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domingo, 25 de marzo de 2018

La falta de ética pública de nuestros gobernantes, causa principal de la corrupción política


 "En una sociedad abierta y democrática como la española, todos, en mayor o menor medida, somos responsables de la ola de corrupción que nos asola"

Por José Manuel Urquiza.- Blog Hay Derecho- La corrupción, en mayor o menor grado, ha existido siempre en el ámbito de la gestión de los asuntos públicos. En todos los tiempos, sistemas políticos, culturas y religiones. El fenómeno es global. Al parecer, las graves penas establecidas  ya en el Código de Hammurabi contra los gobernantes corruptos no han devenido eficaces. Cicerón forjó su carrera política denunciando la corrupción de Verres. 

En la obra Breviario de los políticos, del cardenal Mazarino, se destaca el capítulo “dar y hacer regalos”: relevantes ministros de la Monarquía francesa de 1700 fueron grandes depredadores. El comercio mundial se desarrolló en el siglo XVII bajo la bandera de las comisiones ocultas. Hasta el Estado Vaticano se ha visto envuelto en algún asunto de corrupción (verbigracia, cardenal Marzinkus y el Banco Ambrosiano).

La corrupción política, entendida como utilización espúrea, por parte del gobernante, de potestades públicas, en beneficio propio o de terceros afines y en perjuicio del interés general, es un mal canceroso que vive en simbiosis con el sistema democrático, a pesar de ser teóricamente incompatible con el mismo, y que debe preocupar muy seriamente a todos los demócratas, ya que corroe los cimientos de la democracia, en tanto que elimina la obligada distinción entre bien público y bien privado, característica de cualquier régimen liberal y democrático; rompe la idea de igualdad política, económica, de derechos  y de oportunidades, pervirtiendo el pacto social; traiciona el Estado de Derecho; supone desprestigio de la política y correlativa desconfianza de la ciudadanía en el sistema, desigualdad en la pugna política, violación de la legalidad y atentado a las reglas del mercado.

En España, en los últimos años, numerosos sucesos han puesto de manifiesto que el fenómeno de la corrupción en la gobernabilidad del Estado (principalmente, Comunidades Autònomas y Ayuntamientos), no es algo coyuntural, sino estructural, que prolifera peligrosamente en las instituciones públicas. Los casos denominados  Gürtel, Púnica, Lezo, Pretoria, Palma Arena, Palau, Operación Poniente, Operación Malaya,etc., que recorren la geografía nacional,  han revelado que muchas Corporaciones Públicas han estado sometidas al poder económico y se han convertido así, crecientemente, en verdaderas plataformas de negocios varios, y de tráfico de influencias; hasta el punto de que hoy se corre el riesgo, cierto, de que intereses de grupos de presión económicos cambien el sentido del sacrosanto concepto del interés general, para inhabilitarlo. Obviamente, no es posible una estadística real de la corrupción, que por definición es oculta; y, de otra parte, como es natural, no todos los mandatarios públicos son corruptos.

Responsabilidad compartida
En una sociedad abierta y democrática como la española, todos, en mayor o menor medida, somos responsables de la ola de corrupción que nos asola. Los políticos que la practican, promoviéndola o aceptándola; los sobornadores ( promotores empresariales), ora causantes, ora víctimas; los partidos políticos, carentes a estas alturas de autoridad moral para combatirla; el estamento judicial ( jueces y fiscales), que en muchas ocasiones no ha dado la talla; las instituciones encargadas del control y fiscalización de la actividad administrativa, negligentes casi siempre en su tarea;  los medios de comunicación, silenciando o minimizando, a veces, el fenómeno corrupto; la intelectualidad,  poco comprometida en la lucha para erradicarla; la ciudadanía en general,  tolerante en exceso con el político corrupto, quizás porque aún no es consciente de que la corrupción la paga de su bolsillo.

Las causas que propician esta perversión pública son múltiples, a saber: la partitocracia, con sus taras e imperfecciones; la profesionalización de la política, entendida en su peor versión; el fenómeno del transfuguismo; o el deficiente sistema de financiación de las formaciones políticas. Otras, propias del municipalismo,  son la crónica insuficiencia de sus recursos económicos; el raquítico régimen de incompatibilidades legales de alcaldes y concejales; la galopante empresarización de los Ayuntamientos para huir del Derecho Administrativo; o el deficiente sistema legal de control interno de los actos económico-financieros de los entes locales.

Pero, por encima de todas ellas,  a mi modo de ver, la causa primera de todos los males en el sector público español es la falta de ética pública de muchos de nuestros gobernantes, llegados a la política no por vocación ni espíritu de servicio, ni siquiera por ideología (¡ qué rancios suenan ya estos conceptos!), sino por propio interés.

En términos generales, ética es el sentido, la intuición o la conciencia de lo que está bien y lo que no, de lo que se ha de hacer y de lo que debe evitarse. La ética pública ha de ser correlativa de la privada. Mal podrá defender la integridad y la moralidad en el plano público quien carece de ella.

Por otra parte, la actuación de cualquiera que realiza una función pública en nuestro país debe estar presidida por la idea de servicio de los intereses generales, que es el principal valor político. El artículo 103 de la Constitución Española –“La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales”– constituye un mandato para autoridades y funcionarios. Los valores clásicos del gestor público (imparcialidad, neutralidad, honradez y probidad) se han de ver complementados hoy con los nuevos valores de eficacia y transparencia, propios de las Administraciones Públicas del siglo XXI.

La corrupción socava la integridad moral de una sociedad. Supone la quiebra general de los valores morales. La corrupción pública, en cuanto supone lucro indebido del agente y su disposición a mal utilizar las potestades públicas que tiene encomendadas, es una práctica inmoral, ante todo; una violación de los principios éticos, sean individuales o sociales.

Algunos analistas consideran que la ética pública ha perdido hoy relevancia social, dada su naturaleza subjetiva. La gran mayoría entiende, sin embargo, que la ética ha de ser el mejor antídoto contra el veneno de la corrupción, y preconiza la necesidad de un rearme ético, de un regreso a los valores antes enunciados. Por eso, se observa últimamente en el mundo una gran preocupación oficial por la ética pública (el Informe Kelly, en Gran Bretaña, sobre gastos diputados británicos; Recomendación  del Consejo de la OCDE, de 1998; Convención Americana contra la Corrupción, de 1996).

La política, que puede ser la más noble de todas las tareas, es susceptible de convertirse en el más vil de los oficios; precisamente porque es una actividad humana y, como tal, defectuosa. Todo el mundo coincide en que la ejemplaridad y la honradez son virtudes que deben presidir la actuación de los políticos, en tanto que escaparate y guía de la ciudadanía.

Pues bien, es la falta generalizada de ética pública de nuestros gestores municipales, por ejemplo, la razón principal del despilfarro del gasto público en los Ayuntamientos, del favoritismo en la selección del personal o en la contratación de obras y servicios, de la interesada arbitrariedad en la planificación urbanística, de la negligencia en la gestión del patrimonio municipal o de los frecuentes cambalaches en la composición de las mayorías de gobierno. Es a partir de la ausencia de moral, o de dignidad en el desempeño del cargo, cuando el Alcalde (o el concejal delegado de turno, o el funcionario revestido de capacidad decisoria o meramente asesora), experimenta un total desprecio por el interés general de la ciudadanía y utiliza sus potestades en beneficio particular (propio, de sus allegados o de su partido), orillando los principios constitucionales de eficacia, objetividad, independencia e igualdad, y demás preceptos legales y reglamentarios. Se corrompe, en definitiva.

Llegados a este punto, hemos de convenir que ni uno sólo de los gestores públicos que recientemente han sido imputados en nuestro país por prácticas presuntamente corruptas (todos los conocemos), se distingue precisamente por cumplir los postulados éticos que se han descrito, a tenor de los modos y maneras de su malhadada gestión pública, que hemos conocido con todo detalle por las oportunas crónicas mediáticas sobre causas judiciales en marcha. Se diría más bien que utilizan la política como medio de vida y, según se ha visto, como negocio (primun vivere, deinde filosofare). La falta de ética pública de esos políticos es, por tanto,  el denominador común de la práctica presuntamente corrupta a que se refieren los escándalos de corrupción antes señalados.

sábado, 22 de octubre de 2016

Daniel Iborra: Una propuesta para mejorar la calidad de nuestros dirigentes políticos

"Un Estado no puede ser eficiente si sus dirigentes no lo son". "El problema del político no es lo que cobra sino el daño que hace a la sociedad cuando es un incompetente"

Por Daniel Iborra. Blog Hay Derecho. En anteriores artículos,  hemos venido reiterando ideas que consideramos básicas: “ La competitividad del Estado dependerá de la relación entre el coste fiscal y la calidad del salario en especie    (servicios y prestaciones sociales) que proporciona a sus ciudadanos.

Un estado  ineficiente es el que descuida la calidad de su sistema productivo en todas sus bases ( educación, costes energéticos, sistemas de contratación laboral, promoción empresarial….) que es el fundamento de la riqueza nacional, del empleo y del sistema de protección social, el que se apropia de los recursos que tiene en administración, desviándolos a intereses partidistas y hasta personales y el que descuida la calidad  y los costos en la gestión de los servicios y prestaciones sociales.

Y para ello es esencial la competencia del gestor público, la calidad técnica de su equipo y la elaboración de un programa serio y solvente, dirigido al bien común y no a ganar las elecciones. Un Estado no puede ser eficiente si sus dirigentes no lo son.

De ahí que el problema del político no es lo que cobra sino el daño que hace a la sociedad cuando es un incompetente. La incompetencia histórica de nuestros dirigentes es la responsable de nuestra gran crisis económica y financiera y uno de los mayores problemas de nuestra democracia es el progresivo deterioro del nivel de nuestros políticos “.

En mi revisión que estoy haciendo de la prensa del período  2010/2 he encontrado este artículo “Las elecciones catalanas del día 28” , de Joaquim Muns en La Vanguardia ( 14.11.10) del que os entresaco lo siguiente :

 “Es el momento de dejar de lado la manoseada retórica partidista que ya prácticamente no significan nada -derechas, izquierdas, progresistas, etc.- y prestar especial atención a la categoría intelectual y a la experiencia de los candidatos.

Escaso nivel de nuestros políticos
En nuestra sociedad se está produciendo un fenómeno lamentable y paradójico. Me refiero al continuo descenso del nivel de preparación de nuestros políticos en el preciso momento en que la gestión pública deviene más compleja y exigente.

La evolución cultural, social y económica de los últimos años a todos los niveles es vertiginosa. La crisis económica global que el mundo padece desde hace tres años, fruto de los desajustes y tensiones que produce este proceso acelerado de cambio, tiene dos consecuencias que, como electores, deberíamos tener en cuenta. Por un lado, la relativización de los programas electorales. 

Cada vez es más difícil que éstos puedan seguir la aceleración de la realidad. En segundo lugar y como corolario de ello, la competencia y la experiencia de los dirigentes pasan a ser la mejor garantía para afrontar con esperanza razonable de éxito las consecuencias de los problemas y crisis que nos han sacudido y que, desgraciada pero inevitablemente, seguirán azotándonos durante mucho tiempo.

El progreso de las naciones depende de muchos factores, pero creo que la experiencia de los últimos años está demostrando el creciente protagonismo de los líderes políticos bien preparados.

El caso de China es paradigmático. Aunque se comenta poco, el gran despegue de este país coincide con la llegada al poder de una clase política joven y muy preparada, en contraste con la gerontocracia forjada exclusivamente en las luchas internas del Partido Comunista que gobernó el país hasta los años ochenta. En la actualidad, tanto el Presidente Hu Jintao como el primer ministro Wen Jiabao son ingenieros; el primero especializado en temas hidráulicos y el segundo en geología.

Si nos desplazamos a la otra gran potencia emergente asiática, India, comprobamos con admiración que su primer ministro, Manmohan Singh, es graduado por las Universidades de Panjab, Cambridge y Oxford, con un doctorado en esta última. Si saltamos de continente a otro país que, como hemos podido comprobar recientemente, está haciendo las cosas muy bien, Chile, descubrimos que su presidente, Sebastián Piñera, es doctor por la Universidad de Harvard. No creo que se trate de casualidades; es más, cuesta encontrar un líder de un país serio y dinámico sin un título universitario.

Pero si los ciudadanos elevamos el grado de exigencia respecto a la preparación, competencia y experiencia de los gobernantes que elegimos y no nos dejamos deslumbrar por la cada vez más hueca retórica electoralista, podemos convertir las elecciones del día 28 en un punto y aparte.”

Meritocracia
Creo que es un buen momento para iniciar una reflexión  sobre lo que tenemos que hacer para integrar  a la gente más válida a la política.

Ya que, si ante los graves problemas económicos y sociales  descargamos nuestra ira en los que hemos escogido y les insultamos indiscriminadamente sin valorarles su dedicación personal, que en muchos casos es desproporcionada, les retiramos la compensación económica que corresponde a su verdadera valía y ocupación y les exigimos tanta responsabilidad ¿Estamos seguros que estamos allanando el camino para que en el futuro se dediquen a la política los mejores? ¿No nos estaremos equivocando nuevamente?

martes, 5 de enero de 2016

Gobernar sobre "una pirámide de bolas de cristal"

"Cuando los Gobiernos son tan inestables como lo fueron en Francia desde 1871 hasta el derrumbamiento de 1940, su atención tiene que estar casi monopolizada por una tarea que es similar a la de tratar de construir una pirámide con bolas de billar” (Schumpeter, Capitalismo, socialismo y democracia, II, Página Indómita, Barcelona, 2015, p. 95)
 
Rafael Jiménez Asensio. Blog La Mirada Institucional. Nadie, a mi juicio, ha descrito de forma más gráfica que Schumpeter los problemas que implica la falta de estabilidad gubernamental. La reflexión es de hace más de setenta años, pero tiene una vigencia fuera de lo común. Más en nuestro complejo contexto político.
 
En efecto, tras las elecciones autonómicas, forales y municipales, así como tras las elecciones catalanas, la fragmentación se implantó en las diferentes instituciones y la gobernabilidad se tornó más compleja, en algunos casos casi imposible. Hubo que acudir a acuerdos de investidura, algunos de legislatura o de mandato y, en menos casos, a articular gobiernos de coalición que garantizaran la mayoría absoluta. En algún caso (Cataluña), los riesgos de convocar nuevas elecciones son ya más que evidentes (cosa de días u horas, si nadie lo remedia). Las elecciones legislativas del 20 de diciembre han reafirmado esa tendencia: una mutación del sistema de partidos que altera las esencias del sistema institucional diseñado a partir de la transición política.
 
La forma de gobierno (sistema electoral y régimen parlamentario), asentada sobre un bipartidismo “protegido” ha entrado en crisis. La gobernabilidad se convierte, así, en una tarea difícil de alcanzar. Es la cuarta crisis. Se suma a las tres anteriores: la económico-financiera (con algunos efectos aún devastadores en el campo del empobrecimiento y el paro), la fiscal (de la que aún nos queda largo recorrido para salir de ella), así como de la institucional (probablemente la más grave de todas y de solución más compleja).
 
Crédito país
Cuando la solidez del Gobierno es más necesaria que nunca en el marco de una democracia “ejecutiva” y de “confianza” (como la ha denominado Pierre Rosanvallon), cuando aún se han de llevar a cabo reformas estructurales e institucionales de enorme magnitud y que requieren valentía y coraje político (por tanto, de mayorías sólidas), o cuando “el crédito país” (las inversiones y el crecimiento económico) dependen en buena medida de la existencia de estructuras gubernamentales estables y de políticas económicas con amplio respaldo, aquí hemos “redescubierto” con fervor de nuevos inquilinos la fragmentación política, la inestabilidad parlamentaria y, por tanto, el equilibrio imposible que supone gobernar sobre “una pirámide de bolas de billar”. Como si el pluralismo político fuera “cuartear” el país o los territorios en bandas rivales e irreconciliables.
 
Ha sido la voluntad ciudadana, en efecto. Traducir esa voluntad en gobierno estable es una tarea –seamos honestos- hoy por hoy casi imposible. Pero no lo es porque la tarea supere las exigencias habituales de esa actividad que es la política (pues para eso está), sino lo es sobre todo porque entre nosotros se ha impuesto una política sectaria y sorda, nada dada a los acuerdos transversales, ajena a la argumentación y al cambio sensato de impresiones o de proyectos, y muy dada al griterío ensordecedor, la trinchera o la demagogia (solo hace falta ver algunos programas infumables de “debate político” en algunos canales televisivos o tertulias radiofónicas). Un sectarismo del que hizo bandera el gobierno saliente durante su gestión “absoluta” (cuasitotalitaria, en algunos momentos) en el mandato anterior, al que se ha unido ahora una oposición cainita, virginal, redentora o, simplemente, repetitiva. Nadie da su brazo a torcer. Como si ese inmovilismo bochornoso o ese rancio dogmatismo periclitado nos arregle la vida a los ciudadanos. Tendrá elevados costes sobre nuestra vida, tranquilidad y futuro, pues en caso contrario la política no serviría para nada. Ya no se trata de mala política es algo peor: anomia política. Políticos que, al parecer, no saben hacer política. Algo serio. Nadie, como señalara Paco Longo, ha hablado de qué hacer en el Gobierno: todo son líneas rojas, vetos o llamadas “angelicales” al pacto, para que algún partido pueda seguir lamiendo las mieles del poder y continuar repartiendo prebendas entre los suyos y sus clientelas. Sumar, ¿para qué? Alguien nos lo debería explicar.
 
Es cierto que el escenario político está cambiando por completo. No solo aquí, en toda Europa. Pero el cambio en España parece haber adquirido velocidad de vértigo. El problema, cuando se corre, es saber hacia dónde se va. Si se opta por el parlamentarismo fragmentado, todos sabemos donde ha conducido si no hay una correcta gestión política: al precipicio. No es menester traer a colación los innumerables casos en que así ha sido (recuérdese la cita inicial de Schumpeter, el período de entreguerras o la inestabilidad crónica, entre otros, del sistema político italiano durante décadas). ¿Aprenderán algo nuestros políticos de tantas lecciones que la historia nos ha enseñado? Los primeros pasos en la larga gestión del aún incipiente proceso de formación de un Gobierno no han podido ser más lamentables, por unos y por otros.
 
La política, como recordaba recientemente Innerarity, es llegar a acuerdos. Para eso, como bien expuso el ex-presidente de Uruguay, Pepe Mujica, no hay otra salida que negociar, negociar y negociar. Y eso requiere tesón, pero también conciencia clara de que solo cediendo (algunas veces cosas importantes) se llega a acuerdos. De no ser así, este país pasará a la historia por “repetir elecciones” (como si eso fuera gratis y sin consecuencia alguna).
 
Pésimos políticos
Un alumno repetidor es un mal estudiante, unos políticos que son incapaces de alcanzar acuerdos y nos obligan a ir una y otra vez a las urnas (hasta que la ciudadanía se canse) son unos pésimos políticos. Como también recordaba Schumpeter, debemos impedir que “tontos y charlatanes”, así como corruptos e incompetentes, nos gobiernen. En nuestra mano está echarlos a patadas y, si es preciso, a la basura. Pues ese será su “digno” sitio si son incapaces de resolver absolutamente ninguna de las cuestiones más básicas que forman parte de “su oficio”. Y por el que, por cierto, cobran. Que no sigan abusando de nuestra confianza. Además, nos lo ponen fácil: rendir cuentas (nuevas elecciones) a los pocos meses de haber demostrado su supina incompetencia para formar gobierno tras un proceso electoral, nos los pone “en bandeja de plata”. Pueden terminar dándose más de un susto.

jueves, 8 de agosto de 2013

El 17,3% de los niñ@s ven a los políticos como responsables de la crisis económica de nuestro país

¿ Qué quieres ser de mayor ?. Adecco  elabora una encuesta entre 1.000 niños con edades que van de los 4 a los 16 años

Ver pdf del estudio de Adecco

Revista de Prensa.- 7 Ago. (Europa Press) - La profesión de político se encuentra, por primera vez, entre las menos deseadas por los niños españoles, con sólo el 4,4 por ciento de los votos, mientras que el porcentaje aumenta al 17,3 por ciento para acusar a este colectivo de ser "los responsables de la crisis económica" que vive el país, tal y como concluye la IX edición de la encuesta 'Qué quieres ser de mayor', elaborada por Adecco y Fundación Adecco entre 1.000 niños con edades que van de los 4 a los 16 años.
 Los más pequeños de la casa "están familiarizados con términos como rescate, prima de riesgo, clase política, conciliación laboral o crisis económica", según explican los responsables del proyecto. En concreto, han aportado su visión sobre qué es un rescate y cuáles son sus consecuencias: el 24,7 por ciento lo relaciona con recibir ayudas de la UE o de otros países cercanos, el 22,4 por ciento cree que es la solución para acabar con la crisis y el 11,3 por ciento lo considera un préstamo económico que después hay que devolver.
 Para acabar con la crisis, los menores consideran fundamental "un cambio de todos los políticos que hay actualmente en España, bajarles el sueldo, quitarles las dietas o suprimir los coches oficiales". Tras las medidas referentes a la clase política, para los niños españoles la salida de la crisis pasa, en segundo lugar, por crear más puestos de trabajo --13,6 por ciento--, mayor austeridad en el país --6,5 por ciento-- y un reparto igualitario de la riqueza --6,3 por ciento-- en la que no existiesen las desigualdades sociales ni económicas y todos tuviésemos el mismo dinero.
  A pesar de todas las ideas para combatir la crisis, los más pequeños no ven cercano su fin. Así lo demuestran sus respuestas, ya que el 51,1 por ciento cree que la crisis no acabará hasta dentro de muchos años, frente al 27,9 por ciento que piensa que será el año que viene cuando la situación mejore. Un 11,5 por ciento ve ya brotes verdes este mismo año y un 9,3 por ciento no sabe predecir cuándo se producirá el cambio.
Los chicos, futbolistas y las chicas profesoras
  Futbolistas y profesoras son las profesiones que los más jóvenes eligen un año más. Así, el 36,5 por ciento de los chicos quiere desempeñar trabajos afines con el deporte, un porcentaje muy superior al del año pasado --29,8 por ciento--, seguidos de los relacionados con las ciencias, la seguridad pública y la sanidad. En concreto, un 26,7 por ciento quiere ser futbolista, seguido a gran distancia de los que quieren ser policía --5,6 por ciento--, ingeniero --5,3 por ciento--, médico --4,9 por ciento-- y profesor --3,9 por ciento--.
En cambio, el 23,8 por ciento de las chicas apuesta por los trabajos relacionados con la educación y la enseñanza, porcentaje que se mantiene en valores similares a los del año pasado. En segundo lugar, para ellas, se sitúan las profesiones relacionadas con los animales --14,2 por ciento--, que suben una posición con respecto a 2012, y los trabajos del ámbito sanitario --13,5 por ciento--. Además, un 11,7 por ciento de las pequeñas sueña con desempeñar una profesión de artista.
Si atendemos a profesiones concretas, en primer lugar se encuentra la profesión de maestra, con un 23,1 por ciento --más de dos puntos porcentuales por encima del dato de 2012--, seguida de veterinaria --10,7 por ciento--, doctora --7,5 por ciento--, peluquera --5 por ciento-- y policía --3,6 por ciento--, profesión esta última que por primera vez aparece tan arriba del ranking.
 La directora de Marketing y Comunicación de Adecco, Margarita Álvarez, ha explicado que "el hecho de que las profesiones con más éxito entre niños y niñas sean futbolista y profesora no es casual, sino que el valor más relevante para ellos, según diversos estudios, es el reconocimiento, mientras que en el caso de las niñas es la benevolencia y la ayuda a los demás".
Vocación
 Por otra parte, el secreto de la felicidad laboral se halla, según los más pequeños, en poder desarrollar tu vocación, o dicho en sus términos, poder trabajar en lo que te gusta --20,6 por ciento--, seguido de tener buenos compañeros --18,9 por ciento-- y de la actitud con la que afrontes el trabajo --13,8 por ciento--. También consideran importante contar con un buen salario, material adecuado para desempeñar tus funciones y divertirse en el trabajo.
   Por sexos, los niños valoran más el compañerismo --21,4 por ciento--, la actitud ante el trabajo --13,8 por ciento-- y la vocación --15,1 por ciento--, mientras que las niñas creen que para ser feliz en el trabajo lo primero es la vocación --26 por ciento--, el compañerismo --16,4 por ciento-- y la actitud de la persona ante el trabajo --11,7 por ciento--.
 Otra de las claves de la satisfacción laboral planteada por ellos es la conciliación laboral. Preguntados por la manera de repartir las tareas domésticas en el hogar los niños lo tienen claro, aunque en la gran mayoría de los casos los dos progenitores trabajan fuera de casa, son las mamás --en el 55,8 por ciento de las respuestas-- quienes en mayor medida se ocupan de las tareas del hogar. En segundo lugar, en los hogares españoles el reparto de las obligaciones domésticas corre a la par para los dos cónyuges --39,6 por ciento-- y en el 3,9 por ciento recae en la figura del padre.
 La encuesta arroja también conclusiones sobre la movilidad laboral internacional. De esta forma, concluye que el 28,7 por ciento de los menores se marcharía fuera de España a buscar trabajo si le surgiese la oportunidad en el futuro, frente al 47,6 por ciento que no tiene intención de marcharse al extranjero y el 23,6 por ciento que no sabe qué haría llegado el caso.
Trabajar en USA
 Entre los destinos preferidos por los niños que quieren trabajar fuera aparece en primer lugar Estados Unidos --30,5 por ciento--, seguido del Reino Unido --15,9 por ciento-- y Francia --12,8 por ciento--. Por edades, son los de más edad --de 11 a 16 años-- quienes más se plantean esta opción de emigrar, elegida por el 37,2 por ciento.
Finalmente, al ser preguntados por la forma en la que buscarían trabajo, los niños españoles muestran "una gran iniciativa" y eligen como primera opción lo que en recursos humanos se conoce como candidatura espontánea --en el 15,9 por ciento de los casos--, es decir, presentarán su CV a las empresas anticipándose a sus necesidades de contratación. En segundo lugar, recurrirían a sus contactos personales como vía para buscar trabajo y también usarían Internet.
 Si los niños españoles tuviesen la oportunidad de crear su propia empresa, sería en el sector alimenticio donde más negocios abrirían, así lo elige el 8,6 por ciento. Negocios relacionados con el deporte y la moda se sitúan en segunda posición, ambas con el 8,5 por ciento de los votos. A continuación son las empresas relacionadas con los animales, las actividades culturales y las de ocio, las preferidas por los pequeños