no contamos ya con este factor. Las grandes apuestas de transformación ahora, sí las hay, pasan por presupuestos raquíticos y siempre contando con la voluntariedad y la pasión que pongan algunos profesionales con su  conocimiento interno. Pero está gasolina  llega a dónde llega. Ahora, por ejemplo, necesitaríamos una renovación completa de las herramientas de trabajo tecnológicas,  en las que se incluyera por defecto, como ya hemos explicado otras veces,  plataformas de colaboración online, gestores documentales,  herramientas de comunicación síncrona, etc.

4- La zona de confort

Y, dejamos para el final,  el que yo creo más importante: la incomodidad que nos produce apostar por otro tipo de procedimientos de trabajo cuando, y esta es la gran paradoja, no tenemos a nadie en la puerta de los despachos que nos lo esté pidiendo con insistencia. Hay que decir que la mayoría de las veces, los proyectos de cambio y transformación nacen de la propia iniciativa de los profesionales y gestores de la formación. No vienen  ni de los usuarios,  ni de la capa directiva. De todas maneras,  no es éste un factor homogéneo, y encontramos experiencias de gran valor en muchos sitios, y  defendidas con gran pasión por altos responsables de la organización. ( En otro post explicaré una investigación que al grupo EDO y al CEJFE  nos ha aprobado la Escola d’Administració Pública de Catalunya, en la que nos proponemos  hacer un inventario exhaustivo de todas las nuevas experiencias de formación que se están produciendo en la Generalitat de Catalunya. Pero éste ya será  objeto de otro  post).

lunes, 25 de julio de 2016

Nuevas y más sofisticadas barreras para el trabajo colaborativo

"Hemos aprendido con el tiempo que debe haber espacios y metodologías para todo tipo de prácticas"

Jesús Martínez. Blog Trabajo Colaborativo.- Transcurridos más de 25 años desde la llegada de Internet al ámbito del aprendizaje y del conocimiento, se hace necesario reflexionar sobre si las expectativas que en su día se depositaron en esta nueva herramienta se han cumplido.

¿Era ajustada la creencia de que Internet vendría a ser la gran transformadora de la pedagogía y de la forma de administrar la formación? ¿Estábamos más cerca del advenimiento de nuevas maneras de trabajar y de aprender en los que la colaboración sería el elemento base?

Pasados estos años, creemos que ya podemos tener un criterio mucho más ajustado de lo que realmente ha ocurrido. En este artículo presentaremos algunas evidencias de lo que está quedando después de muchas experiencias de trabajo en red y colaborativo, y señalaremos aquellos retos ineludibles que tenemos planteados tanto formadores como aprendices para hacer más eficientes los aprendizajes (y el trabajo).

Las vamos a agrupar en seis grandes apartados. En el primero de ellos recogemos una reflexión sobre los aspectos negativos y positivos de lo que han supuesto -más diez años ya- de uso intenso de lo que se llamó la  Internet  social y de las personas. En los siguientes apartados recogemos, más específicamente, los retos y barreras que el trabajo y el aprendizaje colaborativo (mediado por Internet) supone en la Administración Pública. Los dos primeros, los más clásicos, son aquellos que se derivan de las barreras tradicionales en las organizaciones públicas: la estructura organizacional jerárquico-burocrática y la escasa modernización tecnológica de los últimos años. Los tres restantes son nuevos. A saber: la dificultad de transferir y escalar las buenas prácticas de trabajo colaborativo a toda la organización,  la dialéctica -siempre tensionada- entre dinámicas de arriba-abajo y de abajo- arriba (con el peligro que conlleva que la parte  más consolidada y tradicional de la organización acabe fagocitando a la más débil);  y, la última, la que se deriva de la dificultad de encontrar nuevas figuras técnicamente preparadas y competentes para dirigir y pilotar las nuevas experiencias de trabajo colaborativo.

1.- El Internet social 10 años después
Como afirmaba Juan Insua en 2014, diez años después del nacimiento lo que conocemos como web 2.0, ésta puede verse desde una perspectiva más crítica y compleja. Un fenómeno con dos caras sobre el que conviene seguir reflexionando, pese a la velocidad con que el desarrollo tecnológico puede convertir en obsoleta toda teoría o crítica, incluso aquellas que, sin filias ni fobias excesivas, intentan recuperar la pregunta por el sentido.
El autor intenta hacer un balance entre la cara A de la web social entendida como el gran salto evolutivo de nuestra época; y la cara B que contradice e interpela sus conquistas proyectando un cono de sombra sobre el devenir de la Red.

Nos ha parecido oportuno mencionar estos pros y contras que,  también, en los puntos sucesivos, tienen paralelismo en aspectos relacionados con el trabajo colaborativo.

CARA A: EL BIEN COMÚN
La web social favorece el acceso de los ciudadanos a la cultura, ofreciendo un modo más igualitario de concebir, producir, compartir y distribuir información y conocimiento.

Se inspira en los modelos de redes distribuidas, que, a diferencia de las redes centralizadas y descentralizadas, permiten la conexión potencial de cada nodo con todos los nodos de una red.

La web 2.0 es una vindicación de la inteligencia colectiva, supone una intensa reactivación de las prácticas comunitarias y conduce a una reformulación de los bienes y espacios comunes.

La web social permite la expansión de la crítica a los modelos económicos y políticos, ampliando la capacidad participativa de los ciudadanos.

La web social interpela la noción tradicional de auctoritas, favoreciendo la emergencia de nuevas categorías de conocimiento y la irrupción de nuevos prescriptores.

La web 2.0 promueve las prácticas expandidas. No hay ámbito que no haya sido afectado o influenciado por dinámicas más abiertas y participativas, como puede verse, por ejemplo, en el impacto de las TIC en el sistema educativo.

CARA B: LA SOMBRA DEL GRAN HERMANO
La web 2.0 ha generado una formidable operación de marketing global que favorece el poder y el enriquecimiento de las multinacionales de la comunicación y de las empresas de alta tecnología.

Es un extraordinario canal para la prosperidad de las tecnoutopías, algunas de las cuales solo parecen concebidas para y por élites tecnocráticas y cientificistas.
La web social (e Internet en general) provoca la pérdida de facultades intelectuales significativas, como la concentración, la reflexión profunda, el cultivo de la memoria y el pensamiento crítico.

Las promesas de emancipación serían nuevamente promesas incumplidas. El TU que la revista Time proclama en 2006 como personaje del año se habría convertido en un sujeto alienado proclive a la fascinación acrítica, cuya vida en sociedad depende del último gadget tecnológico.

La web social tiene su reverso en nuevas y cada vez más sofisticadas formas de control que van desde el conocimiento pormenorizado de nuestros hábitos de consumo, gustos, tendencias y aficiones, hasta la práctica impune del espionaje masivo con objetivos políticos, como cabe imaginar si llevamos al límite las consecuencias de la era post-Snowden.

La web 2.0 ha facilitado una fabulosa acumulación de datos cuya utilización y explotación comienza a ser comprendida y resistida por la ciudadanía, hasta tal punto que ya se anuncia una nueva generación de empresas de Internet cuyo modelo de negocio está orientado a la máxima privacidad, el derecho al olvido y el control de los datos personales.

2.- La organización burocrática sigue muy viva
Pese a las grandes expectativas depositadas en las últimas tendencias (optimistas)  desburocratizadoras, las cuales nos devolverían, en esta  época de transformación digital, organizaciones  más planas y  horizontales, creemos que esto no está ocurriendo a la velocidad que se esperaba. Es cierto que cada vez más hay más profesionales  que han asumido un rol de liderazgo distribuido y de influencia basado en la orientación, guía, y desarrollo del potencial de las personas de sus equipos. Y, en muchos casos, estos nuevos roles van más allá de lo esperado al tener que ejercerse dentro de estructuras tradicionales. Organizaciones no alineadas completamente con estos nuevos paradigmas hacen que el efecto dinamizador y acelerador de los nuevos planteamientos se ralentice y, en algunos casos, resulte inoperante. Además, en el caso de las organizaciones públicas se hace a costa de un considerable desgaste personal de estas figuras. Al no estar completamente blindados los cambios y la innovación en Recursos Humanos por la normativa legal, el peso de la cultura organizacional frena las nuevas iniciativas. En este sentido, la homogeneidad como factor disparador de la nueva cultura -todo el mundo está concernido y comprometido con el proyecto-, se pierde. Y, además, no nos engañemos, el peso de las rutinas cognitivas personales actúa de barrera frente a lo nuevo desincentivándolo. Y esto ocurre tanto en organizaciones públicas como en las privadas. Gary Hamel, el gran gurú del nuevo management lo explicaba recientemente, de forma muy contundente.  Decía que pese a todo, las organizaciones burocráticas no sólo no habían perdido influencia sino que iban a más. Lo representaba con este gráfico donde se señala que los puestos de trabajo de managers y directivos crecía a una mayor velocidad y proporción que el resto.
Mas burocracia Hamel

3.- La barrera tecnológica
Decididamente, la Administración Pública ha perdido la carrera por la actualización tecnológica y se ha situado al margen de los avances que están ocurriendo en otros sectores. En algunas ocasiones, es verdad, en la organización pública postcrisis, se ha invertido en aplicativos y tecnologías que podrían hacer posible, por ejemplo, administración electrónica, y el funcionamiento correcto de las unidades administrativas y de atención al usuario. Pero, también es verdad, todos tenemos, en la mayoría de los casos, la sensación de que estamos asistiendo una competición muy desigual. Los empleados tenemos aplicativos en el trabajo muy obsoletos y, por el contrario, poseemos en nuestros hogares -y en nuestros bolsillos- tecnología de última generación. La carrera, cada día más acelerada, de innovación tecnológica en todos los sectores y su uso masivo por parte de los ciudadanos, nos hacen tener expectativas tan altas que en la administración pública siempre llegaremos tarde. Descartadas las políticas BYOD solo nos queda, en algunas unidades más periféricas, plantearse recurrir a los dispositivos personales usándolos en funciones corporativas. El uso generalizado ya del whatsapp, por ejemplo, al no haber disponible una aplicación similar corporativa, es tan sólo uno de los múltiples ejemplos que podríamos poner.

4.-La difícil escalabilidad de las buenas prácticas y experiencias de trabajo colaborativo
Hace unos años, al inicio de la puesta en marcha de las primeras experiencias de trabajo colaborativo, teníamos la convicción de que, si lo hacíamos bien, y si mostrábamos claramente la eficiencia de estas nuevas propuestas y metodologías de trabajo y aprendizaje, era tan solo una cuestión de tiempo que se extendiera a toda la organización. Pensábamos que estábamos en la época de la colaboración y que la tecnología lo haría posible en una dinámica imparable. La metáfora de la mancha de aceite la solíamos usar para representar lo que sería su crecimiento y su extensión. Ahora, pasado el tiempo, las cosas no han ocurrido exactamente así. La penetración ha sido limitada y de forma muy desigual en las diferentes unidades. En algunos casos, esta extensión de la mancha de aceite colaborativa ha llegado a cotas elevadas (cercanas al 50%) en algunos colectivos, pero por un tiempo limitado. Pero, lo más habitual ha sido encontrarse con espacios de colaboración muy delimitados, en los que siempre aparecían los tres elementos que ya describiera Etienne Wenger (“grupo de personas que comparten un interés, un conjunto de problemas, o una pasión sobre un tema, y quienes profundizan su conocimiento y experiencia en el área a través de una interacción continua que fortalece sus relaciones”.) . La complejidad de la organización actual es tan grande que sería irreal y muy pretencioso plantearse una organización uniforme en que todo estuviese basado en el trabajo y aprendizaje colaborativo. Hemos aprendido con el tiempo que debe haber espacios y metodologías para todo tipo de prácticas.

5.-Fagocitacion
Hace unos años el Seymort Papert explicaba, a propósito de la introducción de la informática y los ordenadores en el sistema educativo, que se corría el peligro de que las prácticas tradicionales acabasen por restar influencia al poder disruptivo de las prácticas emergentes que posibilitaba la tecnología. Venía a decir que era una tentación real volver a hacer lo mismo, pero con tecnología.

Pasado el tiempo, todos tenemos constancia de que esta lucha aún continúa y pese a ser sabedores de ello, no se ha desterrado esta tendencia de hacer lo mismo, pero con artefactos de vanguardia.

Pues bien, podríamos estar también delante de este fenómeno en lo que se refiere al trabajo colaborativo.

Durante mucho tiempo hemos defendido que debía haber una combinación pacífica entre las diversas metodologías de trabajo colaborativo. Podían conjugarse perfectamente los grupos de trabajo colaborativo -altamente estructurados y focalizados en un objetivo determinado-, con las agrupaciones clásicas de comunidades de práctica; y éstas, a su vez, con redes más amplias y grupos de interés de características más informales, donde la colaboración pueda ser puntual y en función de los intereses de los participantes.

Pese a todo ello, con el tiempo hemos ido asistiendo a la preponderancia del primer tipo de agrupaciones. Es como si la estructura organizacional acabase por imponer unas determinadas reglas de funcionamiento también en lo colaborativo. Y que hiciesen prevalecer las directrices jerárquicas por encima de la autonomía de los participantes.

Esta tendencia, de seguir manifestándose, obligaría a replantearse la política actual de promoción del trabajo colaborativo y adoptar políticas más activas en la promoción de comunidades de práctica. Con ello evitaríamos que la lógica organizativo burocrática acabase por imponer sus reglas y hacer prevalecer sobre el resto de la organización un solo tipo de grupos. 

6.- Cuando la conexión ya no es suficiente.
Desde hace ya tiempo hemos venido señalando que uno de los factores más importantes en el éxito del trabajo colaborativo y de las comunidades de práctica, eran el e-moderador (o los dinamizadores). Es una de las condiciones necesarias para que finalice con éxito la aportación del grupo. Pese a todo, no hemos sabido desarrollar un proyecto formativo adecuado y probado para formar y preparar a los nuevos dinamizadores. La lógica inicial de la filosofía de las CoPs que afirmaba que no era bueno forzar el surgimiento de las comunidades, nos ha hecho delegar la conducción de los grupos en los líderes naturales que iban apareciendo en las protocomunidades. Con el tiempo hemos visto que podría haber un mayor grado de aceleración del trabajo colaborativo si estos agentes dispusiesen de más y mejores competencias.

En el programa Compartim ya distinguíamos entre dos roles principales del dinamizador. El de gestor de comunidad y el de dinamizador. E. Dale, por su parte lo representa de una forma mucho más compleja. En este gráfico se recogen todas las facetas posibles.

Font:  Diagram re-worked from an original by Dion Hinchcliffe

Algunas organizaciones han tenido la tentación de reciclar las figuras de docentes excelentes para reconvertirlos en e-moderadores. Se pensaba -a nuestro juicio de forma equivocada-  que, si estas figuras habían sido excelentes en su rol tradicional, podrían llegar a serlo en los nuevos. 

Creemos que es una política desacertada. El ADN del docente tradicional acaba por imponerse a la debida colegización de saberes que presupone el trabajo colaborativo. El aprendizaje entre pares presupone, en todo caso, dinamización invisible. Algo que los roles tradicionales ni se les puede exigir, ni se lo plantean.


viernes, 13 de noviembre de 2015

Trabajo colaborativo. Mejorando las organizaciones burocráticas: hacia organizaciones duales

 "El motor de los cambios importantes debe ser la convergencia de muchas personas y de diversas áreas, no solamente de unas  pocas designadas siempre"
 
Por Jesús Martínez. Blog Trabajo colaborativo.- Una de las preguntas más frecuentes que se nos hacen por parte de directivos y altos cargos de la organización, cuando les explicamos las ventajas de disponer de grupos de trabajo colaborativo en su organización, es la siguiente: ¿y estas  nuevas estructuras  de quién dependerán?, ¿cómo  encajan  en el  organigrama? Es una pregunta importante y con fundamento.
 
 Tantos años inmersos en organizaciones burocráticas, donde todo está ordenado y no hay zonas de  incertidumbre, pasan factura. Y además, por qué no decirlo, una organización clásica, basada en organigrama y jerarquía, reportan ventajas que no son menores. Citamos a continuaciones algunas de las ideas que J.P. Kotter aporta en su obra Acelerar:
  • Una organización jerarquía bien diseñada nos permite distribuir el trabajo por departamentos, divisiones de producto y territorios donde se desarrolla y cultiva una experiencia sólida; donde se inventan y utilizan procedimientos que pasan la prueba del tiempo, y dónde hay una relación es clara de dependencia y responsabilidad.
  • Los procesos gerenciales basados en jerarquía orientan y coordinan a grandes grupos de empleados para que estos hagan lo que saben hacer de forma más óptima.
  • RedarquiaY concluye el autor: las organizaciones jerárquicas son una de las innovaciones más notable del siglo XX y todavía son absolutamente necesarias para hacer que las organizaciones funcionen.
Con lo cual, la conclusión que desliza el autor mencionado viene a ser ésta: podemos hacer un encaje feliz de la nueva estructura- red en   el  organigrama clásico. Tendremos, entonces, organizaciones duales.

Las organizaciones duales
Siempre, en el programa Compartim,  nos ha resultado inspirador para mejorar la implantación de las comunidades de práctica y del trabajo colaborativo en las organizaciones burocráticas, el concepto de organizaciones duales. Hace unos meses tuvimos la oportunidad de escuchar a José Cabrera en una de las sesiones d’Espais de Gestió del  Coneixement,  en la que nos hablaba de la necesidad de un nuevo equilibrio en las  organizaciones. Lo presentaba brevemente con este esquema.
 

También, en esta línea,   en otra de las acciones formativas del ciclo Espais , Cristian Figueroa, presentaba el concepto de organizaciones caórdicas.  
 
Las definía como  aquellas que buscan un equilibrio creativo y productivo entre zonas de caos y desorden y zonas muy pautadas y ordenadas. Se  ilustra  de esta manera:

CaosPues bien, siguiendo el hilo argumental de estos dos autores encuentro nuevas ideas poderosas en el libro Acelerar de John Paul Kotter (es el autor del best seller mundial Liderando el cambio  y   profesor de la Harvard Business School )

 Algunos de los argumentos que recoge el autor para defender la bondad de esta fusión organizativa son los siguientes:

– La solución no está en deshacernos de lo que sabemos y comenzar de cero, sino en reintroducir de manera natural un segundo sistema: un sistema que resulte conocido a la mayoría de las personas. El nuevo sistema añade la agilidad y la velocidad necesarias, mientras que el viejo, que no ha de dejar de  funcionar, brinda la confiabilidad y la eficiencia.

– No podemos obviar las exigencias diarias de la gestión de una empresa, para las cuales las jerarquías tradicionales y los procesos administrativos todavía sirven.

– Prácticamente todas las organizaciones exitosas pasan por un ciclo de vida muy parecido: comienzan con una estructura tipo red para luego organizarse y conformar organigramas.

– Con el tiempo, una organización evoluciona través de una serie de etapas hasta convertirse en una empresa estructurada jerárquicamente, enfocada en procesos administrativos bien conocidos: planificación, definición del presupuesto, definición de cargos, contratación de personal, medición y resolución de problemas, etc.

– La solución que he visto funcionar admirablemente bien es la implementación de un segundo sistema organizado en forma de red, como una  especie de sistema añadido con el objetivo de hacerles encargos que impliquen  agilidad y velocidad. Se trata de un complemento poderoso más que de una nueva carga para la jerarquía.

-No es cuestión de “uno  o lo otro, es cuestión de ambas cosas: dos sistemas que operan al unísono. Un sistema operativo dual. ¿Cómo ópera en la práctica una organización dual?
 
Nos sigue diciendo:
– En el  sistema dual, la red más que en la gestión, se enfoca en liderar  las iniciativas para aprovechar las mejores oportunidades que se presentan. En cambio,  la parte burocrática se encarga de la gestión de oficio de la organización.

 El autor, ya para acabar de explicar cómo se ponen en marcha este tipo de organizaciones duales,  señala una serie de principios y una serie de aceleradores que la conforman.
 
 Los principios son los siguientes:
  • El motor de los cambios importantes debe ser la convergencia de muchas personas y de diversas áreas, no solamente de unas  pocas designadas siempre
  • Una mentalidad de llegar y no de tener.
  • Acciones de la cabeza y el corazón, no solo desde la cabeza.
  • Mucho más liderazgo y no solo gestión.
  • Una alianza inseparable entre la jerarquía y la red, no solamente una jerarquía mejorada.
Los aceleradores son los siguientes:
  1. Crear una sensación de urgencia alrededor de una gran oportunidad
  2. Construir y desarrollar una coalición orientadora (una red específica que se  que se encargue de este tipo de proyectos  que requieren más flexibilidad ).
  3. Formar una visión de cambio y de iniciativas estratégicas.
  4. Reclutar un ejército de voluntarios.
  5. Permitir la acción eliminando barreras.
  6. General y celebrar los triunfos a corto plazo.
  7. Sostener la aceleración.
  8. Instituir el cambio.
Pues bien, leyendo esta contribución de Kotter, creemos que lo que estamos  haciendo en el programa Compartim, al mantener 20 grupos  estables de trabajo colaborativo en una organización burocrática, nos obliga a reflexionar sobre cuales  están siendo las claves de su sostenibilidad y si se corresponden con las variables  que señalan los autores que hemos  mencionado: Cabrera, Figueroa y Kotter. Lo vemos en una  futura segunda parte.