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viernes, 11 de marzo de 2022

La historia se acelera, ¿Qué debemos aprender … y temer?

 "Nadie elige el tiempo en el que le toca nacer. A nosotros nos tocó este, con sus luces y sus sombras"

Por Manuel Pimentel –EsPublico Blog.- 1.- La historia jamás se detiene. Los imperios, a lo largo de la historia, han surgido y desaparecido. Continuarán haciéndolo en el futuro. Los que hoy son grandes, desaparecerán con el tiempo; los que ni siquiera hoy conocemos o sospechamos, emergerán para crecer hasta el asombro. Sabemos que esto ocurrirá, lo que la historia no nos concede es el don de saber el quiénes ni, muchos menos aún, el cuándo. En nuestra generación hemos visto, por ejemplo, nacer la UE o implosionar Yugoeslavia y la URSS, entre otros muchos otros cambios de frontera. ¿Qué sorpresas por venir aún nos aguardan?

2.- Occidente, forjado por la épica de sus ejércitos, el empuje de su ciencia y el aroma de su pensamiento, valores y política, hace tiempo que abandonó la épica para transmutar lentamente, imperceptiblemente, hacia la lírica. La sociedad rechaza la conquista, la fuerza. Amamos los derechos, la justicia, la igualdad, lo sostenible. Es algo justo y hermoso, pero, para la observadora madre historia, un síntoma inevitable de decadencia y de pérdida de vigor. Los pueblos emergentes crecen en la épica, en el deseo de conquista, de mejora. A largo plazo, siempre terminan dominando al antaño poderoso, hoy decadente. Ya lo dijo el sabio Ibn Jaldún en el siglo XIV, los bárbaros de hoy terminarán siendo los poderosos del mañana para comenzar entonces su decadencia. La rueda de la historia gira y gira sin cesar. Nosotros ya optamos por la lírica, conocemos por tanto nuestro destino a medio o largo plazo. ¿Podemos cambiar las dinámicas históricas? Poder, se podría, pero resulta muy difícil sociológicamente luchar contra las grandes corrientes de la historia.

3.- La historia se ha acelerado impulsada por la fuerza de la transformación digital. Las relaciones entre personas, empresas, organizaciones y estados han cambiado para siempre. La forma de crear estados de opinión, también. Nos adentramos a una época de profundos cambios que afectarán desde nuestro espacio íntimo hasta la geopolítica mundial. Será algo excitante para el observador, inquietante para quién lo viva desde el temor.  Debemos ser conscientes y aceptar el que nos tocará navegar por aguas bravas y prepararnos mentalmente para no caer en la ansiedad y el desasosiego permanente. Un consejo, no posponga su felicidad al momento futuro en el que las cosas vuelvan a ser como antes. Eso, no ocurrirá. Aprenda a ser feliz en la travesía que cada día nos depare. Marque rumbo y, en lo posible, procure seguirlo, sabedor de que, probablemente, tendrá que ir adaptándolo según las circunstancias. No renuncie a la sociedad tecnológica que conformamos, súbase a ella, sin perder el sentido crítico y la clarividencia ante sus excesos.

4.- El Estado de Derecho que estudiamos –y que aún se estudia– en las facultades ha desaparecido, víctima de las pulsiones ciclotímicas de una sociedad hiperconectada, en la que los estados de ánimo son fácilmente manipulados y exacerbados. Tres ejemplos, entre otros muchos otros posibles. Primero cayó la presunción de inocencia, para virar en muchos ámbitos hacia la presunción de culpabilidad. Después, como hemos visto por los muy cuestionables pasaportes sanitarios, nos saltamos el principio de no discriminación, sacrosanto en nuestra constitución. Del principio de seguridad jurídica ni hablamos, como hemos podido comprobar en medidas gubernamentales con carácter retroactivo o la actual incautación de bienes a ciudadanos libres y en principio honrados por el simple hecho de poseer una nacionalidad determinada. También podríamos evidenciar la pérdida de libertad de expresión o de otros valores fundamentales. Los jueces, aunque a veces se resisten, terminan cediendo al espíritu de los tiempos, que las mayorías claman y exigen. Mucho nos tememos que iremos perdiendo derechos fundamentales ante el jolgorio de las masas exaltadas y atemorizadas, fácilmente manipulables que, ante el dilema clásico de seguridad frente a libertad, siempre terminan sacrificando la segunda.

5.- El proceso conocido como globalización ha finalizado. Las tasas aduaneras, vetos y aranceles complicarán mucho el comercio internacional, lo que sumado a las vicisitudes geopolíticas y energéticas, convertirán en un sudoku la gestión empresarial. Aunque en conjunto perderemos durante este próximo año, la fiesta irá por barrios. Habrá sectores que sufrirán mucho y otros que se beneficiarán de manera inusitada. Cada uno, desde dónde se encuentre, debe realizar una reflexión estratégica en la medida de sus posibilidades, para tratar de anticipar las repercusiones – positivas o negativas – de lo que le viene encima.

6.- Nadie elige el tiempo en el que le toca nacer. A nosotros nos tocó este, con sus luces y sus sombras. No puede paralizarnos el temor al futuro que tendremos que habitar. Levantemos la cara para sentir los vientos de la historia que el caprichoso destino quiso que protagonizáramos. Si miramos hacia atrás, comprobamos que la estabilidad que vivimos desde la posguerra mundial hasta principios del XXI fue un simple espejismo. Las crisis y las convulsiones fueron desde siempre el motor de la historia y a nosotros ya nos tocó la nuestra. Pues a navegarla con prudencia, pero sin miedo. Y, repito el único consejo que me atrevo a darle, no posponga su felicidad a un futuro improbable, la vida es hermosa pese a todo.

viernes, 15 de febrero de 2019

El impacable declive de las ciudades medias. ¿Una maldición sin remedio?

"Las ciudades medias languidecen sin que nadie alce la voz en su defensa. Abramos el debate, ahora que aún estamos a tiempo" 

Por Manuel Pimentel. EsPúblico blog.- Vivo en Córdoba*, una ciudad cada vez más hermosa y sabia, pero, también, más vacía. Hace ya tiempo que dejó de crecer y en cada censo se deja arañar unos pocos ciudadanos. Los jóvenes se marchan a Sevilla, Málaga o Madrid y las pocas fábricas que en los sesenta constituyeron su tejido industrial hoy languidecen mientras transmutan su alma productiva por una gris y desastrada realidad arqueológica. Naves cerradas que recuerdan viejos tiempos, como la Colecor, la Algodonera y otras tantas que languidecen en el silencio y el olvido. Sin embargo, la ciudad cada día está más bella, más cuidada, mejor equipada. Goza de unas excelentes infraestructuras culturales, sanitarias, administrativas, educativas. ¿Por qué entonces pierde pulso y sufre la emigración del talento joven.

Córdoba desde el aire
 Vivo en Córdoba, pero viajo permanentemente a lo largo y ancho de esta España de nuestras entretelas. En un alto número de ciudades medias del interior -que no de la costa- me encuentro con el mismo relato, con el mismo quejío, con la misma preocupación. Perdemos población joven, me dicen, la industria se cierra, la actividad agoniza. Si la ciudad está tan bonita, si los servicios son tan buenos, ¿por qué se marchan nuestros jóvenes?

            Esa pregunta llena de inquietud a muchas de las ciudades medias y a las grandes poblaciones del interior que sorprendidas, no logran comprender qué es lo que les ocurre. ¿Qué estamos haciendo mal?, se preguntan los más autocríticos, mientras asisten atónitos al fracaso de una y otras políticas de desarrollo local emprendidas. Como cada uno mira por lo suyo, nadie se percata de que el mal es general, endémico de unos tiempos en los que la conjunción de la globalización con la sociedad digital condena a las ciudades medias a languidecer, mientras refuerza a las grandes urbes, que concentran actividad, investigación y vida. Se repite que, en internet, el ganador se lo lleva todo. Pues eso, en estos tiempos convulsos, también ocurre con las poblaciones, las ganadoras se lo llevan todo, empresas, instituciones y jóvenes. No es por tanto culpa de esta o aquella mediana ciudad, sino que, en general, casi todas sufren esas mismas dinámicas en similar medida. ¿Quiénes se libran del mal del siglo? Pues las grandes urbes, las ciudades costeras del sur y del Mediterráneo y las capitales de las autonomías, porque –y no profundizaremos en estas líneas-, el sistema autonómico no ha servido para repartir riqueza ni población, sino que, al contrario, ha cebado la concentración en la capital beneficiada.

¿Efectos de la globalización?
            ¿Por qué la globalización ha castigado a las ciudades medias del interior? Pues porque la industria emigró a países emergentes – o sea a China y a India– al tiempo que se concentró y automatizó. Las instalaciones medias quedaron obsoletas y no pudieron competir con las gacelas del momento. Las empresas han ganado tamaño y las multinacionales siempre ponen su sede en Madrid y, al menos antes, en Barcelona. ¿Qué multinacional –las verdaderas generadoras de actividad y sueldos altos– establecería su sede en Córdoba, Jaén, Cáceres, Zamora o Huesca? Hagan lo que hagan estas entrañables ciudades, las grandes corporaciones concentrarán cada vez mayor actividad y se seguirán ubicando en Madrid y Barcelona. Y, tras ellas, se irán los jóvenes con ambición.

¿Por qué la revolución tecnológica penaliza a las ciudades medias? Pues porque las nuevas empresas tienden a una concentración muy importante, donde la estructura de poder, investigación, decisión y gestión se ubican en las grandes urbes, en especial en Madrid, la gran ganadora de los tiempos que vivimos. Y estas empresas son muy atractivas para los jóvenes talentosos, que ven en ella una dinámica oportunidad de promoción.

¿Por qué el sistema autonómico tampoco ha favorecido a las ciudades medias? Pues porque han funcionado a modo de miniestados, concentrando todo el poder y todas las instituciones en la capital, con la consiguiente atracción de funcionarios y políticos, que le dan una vida que restan al resto de ciudades medias de la comunidad.

Por todo ello, estamos ante una dinámica general que determinará la evolución de muchas de nuestras ciudades. Por supuesto que existen excepciones y que la buena gestión de una ciudad mejorará frente a la mala gestión de la vecina. Así es. Pero se trata de excepciones que confirman la regla general, que es igual de simple de anunciar que de inexorable en su resultado: las ciudades medias pierden frente a las capitales autonómicas, grandes urbes y ciudades costeras, que ganan. Así de sencillo, así de duro.

El turismo como alternativa
La casi totalidad de las ciudades medias del interior han embellecido su casco urbano y han apostado por el turismo, que ha respondido, en general, muy bien. Hoteles, apartamentos turísticos, guías, rutas, hoteles con encanto, jalonan – afortunadamente– nuestra geografía. El turismo es la savia que aún riega las maltrechas economías de las ciudades medias del interior, tan cargadas de historia como azarosas de futuro. El turismo está bien, muy bien, pero no garantiza el porvenir dinámico de una sociedad. Por eso, cada vez más, sentimos, cuando visitamos los bellísimos centros históricos de muchas de nuestras ciudades, que nos encontramos ante un formidable decorado, vacío de población local y habitado, tan sólo, por turbas de turistas que se afanan escandalosas con sus fotos. El turismo, no cabe duda, es parte del futuro, pero sólo con el turismo no se construye futuro.

Las ciudades medias languidecen sin que nadie alce la voz en su defensa. Hace unos años, nos escandalizamos al descubrir la España vacía, esos inmensos páramos de densidad siberiana. Ojalá algún día, al despertar, no nos percatemos de la España de las ciudades muertas. Que entre todos la matamos y ellas solas se murieron. Abramos el debate, ahora que aún estamos a tiempo. ¿O ya no lo estamos? Quién sabe, quién sabe…

*Nota del blog: Córdoba tiene 325.708 habitantes según  los últimos datos del ine.es (1 enero 2018) y en 2010 tenía 328.547 habitantes. 

viernes, 18 de enero de 2013

Novedad editorial: " Gobernanza Inteligente para el Siglo XXI. Una simetría entre Occidente y Oriente"

 Según sus autores,  se examina la forma en que las mejores prácticas de gobernanza de Oriente y Occidente, desarrolladas a lo largo de siglos, pueden emplearse por los lideres  para afrontar los retos de  la globalización.

Con la presencia de sus autores, Nathan Gardels y Nicolas Berggruen, el jueves 17 de enero la editorial Taurus presentó el libro Gobernanza Inteligente para el siglo XXI. Una simetría entre Occidente y Oriente, una de las novedades editoriales de mayor impacto en Estados Unidos durante el pasado año 2012.
 Al acto también asistó el expresidente del Gobierno Felipe González.  La directora de El Huffington Post en versíón española, Montserrat Domínguez, moderó el acto en el que se debatió sobre el futuro de la democracia en un mundo  globalizado. 

Según sus autores, "En este libro examinamos la forma en que las mejores prácticas de gobernanza de Oriente y Occidente, desarrolladas a lo largo de siglos en circunstancias históricas y culturales muy distintas, pueden emplearse para afrontar los retos comunes que suscita la globalización.

Nos centramos en China y Estados Unidos, no como alternativas en un sentido literal, sino como metáforas de las ventajas y desventajas que hay que tener en cuenta a la hora de diseñar un sistema constitucional mixto que incorpore los elementos distintivos de ambos mundos, a saber, una orientación general basada en la perspectiva a largo plazo de las élites y la soberanía democrática del pueblo.

En el primer capítulo, «La globalización 2.0 y los retos de la buena gobernanza», comparamos las perspectivas geopolíticas y geoculturales de Este y Oeste ante la transición en curso desde la globalización dirigida por Estados Unidos hacia una interdependencia de identidades plurales. También proponemos el concepto de «gobernanza inteligente» como respuesta al despertar político y cultural que forma parte integral de cualquier cambio global. Nuestro argumento es que la buena gobernanza tiene que delegar e involucrar a los ciudadanos de modo más significativo en sus comunidades a la vez que legitima la delegación de la autoridad (mediante la división de la toma de decisiones) a instituciones capaces de administrar los vínculos de integración sistémica.

Mandarinato chino
En el capítulo 2, «La democracia consumista estadounidense y el mandarinato moderno chino», analizamos las ventajas y los defectos de ambos sistemas. El capítulo 3, «El constitucionalismo democrático liberal y la meritocracia: posibilidades híbridas», está consagrado al estudio de los debates acerca de las virtudes de la meritocracia política frente a la democracia electoral en tanto buenas formas de gobernanza, tocando temas que van desde el origen del sistema de exámenes en China a las deliberaciones de los padres fundadores sobre los escollos de la democracia directa. También reflexionamos en torno a la afinidad de los pensadores clásicos e ilustrados de Occidente con los preceptos confucianos y meditamos sobre cuáles podrían ser los pilares de una forma híbrida de gobernanza en los países donde se selecciona a los líderes en función del mérito pero donde estos siguen sujetos a control mediante elecciones populares.

Tras haber pasado revista a todos los viejos debates, en el capítulo 4 los colocamos en el contexto de los desafíos y oportunidades más recientes del siglo XXI (las redes sociales, la aparición de las megaurbes y la dispersión de las capacidades productivas), a los que todos los sistemas de gobierno tienen que hacer frente.

Manteniendo en consideración todo lo anterior, el capítulo 5, «Gobernanza inteligente: principios y patrones », es un ejercicio de imaginación política que propone el diseño institucional para una vía intermedia entre Occidente y Oriente; no se trata de un modelo que pretenda ser válido para todo el mundo, sino de la sugerencia de un ideal cuyos principios tendrían que amoldarse a cada circunstancia particular.

Supervivencia de los sabios
En los capítulos 6, 7 y 8 presentamos un informe sobre nuestros esfuerzos por hacer eso precisamente: adaptar los principios de la gobernanza inteligente a condiciones muy diversas, que van desde California al G-20, pasando por Europa. El capítulo 9 sitúa nuestro debate en el contexto más amplio posible: el de la emergencia potencial de la primera civilización verdaderamente global (en el supuesto de que logremos hacer que nuestros distintos sistemas operativos sean compatibles). El título, «La supervivencia de los más sabios», lo dice todo".

 Se pueden seguir las actividades del Nicolas Berggruen Institute en http://berggrueninstitute.org