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viernes, 8 de diciembre de 2023

Adela Cortina en El País: ¿Mayoría progresista?

 No es lo mismo democracia deliberativa que democracia agregativa. Un Gobierno no tiene derecho a excluir del diálogo a una parte de la población y menos a construir un muro frente a ella

Revista de prensa. El País. Adela Cortina*. Cuando Pedro Sánchez se dirigió al jefe del Estado español, el rey Felipe VI, asegurando que contaba con la mayoría necesaria para presentar su candidatura a la presidencia del Gobierno con probabilidad de éxito, la calificó con un adjetivo que parecía contener la razón contundente por la que no solo era suficiente desde el punto de vista cuantitativo, sino también inapelable desde el cualitativo: era una mayoría progresista. Ese ha venido siendo el mantra repetido hasta la saciedad, el argumento al parecer irrefutable para el triunfo.

Como algunas teorías del lenguaje aseguran que no puede asignarse a los términos un significado preciso, sino que el hablante debe utilizarlos teniendo en cuenta el efecto que van a causar en el público al que se dirige, de modo que vaya a crear adhesiones, nos encontramos entonces con términos vacíos, con lo que siempre se llamó flatus vocis. Pero este proceder manipulador, tan viejo como la mala retórica, no es progresista, sino retrógrado. Por eso es necesario aclarar qué es lo progresista en asuntos esenciales de la vida compartida, por ejemplo, si es progresista optar por un modelo agregativo de democracia, como se está haciendo, o si esa opción es reaccionaria.

En efecto, en los años noventa del siglo pasado se produjo lo que dio en llamarse “el giro deliberativo de la democracia”, que defendieron un buen número de autores, a los que se consideró por ello progresistas. Entendían que la democracia es el gobierno del pueblo y que se expresa a través de la regla de la mayoría, pero también que el modo de llegar a esa mayoría es esencial. Y en ese punto se enfrentaban sobre todo a los partidarios de la democracia agregativa, quienes consideraban que el individualismo es insuperable, que los individuos no construyen sus intereses socialmente, sino que ya los tienen y no pueden modificarlos a través del diálogo y la deliberación para intentar forjar una voluntad común. Por tanto, el único modo de alcanzar una mayoría consistiría, según ellos, en sumar, en agregar los intereses individuales a través de votaciones, sin molestarse en intentar entablar diálogos que permitieran generar acuerdos. Esta era la propuesta de un neoliberalismo trasnochado, convencido de que es imposible ir más allá de lo que Rousseau entendía como “voluntad de todos”, que es a la que se llega cuando cada quien persigue su propio interés, mientras que la voluntad general, clave para la democracia, es aquella en que los ciudadanos toman sus opciones buscando el bien común y no solo su propio bien. Desde esta perspectiva, no intentar el diálogo sería regresivo; la votación sería el fracaso de la deliberación.

Naturalmente, unas décadas más tarde estas afirmaciones parecen infantiles, y más aún en países como el nuestro. El Gobierno no tiene el menor interés en generar una voluntad común, hasta el punto de que el presidente ha dicho que el objetivo de la legislatura es construir un muro frente a un conjunto de españoles, a los que excluye como posibles interlocutores. Esos interlocutores representan a la mayor parte del país, como mostraron las últimas elecciones, pero ni siquiera es eso lo más importante. Lo peor es excluir a priori del diálogo a una parte sustancial del pueblo para tener las manos libres y comprar las voluntades particulares del número de grupos imprescindible para continuar gobernando, caiga quien caiga, pactando bilateralmente con unos y otros; diseñando acuerdos secretos que ya respaldará un Parlamento formado por aquellos que han vendido su voto, porque son las propuestas que ellos mismos han redactado a espaldas del resto.

El riesgo que se intenta eludir es bien claro: ¿y si hablando abiertamente con esos grupos vetados por definición resulta ser que hay más acuerdo del que al Gobierno le conviene para seguir en el poder? ¿Y si la ciudadanía española es mayoritariamente de centro, se siente identificada con su país y con su comunidad autónoma y está dispuesta a intentar descubrir acuerdos básicos que le permitan construir la vida juntos, dentro del marco de un Estado de derecho, con separación de poderes, que es una conquista de progreso irrenunciable?

Siempre los autócratas han encontrado una añagaza para cortar el diálogo con una parte de los interlocutores potenciales: son judíos, son palestinos con Hamás infiltrado, son ucranios nazis. Pero un Gobierno no tiene ningún derecho a excluir del diálogo a una parte de la población, menos aún a construir un muro frente a ella. Eso es aporofobia en estado puro: tener en cuenta solo a los que pueden dar votos a cambio de prebendas. Porque la aporofobia, el rechazo al pobre, no se refiere solo al que no tiene dinero, sino también al que no puede dar a cambio votos ni favores. Por eso interesan aquellos que tienen con qué intercambiar sus exigencias, y en esto los partidos y los grupos que hoy por hoy representan a las comunidades autónomas más poderosas llevan las de ganar. Los partidos y los grupos de poder, no la gente de a pie. Las consecuencias son inevitables: ciudadanía de primera y de segunda, según la región. La quiebra de la igualdad y la solidaridad, que siempre fueron los valores del progreso, junto a la libertad.

Hasta el punto de que se exige no “judicializar” los asuntos, cuando la figura del juez ha significado el paso del estado de naturaleza, de lucha de todos contra todos, al Estado de derecho, en que las contiendas no se dirimen mediante la guerra, sino mediante la ley. Eludirlo es un retroceso de siglos, la vuelta al mundo de la fuerza, que puede convertirse en guerra abierta o en violencia encubierta. En ella siempre salen perdiendo los más débiles.

Una ley de amnistía es injusta, entre otras razones, porque para que no lo fuera debería extenderse a cuantos han delinquido y no tienen la fuerza suficiente para obligar a borrar el delito. No hay equidad entonces, y eso es letal para un país.

En el fondo, tal vez la imposibilidad de una democracia deliberativa consista en que para ponerla en marcha y mantenerla hay que entender y sentir la sociedad política como un modelo de cooperación, como “un sistema equitativo de cooperación a lo largo del tiempo, desde una generación hasta la siguiente”, como decía John Rawls. No un modus vivendi, sino un sistema de cooperación, en que todos deben conseguir ventajas de forma equitativa.

Pero cuando se toma la comunidad política como un lugar del que sacar provecho individual o grupal, polarizando las posiciones para ganar poder, aunque con ello se consiga que la ciudadanía ni siquiera se atreva a expresar sus opiniones en la vida amistosa y familiar por miedo a que se produzcan disensiones violentas, entonces se han destrozado la democracia y la más elemental amistad cívica.

Ojalá que la mayoría verdaderamente progresista, la que defiende el espíritu de concordia de la Transición, tanto desde la sociedad civil como desde el compromiso político, sea capaz de desactivar la apuesta por el frentismo y de propiciar la cooperación equitativa. Que no anula las discrepancias, por supuesto, pero las articula en el marco de un Estado social y democrático de derecho, que es a fin de cuentas un Estado de justicia.

*Adela Cortina es catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y directora de la Fundación ÉTNOR.

lunes, 25 de octubre de 2021

Altos cargos: doble de hombres que de mujeres

A 30 de junio había 740 en activo (sin contar los de entidades autonómicas y locales), la cifra más alta de los últimos años. De ellos, 243 son mujeres y 497, más del doble, hombres.

Por EVA BELMONTE, ANTONIO HERNÁNDEZ y MIGUEL ÁNGEL GAVILANES . Fundación Civio.- Fue un paso adelante y así se contó: en 2018 Pedro Sánchez creó el primer Consejo de Ministros con más mujeres que hombres. Tras la remodelación del pasado verano, el balance está 14 a 8 a favor de las ministras. Pero, al bajar niveles y rascar más allá de esa foto oficial, la cosa cambia. De los 740 altos cargos estatales en activo a 31 de junio, solo 243, un 33%, son mujeres. Así, en términos globales, y contando todos aquellos obligados a rendir cuentas ante la Oficina de Conflictos de Intereses (OCI), la “presencia equilibrada” de hombres y mujeres de la Ley de Igualdad no se cumple, esto es, que haya un máximo del 60% y un mínimo del 40% para cada uno de los dos géneros o, lo que es lo mismo, centrándonos en el incumplimiento más habitual: no puede haber más de un 60% de hombres. Y a esa fecha, cuando se cerró el último balance oficial, suponían un 67%.

Eso sí, hemos estado peor. De hecho, desde 2015 el porcentaje de mujeres ha ido creciendo. El peor dato se dio a finales de 2015 y a mediados de 2016, ambos en época de Rajoy, cuando las mujeres no alcanzaban ni el 22% del total. Y el paso al Gobierno de Sánchez se notó: entre mayo y diciembre de 2018 las mujeres pasaron del 23 al 30%. Aunque seguía sin ser suficiente.

Evolución de la brecha de género en los altos cargos

La Ley de Igualdad establece que los poderes públicos “procurarán atender al principio de presencia equilibrada de mujeres y hombres en los nombramientos y designaciones de los cargos de responsabilidad que les correspondan”. Algunos de esos 740 altos cargos no han sido nombrados directamente por el Gobierno -como pasa, por ejemplo, con los de la Casa Real- y, por lo tanto, no es su responsabilidad directa. Pero una abrumadora mayoría sí salen directamente de las decisiones que toma el Ejecutivo.

De hecho, si solamente nos fijamos en los ministerios y obviamos otros organismos como el Consejo de Seguridad Nacional o la Casa del Rey, las cifras no mejoran mucho: de ese 33 pasamos a apenas un 34% de mujeres.

Barreras a la transparencia

Los datos de este reportaje salen de los informes de altos cargos que publica la Oficina de Conflicto de Interés, que no incluyen organismos autonómicos y locales pero sí todos los estatales, incluso algunos que nombran a sus propios trabajadores, como la Casa Real. De ahí, hemos extraído los altos cargos en activo a cada cierre de informe. Y nos hemos encontrado con algo curioso: todos están en formatos que permitían copiar los nombres menos los de 2020, cuando se dio marcha atrás y se empezaron a publicar pdf escaneados, dificultando mucho su tratamiento. No es la única barrera a la transparencia. De hecho, lo que se publica de las declaraciones de estos altos cargos es solo un resumen.

Además, la norma añade que el Gobierno atenderá al principio de “presencia equilibrada” -ese 60/40- en la administración general del Estado y los organismos públicos o dependientes de ella “considerados en su conjunto”. Algo que, si atendemos a los datos de la propia OCI, no se cumple.

Pero si vamos más allá de la cifra global hay organismos en los que la situación es mucho peor. Dejando fuera por razones obvias aquellos con un solo alto cargo, la Casa del Rey es el farolillo rojo: diez hombres y solo una mujer, la interventora.

También encontramos suspensos en los organismos dependientes directamente de Moncloa. De hecho, hace solo unos días, Pedro Sánchez vació de mujeres el núcleo duro de Moncloa. Solo once de los 23 ministerios cumplía a finales de junio ese 60/40 mínimo. Dos de ellos, Sanidad y Universidades, lo hacen exactamente al 50%. Y otros dos, Interior e Industria, Comercio y Turismo, cumplen la regla por la mínima, están en el 60/40.

Porcentaje de mujeres y hombres en los organismos al cierre de cada semestre

Otros dos ministerios, Igualdad y Justicia, tienen más de un 60% de un solo género pero, eso sí, en su caso esa mayoría es de mujeres. El incumplimiento más habitual no sorprende: diez ministerios tienen más de un 60% de hombres entre sus altos cargos. El menos paritario en este sentido es Defensa, con un 89% de hombres o, lo que es lo mismo, 41 altos cargos varones frente a cinco mujeres, entre ellas la propia ministra. Le sigue Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, con 73 hombres (un 85%) frente a 13 mujeres (un 15%).

Récord en el número de altos cargos

El 30 de junio, solo unos días antes de la remodelación del Gobierno y el tradicional meneo en cadena de ministros, secretarios de estado, directores generales y jefes de gabinete, la Oficina de Conflictos de Intereses cerraba su informe semestral, el que da cuenta de quiénes son los altos cargos obligados a presentar declaraciones de actividades y bienes en los organismos públicos estatales y que supone la base de este reportaje. Había 740 altos cargos en activo, una cifra récord. Y, ¿cuándo hubo menos altos cargos? En junio de 2016, con el gobierno en funciones de Rajoy en La Moncloa, cuando eran 641.

Desde el 30 de junio de 2015, fecha de cierre del primero de esos documentos, más de 1.600 personas han pasado por esos sillones.

El bloque más importante de esos 740 altos cargos en activo a 30 de junio de 2021 está en Exteriores, incluyendo sus 121 embajadores. Le sigue el Ministerio de Transportes, inflado gracias a sus 28 presidentes y otros tantos directores de las autoridades portuarias, unos organismos liderados por personas vinculadas a los partidos políticos y donde escasean los perfiles técnicos.

No todos los altos cargos se ven afectados por los meneos de ministros. Ni siquiera por los cambios de gobierno. De hecho, 103 de las personas nombradas desde junio de 2015 permanecen en algún puesto a día de hoy, sin interrupciones. Gobierne quien gobierne. Entre ellos, por ejemplo, el director del Boletín Oficial del Estado (BOE).

miércoles, 26 de junio de 2019

Por qué esta vez España va en serio en la UE

"Una vez que se aseguró la financiación de la UE para las infraestructuras que tanto se necesitaban (España apenas tenía autopistas) y la protección de las zonas rurales, los políticos españoles centraron su agenda exterior en otra parte"

Por Miguel Otero Iglesias e Ignacio Molina. Agenda Pública blog.- Los días en que España desempeñaba un papel secundario en Bruselas están llegando a su fin. Madrid tiene una gran oportunidad para dar forma a las políticas de la UE en los próximos cinco años. Italia y Polonia (por no hablar del Reino Unido, que se está desgarrando por el Brexit) son débiles. El Benelux, y especialmente los Países Bajos, ha perdido su entusiasmo por una Unión cada vez más estrecha. Y la alianza franco-alemana está buscando nuevos socios que aboguen por una mayor cooperación en materia de defensa, migración y el futuro del euro.

Afortunadamente, ese socio está cerca. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se ha convertido en el líder de facto de la socialdemocracia europea, la segunda familia política más numerosa tanto en el Consejo Europeo como en el Parlamento. En el momento en que la UE se embarca en otra legislatura, todo indica que ha aprendido de los errores de sus predecesores y que está decidido a dejar su impronta en el proyecto europeo.

Durante demasiados años, España ha actuado en Bruselas por debajo de su potencial. Esta dinámica se inició en los años 80, cuando el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, introdujo a España en el club europeo acordando que Madrid abriría el mercado español a las grandes empresas de sus vecinos del norte a cambio de un esquema que compensaría a los perdedores de este proceso. Marcó el comienzo de los fondos estructurales y de cohesión de la UE, un gran logro, pero también una maldición.

Una vez que se aseguró la financiación de la UE para las infraestructuras que tanto se necesitaban (España apenas tenía autopistas) y la protección de las zonas rurales, los políticos españoles centraron su agenda exterior en otra parte. Nuestro país se convirtió en un actor reactivo en los asuntos de la UE. Su postura pro-europea le permitía estar siempre a favor de una mayor integración, pero sus objetivos se limitaban a seguir el camino trazado por Berlín y París.

El precio de la pasividad
Este papel pasivo tuvo un precio. Como consecuencia de la crisis de la deuda, España perdió influencia, mientras que otros (Italia y Polonia, pero también pequeños estados miembros como Finlandia, Irlanda y Portugal) empezaron a ocupar más espacio. Sorprendentemente, España incluso perdió su posición permanente en el Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo.

España aprendió por las malas que la debilidad interna la debilitaba a nivel europeo. Y descubrió que ésta es una vía de doble sentido. Si usted es débil en Bruselas, la unidad nacional también sufrirá. El movimiento secesionista catalán es un buen ejemplo de ello.

Más que ningún otro líder español antes que él, Sánchez parece comprender las implicaciones de esta dinámica y, gracias a su conocimiento del funcionamiento de la UE, tiene un plan para romper el círculo vicioso. Su interés por el continente se refleja en su equipo europeo: su ministra de Economía, Nadia Calviño, fue directora general de la Comisión Europea; su ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, fue presidente del Parlamento Europeo; y Luis Planas, su ministro de Agricultura, fue el representante permanente de España en Bruselas. Otros altos cargos son firmes europeístas que entienden el funcionamiento de la maquinaria de la UE.

Por supuesto, los socialistas españoles no están en una posición fácil a nivel nacional: van a tener un Gobierno minoritario y la controvertida cuestión del empuje independentista de Cataluña no desaparecerá en un futuro próximo. Sánchez también se enfrentará a fuertes críticas por llegar a acuerdos con los partidos de izquierda radical e independentista para aprobar ciertas leyes y el Presupuesto.

Sin embargo, lo que le dará al presidente influencia en el escenario europeo es un fuerte consenso pro-europeo entre los españoles. El partido euroescéptico del país, Vox, sufrió una gran derrota en las elecciones europeas del mes pasado con sólo un 6,2% de apoyo, muy por debajo del 34% que el líder de extrema derecha Matteo Salvini obtuvo en Italia o del 30% del jefe del partido del Brexit, Nigel Farage.

Parece que la marea ha cambiado en España. Tanto los actores gubernamentales como los no gubernamentales están decididos a aumentar la influencia del país en los Veintisiete. De hecho, España está empezando a hacer algo que otros ya han descubierto hace tiempo: está construyendo su propia red en la capital europea. Los funcionarios españoles de las instituciones se reúnen periódicamente para compartir y coordinar sus posiciones. También han empezado a consultar sistemáticamente con sus homólogos del Gobierno español, diputados al Parlamento Europeo y empresas multinacionales españolas.

Madrid también está aprendiendo finalmente a practicar el juego de la UE cuando se trata de hacer lobby, a pesar de que la palabra tiene fuertes connotaciones negativas en España. Esto es especialmente importante ahora que parece que Madrid se convertirá en un contribuyente neto al Presupuesto de la UE.

Todas las señales apuntan en la dirección de que España no sólo estará dando forma a la política del bloque, con nombramientos en puestos clave de toma de decisiones de la UE, sino que también trazará el camino cuando se trate de política.

El sherpa de Sánchez, José Manuel Albares, ha dado a conocer recientemente la agenda estratégica de España para la próxima Comisión, que destacan 10 prioridades clave: completar la Unión Monetaria Europea, reforzar las políticas sociales, diseñar una política industrial, profundizar en el mercado único, desarrollar un nuevo acuerdo ecológico, apoyar a las pymes y a las zonas rurales, invertir más en alta tecnología, gestionar de forma inteligente los flujos migratorios, que la UE desempeñe un papel más importante a escala mundial, aumentar el Presupuesto de la UE y lograr una mayor armonización fiscal.

Aquí, por supuesto, la cooperación con Alemania y Francia será crucial, pero España también tendrá que encontrar aliados clave entre los estados miembros más pequeños. No tiene nada que ganar si se convierte en una tercera rueda en el eje franco-alemán.

Su objetivo debiera ser crear su propia agenda y desarrollar relaciones en toda la Unión, incluyendo la Comisión Europea y los socios del sur, que constituyen el 40% de la población total de la UE, pero que no tienen suficiente influencia en los pasillos del poder.

Estos países están institucionalizando una asociación para promover las preferencias mediterráneas y contrarrestar otras alianzas regionales como Visegrado o la Liga Hanseática. Mientras que el sur finalmente comienza a organizarse para impulsar su agenda en la UE, España está lista para emerger como su líder.

(Este artículo se publicó originalmente en inglés en ‘Politico Europe’ con el título «The south (of Europe) will rise again». Lo ha traducido Guillermo Sánchez-Herrero)

jueves, 21 de marzo de 2019

Solo cinco de los 17 ministerios de Pedro Sánchez identifican a todos sus asesores

En 2015, el Gobierno de Mariano Rajoy publicó por primera vez los nombres de todo su personal eventual. Fue también la última: ningún Gobierno tuvo la iniciativa de dar sus nombres, solo accesibles gracias a solicitudes de información pública.

Tanto el departamento del presidente como Interior y Defensa han ignorado las resoluciones del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG) que les instan a entregar esta información.


Otra noticia relacionada en  El País. El patrimonio y la deuda de los últimos cargos de Pedro Sánchez, según el BOE. 64 de los designados y cesados en el segundo semestre de 2018 tienen más de un millón de euros en bienes

MIGUEL ÁNGEL GAVILANES.  Civio.es.- Marcha atrás en transparencia. Ni Presidencia del Gobierno ni 12 de los 17 ministerios actuales han entregado los nombres de todos sus eventuales: o dieron una respuesta parcial o ni siquiera respondieron. Este tipo de personal, a diferencia de los funcionarios que deben demostrar sus méritos o capacidad en un concurso público, es contratado por los altos cargos de forma discrecional -a dedo-  para funciones de asesoramiento o especial confianza. Entre los peores casos están los ministerios de Interior y de Defensa, dirigidos por dos magistrados, Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles, que no dieron respuesta a la petición de Civio.

Presidencia del Gobierno, que depende de forma directa de Pedro Sánchez, es otro de los peores casos: además de que respondió en diciembre a la pregunta que Civio registró en agosto, varios meses fuera del plazo que impone la Ley de Transparencia, solo da un número de personas contratadas como asesores, pero sin identificar a ninguno de ellos. Tanto el departamento del presidente como Interior y Defensa han ignorado las resoluciones del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG) que les instan a entregar esta información.

La mayoría de carteras han limitado la identificación de su personal eventual a sus asesores de niveles 28, 29 y 30, los de mayor rango. Ministerios como los de Justicia, Hacienda, Transición Ecológica, Educación, Economía o Ciencia, entre otros, han seguido esta limitación. Otros, como los departamentos de Fomento o Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, dirigidos por José Luis Ábalos y Carmen Calvo, han aceptado la oposición de los asesores que no quisieron que su nombre fuera público, pero sin razonar por qué prima el interés a su privacidad frente al interés público. Solo Asuntos Exteriores, Industria, Trabajo, Sanidad y Política Territorial y Función Pública han identificado sin matices a sus asesores.

El primer listado que se publicó, el de 2015, identificó a los asesores que trabajaron en el Gobierno durante 2012 y 2013. Pero fue también el último, ya que el Gobierno de Rajoy no volvió a publicar esta información durante los siguientes años. Aún así, gracias a solicitudes de información, Civio pudo actualizar los ejercicios siguientes. Y las trabas que presentaron algunos ministerios fueron resueltas por el Consejo de Transparencia, que entonces recalcó la necesidad de conocer quiénes acceden a puestos de trabajo público a los que se accede de forma discrecional.

Retroceso del Consejo de Transparencia
Pero si la interpretación del Derecho a Saber del Gobierno ha sido más restrictiva, también lo han sido las respuestas del Consejo de Transparenciaa las reclamaciones de Civio. Bajo la égida de la primera presidenta del Consejo, Esther Arizmendi, sus resoluciones (dos ejemplos, aquí y aquí) dejaban claro que “prima el interés público sobre los derechos a la intimidad o la protección de datos de carácter personal” en aquellos casos “en los que un puesto se provea mediante un procedimiento basado en la discrecionalidad”. En sus últimas resoluciones, el Consejo de Transparencia añade un nuevo límite: ahora ve con buenos ojos que se oculten los nombres de los asesores con un nivel inferior al 28.

Diferencias en el tratamiento
La Unidad de Información Central (UIC), que coordina la acción de transparencia de la Administración General del Estado, recomendó a los ministerios que limitaran la identificación a los eventuales de niveles 28, 29 y 30, los de mayor rango. Uno de los que no acataron estas recomendaciones fue el Ministerio de Política Territorial y Función Pública, de quien depende esta unidad. El departamento que dirige Meritxell Batet no quiso dar explicaciones al respecto.

“No hemos cambiado de criterio”, defiende Esperanza Zambrano, subdirectora de reclamaciones del CTBG. “Se evalúa una doble premisa en el caso del personal eventual: la adquisición del puesto de trabajo con carácter discrecional pero también que esa persona ocupe puestos de relevancia en el proceso de toma de decisiones”, argumenta. Y recalca que su posición se basa en su primer criterio interpretativo, acordado con la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). Sin embargo, en ese mismo texto, la doble premisa solo se pide de forma expresa para el personal no directivo de libre designación, una figura diferente a la de los eventuales. “La existencia de trabajadores eventuales de nivel inferior a 28 es residual”, justifica la subdirectora del Consejo de Transparencia.

Pero además, en una de sus resoluciones, el CTBG avala que la administración omita la información del “personal eventual que no ocupa puestos de asesoramiento o especial confianza”. A este respecto, la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público es clara: estos trabajadores solo pueden realizar funciones de confianza y no otras. No es la primera vez que se utiliza este argumento para limitar la identificación de los asesores públicos: el Tribunal de Cuentas ya dijo que la mayoría de sus eventuales realizan “funciones equiparables a las de los auxiliares administrativos, sin poder ser asimilados a puestos de asesoramiento y especial confianza” para denegar esta información. Según Nuria Garrido, catedrática de Derecho Administrativo de la Universidad de Castilla-La Mancha y coautora de Las funciones del personal en la jurisprudencia, la contratación de trabajadores como eventuales para tareas diferentes a las de asesoramiento o especial confianza supondría una ilegalidad.

Fichajes de partido
Entre los expertos y periodistas identificados por el Gobierno en sus respuestas a Civio, también hay un buen número de personas con una estrecha relación con el Partido Socialista. Por ejemplo, en el gabinete del Secretario de Estado de Política Territorial, José Ignacio Sánchez Amor –socialista extremeño–, trabajan Miryam Álvarez Páez, como directora, que ha sido diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid, concejala socialista en el Ayuntamiento de Las Rozas y fue directora de gabinete del presidente del Congreso de la anterior legislatura, Patxi López; María Paloma Muñiz de Urquiza, asesora de los socialistas en Bruselas entre 1995 y 2009 y eurodiputada hasta 2014, cuando no consiguió escaño; y Miguel Herraiz Montero, quien fue asesor del grupo socialista del Congreso de los Diputados durante 14 años.

En la mayoría de ministerios hay algún asesor vinculado al partido socialista: en Exteriores, Gabriel Colomé (PSC) y Juan María Fernández Carnicer (Agrupación Socialista de Oviedo); en Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, Reinaldo López Jiménez (Leganés); en Educación, Miguel Ángel Recio Muñiz (Arganda); en Industria, Antonia Sastre Llompart (Baleares). En Fomento, Koldo García Izaguirre (PSN), a quien VozPópuli sitúa en una trifulca que tuvo el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, con un policía nacional en un pub de Mérida el pasado mes de febrero. García Izaguirre, alabado por Pedro Sánchez, suma varias condenas por agresiones. De una fue indultado –y librado de entrar en prisión– en 1996. La última, en Pamplona, fue una falta por golpear a un menor que vestía una camiseta con el lema “Independentzia” la noche que la selección española de fútbol ganó el Mundial de Sudáfrica.

La titular de Justicia, Dolores Delgado, pese a no pertenecer al PSOE, cuenta en su ministerio con varios asesores vinculados al partido. Es el caso de María del Mar Román Martínez, que ingresó en las Juventudes Socialistas de Andalucía en 1988. Román fue diputada en el parlamento andaluz dos legislaturas y ex alto cargo de la Junta antes de fichar por Justicia. Javier Alemán Uris, uno de los eventuales más jóvenes, también empezó en las Juventudes Socialistas de Tres Cantos (Madrid) y pasó un mes como asistente del Grupo Parlamentario Socialista antes de recalar en la Secretaría de Estado de Justicia. Por su parte, el asesor de Delgado en Memoria Histórica, Eduardo Ranz Alonso, abogado especializado en este ámbito, fue vocal vecino –ciudadanos que representan a los grupos municipales en los distritos– del PSOE en el madrileño distrito de Retiro entre 2011 y 2015.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se trajo de Sevilla a su directora de comunicación María Teresa Cortes Barreiro, a Gabriel Alconchel Morales –socialista gaditano que dirigió el Instituto de la Juventud durante el último Gobierno de Zapatero– y al economista César Veloso Palma. Ambos trabajaron como asesores en el Gobierno andaluz.

Pero uno de los miembros del Gobierno que más personas se trajeron a Madrid fue la exministra Carmen Montón. Destacan, de su etapa como consellera de Sanidad en la Generalitat Valenciana, dos de sus directores generales, German Temprano García y Rafael Sotoca Covaleda; y tres asesores: Jaime Prats Aznar, Abencio Cutanda y Antonia García Valls, con quien Montón compartió dos legislaturas en el Congreso de los Diputados.

Ábalos, sin cargo en ninguna autonomía pero sí en el PSOE –es secretario de Organización–, nombró director de comunicación de Fomento a Alfredo Rodríguez Flores, que ha trabajado para Ferraz durante 15 años y fue jefe de prensa del Patxi López durante los meses que ocupó la presidencia de la Cámara Baja.

Incluso Irene Lozano, secretaria de Estado de la España Global –la renombrada Marca España–, ha fichado a personas de su antiguo equipo de UPyD. Alicia Gil Torres, directora de su gabinete, fue miembro de la candidatura Renovadores, liderada por Lozano, en el proceso de sucesión de Rosa Díez al frente del partido.

viernes, 22 de febrero de 2019

Elisa de la Nuez: ¿Se ha avanzado algo en esta legislatura para luchar contra la corrupción?


Elisa de la Nuez. blog Hay Derecho.- La agenda anticorrupción en esta legislatura ha avanzado poco, para qué nos vamos a engañar. Podemos citar la nueva Ley de contratos del sector público aprobada por  Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público (que además tenía que transponer al ordenamiento jurídico español las Directivas del Parlamento Europeo y del Consejo 2014/23/UE y 2014/24/UE, de 26 de febrero de 2014) en las que algunas organizaciones de la sociedad civil muy destacadamente la Fundación Civio tuvieron un papel relevante y que ha intentado avanzar hacia la transparencia, la concurrencia y la publicidad en la contratación pública.

Efectivamente, no olvidemos que la contratación pública (especialmente de grandes obras de infraestructuras pero también de servicios) es uno de los “puntos negros” de la corrupción, que en España ha estado muy ligada a la financiación irregular de los partidos. En ese sentido, todo lo que impulse la neutralidad, la publicidad y la transparencia de las licitaciones, la rendición de cuentas de los responsables de la contratación y las garantías del sistema (en forma básicamente de recursos contractuales) es bienvenido.

Peor fortuna han corrido otros temas que nos parecían básicos para luchar contra la corrupción con los que nuestra Fundación está muy comprometida desde hace años. La mayoría de estas cuestiones estaban recogidas en la denominada “Ley omnibus anticorrupción” presentada por el Grupo Parlamentario de C,s allá por otoño del 2016. Por diferentes motivos, algunos de los cuales responden a escaramuzas partidistas y la mayoría a falta de voluntad política por parte de los grandes partidos esta Ley no verá la luz. Contenía materias tan esenciales como la protección de los denunciantes de la corrupción, al que hemos dedicado nuestro proyecto “protegiendo a los valientes”. Las últimas excusas, ahora del PSOE (antes fueron del PP) son tan peregrinas como la necesidad de esperar a que se tramite la Directiva europea en este ámbito, que precisamente se está impulsando en Europa por la falta de voluntad de algunos Estados, entre ellos eln nuestro, en regular este tema esencial para luchar contra la corrupción. En este sentido, el cambio de gobierno del PP al PSOE poco ha significado: ninguno de los dos tienen ninguna prisa, por lo que se ve, en proteger a los denunciantes de la corrupción. Mientras tanto, seguiremos teniendo heróes y heroínas cívicos que se juegan su futuro profesional -y hasta personal- por defender los intereses generales.

El lamentable whatsapp de Ignacio Coixidó
En cuanto a la separación de poderes, por la que llevamos años luchando junto a organizaciones como la Plataforma por la Independencia del Poder Judicial, hubo una ventana de oportunidad hace unos meses con un intento de sacar adelante la despolitización del órgano de gobierno de los jueces, algo que viene reclamando insistentemente el Grupo de Estados Europeos contra la corrupción (GRECO) . Hubo una oportunidad después de que se filtrara el lamentable whatsapp de Ignacio Coixidó, portavoz del PP en el Senado. Su desfachatez llevó a que Manuel Marchena, candidato “in pectore” de los grandes partidos a presidir el CGPJ y por ende el Tribunal Supremo (antes de que se hubiera renovado el CGPJ que formalmente lo tenía que elegir) renunció a hacerlo en un acto de dignidad que le honra como jurista y como persona. Pero no pudo ser. Los partidos políticos nuevos y viejos se unieron para tumbar la propuesta de C,s, único partido que se ha mantenido fiel a Montesquieu en todo este tiempo (la conversión del PP fue táctica y además provocada por un error, aunque bienvenida sea). Lo contamos en muchos posts dedicados al tema, sirva éste de botón de muestra.

En cuanto a la transparencia, qué decir. El Consejo de Transparencia sigue descabezado después de más de un año desde que falleció tristemente su anterior Presidenta, Esther Arizmendi. No se ha modificado la Ley 19/2013 de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno para mejorarla en la linea de lo que llevamos pidiendo mucho tiempo desde la sociedad civil. No se ha dotado de medios al Consejo de Transparencia. No se ha aprobado un Reglamento de desarrollo de la LAITB en los más de 5 años transcurridos desde su publicación en el BOE. Las Administraciones y el sector público siguen recurriendo en los Tribunales de Justicia (a costa del contribuyente) las resoluciones del CTBG -o de sus equivalentes regionales- que les son desfavorables. Si hay progresos en la cultura de la transparencia no parece que se deban a la voluntad política de los sucesivos Gobiernos, para qué nos vamos a engañar. Y es que la rendición de cuentas les gusta poco, pese a las declaraciones.

Otras materias como la limitación de los plazos de instrucción establecido en el art. 324 de la LECrim por el PP y que tantos problemas está dando en la práctica para investigar delitos complejos y tramas de corrupción ahí siguen. ¿Y qué decir de los indultos? Nuestros amigos de la Fundación Civio saben bien que en cuanto se deja de mirar, se empieza a indultar con mucha alegría por unos y por otros. No hay manera tampoco de reducir el poder de los políticos en esto. Tampoco hemos conseguido regular los lobbies. Y podríamos seguir, pero lo dejamos aquí.

El balance por tanto de la legislatura en la agenda anticorrupción -que ha sido la bandera además del gobierno de Pedro Sánchez, que encabezó una moción de censura al gobierno del PP de Rajoy tras la sentencia de la Gürtel no nos olvidemos- no es demasiado bueno. Contrastan las bellas declaraciones y las buenas palabras con los pocos hechos. En esta última legislatura se han aprobado muchos decretos-leyes, abusando de una figura excepcional por razones que exceden de este post, y dedicados a muy diferentes materias, incluida la exhumación del dictador del Valle de los Caídos. Ninguno se ha dedicado a medidas para combatir la corrupción. Resulta un poco desalentador.

IV Premios Hay Derecho
En el fondo, la resistencia es comprensible: se trata de limitar el poder de los políticos, introduciendo contrapesos (los famosos “checks and balances”) e imponiéndoles limitaciones y controles. Quienes mejor lo saben, y por tanto quienes más se resisten, son los que más han gobernado, el PP y el PSOE o los partidos nacionalistas. Los que menos problemas tienen son los nuevos partidos, lo que tampoco es sorprendente. Pero mientras no entendamos que la democracia exige transparencia, rendición de cuentas y controles en las instituciones avanzaremos poco.

Próximamente (el día 28 de febrero) tenemos la ceremonia de entrega de la IV edición de los Premios Hay Derecho. Me temo que el mensaje que tendremos que dar a nuestros finalistas, amigos y colaboradores que se esfuerzan por defender el Estado de Derecho es el de las ediciones anteriores: paciencia. Algún día la clase política española y los ciudadanos se darán cuenta de la importancia para nuestra democracia de adoptar medidas efectivas para luchar contra la corrupción.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Pedro Sánchez gasta un 15,8% más que Mariano Rajoy en sueldos de altos cargos

Retribuciones funcionarios 2019. Con fecha 27 de diciembre de 2018, se ha publicado en el Boletín Oficial del Estado, Real Decreto-ley 24/2018, de 21 de diciembre, por el que se aprueban medidas urgentes en materia de retribuciones del sector público en 2019 (2,25% inicial).

Tras las últimas elecciones generales, la cifra de ministerios pasó de 13 a 17 y la de altos cargos aumentó en 27, un 12,4%, de 217 a 244

Revista de prensa. El Periódico.- El coste de las retribuciones a altos cargos del Gobierno ha aumentado en la etapa de Pedro Sánchez un 15,8% respecto a la etapa de Mariano Rajoy. Lo refleja una respuesta escrita del Gobierno a una pregunta de las diputadas del PP Ana Belén Vázquez y Elena Bastidas.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno
De acuerdo con los datos de la Dirección General de Costes de Personal, el Ejecutivo destinó el pasado septiembre a retribuciones de altos cargos de los ministerios, organismos autónomos, entidades gestoras, Tesorería General y UNED un total de 2.658.624,93 euros, lo que supone un 15,8% más que los 2.295.802,59 euros que se desembolsaron en mayo, antes de la llegada de Sánchez a La Moncloa.

El gasto en altos cargos solo de los ministerios subió entre esos meses un 15,9%, de 1.799.443,81% en mayo a 2.085.849,35 euros en septiembre, precisa la respuesta del Gobierno a la que ha tenido acceso Servimedia.

El Gobierno recuerda que la nómina de septiembre incluyó la subida del 1,75% recogida en la Ley de Presupuestos del Estado.

Aumento de altos cargos
Tras las últimas elecciones generales, la cifra de ministerios pasó de 13 a 17 y la de altos cargos aumentó en 27, un 12,4%, de 217 a 244, según una respuesta reciente del Gobierno al diputado del PP Eloy Suárez.

Las direcciones generales pasaron de 129 a 148, se nombraron cuatro nuevos subsecretarios, uno para cada nuevo ministerio, y otros dos directivos más adquirieron rango de subsecretario, de 29 a 31. Las secretarías generales pasaron de 17 a 19 y las secretarías de Estado se mantuvieron igual, en 29.