Innovar como excusa
Me he tirado un montón de años
escuchando un mantra tradicional en el mundillo de la
innovación: “fracasar no importa”. Realmente creo que el sentido de la
frase es que el fracaso no debe detener una iniciativa de seguir adelante hasta
lograrlo, pero muy habitualmente lo he escuchado como “si la cagas, no pasa
nada”.
Este es un término que siempre me ha
molestado por dos motivos. En primer lugar, porque, sobre todo en la
esfera pública, una cagada tiene efectos sobre la sociedad que no está
concurriendo en un mercado. Si un sistema de becas “innovando” fracasa, lo
que se daña no es el ego de la persona que lo lleva, sino las oportunidades de
las personas que necesitan esa beca para estudiar. Por otro lado, más de una y
más de dos veces he escuchado el subterfugio de “es que estábamos
innovando” para explicar un problema que posiblemente no estuviera vinculado
con la innovación, sino con hacer las cosas con poca atención, interés o
planificación.
Cuando pasa esto, salen dañadas
la innovación, el servicio público y la sociedad. Por un lado, las
personas que sufren un servicio deficiente, acaban molestas y pierden
confianza en la administración. El servicio público también está
afectado, no solo porque los errores al final hay que resolverlos (doble
de trabajo), sino porque, además, a nadie le gusta el sentimiento de que algo
salga mal. Finalmente, la innovación sale perdiendo, porque bastante
complicado es hacer algo nuevo en la administración como para caerse con todo
el equipo: la siguiente vez que se quiere hacer algo nuevo, costará el
doble conseguir apoyos para lograr el cambio.
La innovación es una exigencia
Innovar cuenta con la exigencia de hacer
las cosas bien porque el margen de tolerancia al error en las instituciones es
menor cuando es algo nuevo. Si algo falla porque ha fallado siempre, es que la
cosa es así, pero si algo falla porque es nuevo, como bien decía
Maquiavelo, es que la gente se flipa y no tiene expectativas realistas.
Antes de iniciar cualquier tipo de
innovación, conviene valorar que la innovación requiere un mínimo de
condiciones para iniciarse. Es necesario establecer qué es lo mínimo necesario
para que funcione (lo que en diseño se llama Minimo Producto Viable)
y definir las condiciones que debe reunir para cubrir esa viabilidad. Esto no
es solo la meta que debe definir si una innovación debe
lanzarse o no (si se puede esperar que razonablemente se puedan alcanzar) sino
los puntos en los que hay que poner más atención. Si no se
puede garantizar esas condiciones con un mínimo de certeza, es mejor
frenar antes de ponerla a disposición del público que generar algo que
no pueda satisfacer lo necesario para satisfacer a la organización y al público
Esto no significa que no puedan salir
las cosas mal: evidentemente, cuando algo se hace por primera vez,
muchas cosas salen mal. Sin embargo, la innovación no puede ser la excusa,
porque entonces, la mejor manera para evitar errores sería no innovar. Los
errores suelen venir de cuestiones relacionadas con mala planificación, falta
de control de variables o porque surgen nuevos problemas. En todo caso, la
explicación no debería ser la innovación, sino el análisis de las causas.
Esto, evidentemente, supone un alto
nivel de concentración y esfuerzo por parte de la organización, y, por lo
tanto, limita la cantidad de innovaciones que se pueden abordar a la vez.
Otro enfoque diferente: innovar como los
lemmings
Esto no quita que haya otros enfoques
para abordar la innovacion. Una opción diferente sería la de emprender
diferentes proyectos a la vez asumiendo que no todos ellos tendrán un resultado
satisfactorio, pero algunos si. Es un poco como la estrategia de los
lemmings (el animal, no el videojuego) o de los ñus en sus migraciones. Por si
solos el éxito es poco probable, pero probabilísticamente, alguno de estos
individuos, y en nuestro caso, alguna de estos intentos de innovación pueden
tener éxito.
Lemmings recibiendo el briefing del
próximo proyecto innovador en el que se espera que sean parte activa.
Esta es una estrategia que,
personalmente, nunca me ha gustado: cada fracaso deslegitima los intentos de
nuevas iniciativas y, para alguien un poco obsesivo como es mi caso, limita el
control sobre cada iniciativa. Es probable que en organizaciones con pequeños
equipos autónomos puedan trabajar en iniciativas independientes.
Ñus haciendo literalmente un postmortem
después de que su proyecto innovador no cubiera los objetivos esperados
Este enfoque, en todo caso, debería
partir de un planteamiento de iniciativas de menor tamaño por puro coste de
oportunidad (cuantas más acciones, menos recursos se puede dedicar a cada una).
Por otro lado, asigna una mayor responsabilidad a cada uno de esos pequeños
equipos y asumir que una parte importante de ellos no obtendrán resultados
satisfactorios (idealmente, no deberían, como en el caso interior, salir
adelante sin un mínimo de garantías).
No obstante, este enfoque si tiene un
punto que me resulta especialmente atractivo: la innovación tiene un
componente no lineal, y no necesariamente continuo que se beneficia de
experiencias que en su momento no triunfan. Dicho de otra manera, lo que
hoy es un fracaso, puede sembrar la semilla o el aprendizaje para cambios a
futuro.
Ambos enfoques son explicativos
del modelo de innovación de Android y
el de Apple que explicaba en algunas clases. Mientras Android
tiene un modelo altamente descentralizado de laboratorios que generan
resultados desiguales y no siempre cohesionados, es el ecosistema más amplio y
dinámico a la hora de incorporar cambios. El modelo de Apple, mucho más
planificado y centralizado ofrece una enorme solidez y una gran solvencia,
garantizando experiencia de usuario difícilmente igualable. El problema es que,
quizá, si no se enfoca claramente la línea de acción, la apuesta absorbe tantos
recursos que, si es fallida, bloquea el cambio en la empresa, tal y como ha
sucedido con la asimilación de la IA en el iPhone.
En todo caso, en el mundo de la
innovación siempre hay incertidumbres y, saber lo que es un acierto y más
adecuado es complicado a priori. En todo caso, si tienes un proyecto innovador
de servicios públicos, echa la culpa a la lluvia, al sol, al tiempo libre, al
boogie, pero no a que estáis probando algo nuevo. A nadie le gusta ser el
conejillo de indias.