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sábado, 22 de julio de 2017

Todo lo malo se pega: ¿existe contagio de la corrupción política local en España?

Solo parece que existe  castigo contra la corrupción en las urnas cuando los medios de comunicación asumen el papel difusor de comportamientos poco éticos de los cargos electos  de los ayuntamientos

Varios autores* Blog Nada es Gratis.- La corrupción política es un grave problema de España. Eso es evidente. No solo lo es para la economía (trabajos seminales como el de Mauro, 1995, confirman la relación inversa entre corrupción y crecimiento económico), sino la propia población española así lo considera (véase las encuestas del CIS)

El  problema de la corrupción política local se sostiene, al menos, por dos factores: de un lado, porque la clase política en este país no se selecciona mediante un sistema meritocrático (al contrario que el acceso a la función pública, aún a pesar de las deficiencias que también presenta y que han sido analizadas aquí, aquí o aquí).

Y por otra parte, y quizás la más relevante, debido a que quienes deben sancionar este tipo de corrupción mediante el mecanismo del voto (puesto que el verbo dimitir no se sabe conjugar entre la clase política española), lo hacen de forma poco ejemplarizante o, incluso, premiando el robo gracias a la fidelidad de los votantes (véase Jiménez y García, forthcoming). Solo parece que tal castigo es algo menos laxo cuando los medios de comunicación asumen el papel difusor de tales noticias, como obtuvieron Costas-Pérez et al (2012).

En este poco halagüeño contexto, nos hicimos la pregunta de si existe la posibilidad que la corrupción política local se “contagie”. Este tipo de análisis de los “contagios” provocados por las interacciones sociales se usa de forma  más habitual en economía de la salud (contagio de la obesidad y del tabaquismo, principalmente) o en el estudio de los ratios de crímenes.

En nuestro caso, pretendíamos dar respuesta a: ¿hay más probabilidad de que la persona que ocupa un cargo político en mi municipio sea corrupto si el vecino (político) lo es? Esto es, ¿hay un efecto imitación en la actividad ilícita?

Además, dada la estructura de los datos, el análisis se seccionó en función de cuándo se cometió el delito y cuándo se detectó, con lo que pudimos atender a una pregunta más: si descubren un caso de corrupción en un municipio vecino, ¿la probabilidad de acusación por parte de la Justicia en mi municipio será mayor?

Base de datos y metodología
El análisis empírico está formado por todos los municipios con población superior a 1.000 habitantes en España (3.413), para los que obtuvimos tres tipos de datos:

Casos de corrupción política local.- Dada la inexistencia de bases públicas de casos de corrupción, el trabajo utilizó la información aportada por Jiménez y García (forthcoming). Disponemos de todos los casos de corrupción local con imputación en España, para el periodo 2000-2011 (ambos años inclusive).

Características municipales.- controlamos fundamentalmente por población, base imponible bruta del IBI, densidad poblacional e índice de actividad económica.

Variables geográficas.- creamos dos matrices. Una de ellas con valores binarios, solo para controlar si un municipio es limítrofe con otro; en la otra matriz calculamos la distancia entre los centroides de cada municipio. Ambas se crearon con bases de datos georeferenciadas de SIG.

La distribución geográfica de los casos se puede ver en los siguientes gráficos. Las Figuras 1 y 2 recogen los más de 200 casos contabilizados, en función del año que fueron cometidos los delitos.


Figura 1: Casos de corrupción en función del año que fueron cometidos

Fuente: Elaboración propia a partir de Jiménez y García (forthcoming)

Figura 2: Casos de corrupción en Canarias en función del año que fueron cometidos

Fuente: Elaboración propia a partir de Jiménez y García (forthcoming)

Tanto en el análisis gráfico como mediante la aplicación de la generalización del Test de Moran, se observa que existe correlación espacial entre los municipios donde se han dado casos de corrupcion local. Las estimaciones con modelos econométricos infieren y evalúan la situación a partir de este descriptivo inicial.

No obstante, el efecto espacial puede ser motivado por: 1) La organización de la justicia por distritos; 2) un contexto social y económico común a nivel municipal; 3) Verdadera interacción entre corruptos.

La opción 1) la descartamos por la existencia de una oficina nacional anti-corrupción. La 2) está minimizada al controlar por provincias en nuestras estimaciones. La 3) es la que tratamos de estimar, y es el efecto emulación.

Los resultados
La literatura sobre el efecto “contagio” de la corrupción se ha aplicado a nivel país y utilizando únicamente la adyacencia (ser vecino) como variable geográfica (véase Becker et al, 2009; o Seldadyo et al, 2010).

Como adelantamos, por razones analíticas identificamos separadamente el “efecto contagio” del “efecto acusación”. El primero es el relativo a que ser corrupto sea contagioso. El segundo a que la Justicia sea capaz de detectar más probablemente a corruptos vecinos.

Aplicamos tanto un modelo de corte transversal como, y es el más relevante, una estimación con variables instrumentales de datos de panel dinámicos en primeras diferencias, siguiendo a Arellano y Bond (1991). Los principales resultados se recogen en la Tabla 1, donde lo importante es el signo y significatividad estadística de la variable Neighbour accused: en los seis modelos es significativo y positivo.

Tabla 1: Variables instrumentales en primeras diferencias. Datos de Panel (Arellano)

Fuente: Elaboración propia.

Estos resultados implican, caeteris paribus, dos efectos: De un lado, cada municipio vecino corrupto que tenga un ayuntamiento aumenta la probabilidad que se haya generado un caso de corrupción en el municipio en un 3,1 por ciento. Por otra parte, por cada municipio vecino que haya sido acusado de corrupción, aumenta la probabilidad de ser acusado en un 6,7 por ciento.


El trabajo, si bien tiene limitaciones atribuibles a los datos, ofrece resultados suficientemente contundentes como para sustentar  la idea de la existencia de un comportamiento espacial geográfico de la corrupción y, en consecuencia, para orientar la asignación de recursos públicos en juzgados, policías y agentes supervisores en orden a generar la externalidad positiva de prevenir nuevos casos de corrupción. Además de detectar y perseguir los ya cometidos, ya que las urnas no lo ejercen con suficiencia.

Basado en: Danger: local corruption is contagious!, López-Valcárcel, B., Jiménez, J.L. and Perdiguero, J. Journal of Policy Modelling. Forthcoming. (en imprenta, puede verse una versión previa aquí)

lunes, 22 de julio de 2013

Reforma Local. Última Versión -15 de Julio de 2013- del Anteproyecto de Ley que aprobará proximamente el Gobierno

Tras el aplazamiento del pasado viernes 19 de Julio, ahora se anuncia su aprobación en el próximo  Consejo de Ministros del  viernes 26 de Julio, incluimos la última versión conocida de la reforma local



Opinión:  Corrupción municipal (¡ En Dinamarca ! )

 
Desgraciadamente, la corrupción es un tema de moda en España estos días. No tengo gran interés en comentar las últimas noticias de la actualidad Española. Ya tengo bastante con defenderme de los comentarios socarrones de mis compañeros de trabajo cuando nos juntamos para comer. No creo que a ningún lector le sorprenda que en el comedor de la LSE, la marca España cotiza bastante a la baja últimamente.  Lo que si voy a hacer en este post es a hablar de formas de detectar la corrupción utilizando métodos estadísticos.
 
Ayto de Boadilla del Monte (Madrid)
investigado en el caso Gurtel por la
gestión de varios exediles
La principal ventaja de medir la corrupción mediante métodos estadísticos es que, si se usan adecuadamente, permiten probar la existencia de corrupción sin necesidad de más pruebas que los datos económicos que proporcionan las empresas. Como desventaja, solo permiten probar la existencia de corrupción de una empresa tipo o media, pero no permiten probar la corrupción de nadie en particular.
 
Para el post de hoy, me voy a basar en un artículo de Daniele Amore y Morten Bennedsen que muestra evidencia clara sobre la existencia de corrupción a nivel municipal en Dinamarca. El objeto de estudio es interesante por dos motivos. En primer lugar Dinamarca es el país con el menor nivel de corrupción percibida del mundo según los índices de Transparency International. En comparación España se encuentra en el número 30 de ese mismo ranking (empatada con Botsuana y justo por delante de Estonia). Aunque cualquier índice está sujeto a posibles críticas, no parece controvertido afirmar que Dinamarca es un país donde la corrupción es reducida y los niveles de responsabilidad política son altos. Identificar que la corrupción en los ámbitos municipales es sustancial en un entorno como este nos da una idea de los niveles mínimos de corrupción que se pueden alcanzar en entornos favorables.

Existen numerosos estudios sobre la incidencia de la corrupción en entornos más corruptos, países en desarrollo o en situaciones de crisis. Podríamos considerar que estos estudios marcan el límite superior de los niveles de corrupción. Por el contrario, el ejemplo de Dinamarca nos da un límite inferior a los niveles de corrupción. Como veremos, los resultados no son muy alentadores y este límite inferior es bastante alto. En segundo lugar, aunque los grandes casos de corrupción pueden ser los más visibles y los más fáciles de investigar, la corrupción local o de baja intensidad puede ser mucho más costosa para la sociedad. Los costes de la corrupción en el municipio, la ventanilla administrativa o la escalera de vecinos son difíciles de medir, pero potencialmente importantes. Este artículo nos da una idea de la incidencia de dichos casos.

Agrupación de municipios
La metodología del estudio es además muy interesante. Aprovecha un cambio legislativo en 2005 que agrupó, a los municipios en Dinamarca en municipios más grandes. Antes del 2005 los 268 municipios existentes en Dinamarca oscilaban entre los 5.000 y los 400.000 habitantes. En 2005 se decidió a nivel nacional y hasta cierto punto por sorpresa que el número mínimo de habitantes de un municipio debería ser 20.000 habitantes. Esto implico que los municipios entre 5.000 y 20.000 habitantes se tuvieron que reagrupar mediante unos criterios geográficos y de tamaño hasta alcanzar el tamaño mínimo. En la práctica 238 municipios se tuvieron que reagrupar en 65 municipios de mayor tamaño. Los otros 33 municipios que ya eran grandes en 2005 no se vieron afectados por la medida.

 Este cambio legislativo es interesante para estudiar la corrupción, porque aquellos políticos que pertenecían a los municipios agrupados y fueron reelegidos después del 2005 aumentaron significativamente el volumen de recursos sobre el que tenían poder de decisión. En los municipios consolidados el número de habitantes por municipio creció más del doble. El gasto total se triplicó y el gasto en subcontratas se multiplicó por seis. En los municipios en los que no se produjo un cambio, estas medidas apenas se vieron afectadas.
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