Como gestionar mal la comunicación de los problemas se convierte
en un problema aún más grande
|
|
El proyecto es tan innovador que decide convocar un comité de expertos de dos tipos para evaluarlo: por un lado expertos científicos, por otro público experto (sus nietos) y un abogado porque, bueno, alguien tiene que caer mal. El caso es que el proyecto se descontrola porque un empleado desmotivado decide robar la patente del producto y, para cubrir su escapada, la tumba el sistema de la empresa. El malo, como era de esperar, y como muestra su desmotivación ganada parte por el sueldo bajo, parte por la desconsideración de su jefe, que sabe mucho de parques, pero nada de Unix es, evidentemente, informático.
El
caso es que de resultas de esta situación, el descontrol supone la muerte del
abogado (bien) y de parte del personal. La película, por si no lo habéis
adivinado, es Parque Jurásico y
nos sirve hoy de ejemplo de cómo
no ser honesto con los problemas de tus usuarios. Si a esto le
sumas no tener empatía el problema es el doble de gordo
La
minimización de la comunicación de los problemas
En
la cultura empresarial más moderna, o al menos en la moderna que conozco yo
,tenemos dos enfoques de gestionar los
errores en
un producto, servicio o iniciativa.
La
primera, que es la mayoritaria, es recurrir a dimensionar el problema por su causa. Es decir, en
nuestra metáfora, el gabinete de comunicación del señor Hammond (papel
encarnado por Richard Attenborough, entrañable actor que levantó el Oscar a
Spielberg con Ghandi en su faceta de director) le diría que minimizara el
problema yendo a la causa. Es decir, el comunicado sería
“Sabemos que ese T-Rex se ha comido al abogado en el
baño del parque, y los velociraptores se han jalado a Samuel L Jackson que se
ha fumado hasta un boli, por un problema de desmotivación de personal. Como
consecuencia, Parque Jurásico incluirá un bonus de productividad y un futbolín
en su departamento de servidores esperando que esta ingesta de personal del
parque no se repita”.
Puede
parecer broma, pero si recorréis la historia de las grandes pifias industriales de cualquier sector, por no hablar de
respuesta política a múltiples catástrofes y problemas, se ha asentado la idea
de que lo mejor para resolver una crisis es explicar que… sabes lo que la ha
causado.
Esta
opción es, como podéis suponer, ultrajante para quien sufre el problema. Me imagino la
cara de Laura Dern corriendo en la cocina del parque pensando que ese velocirraptor que ha
aprendido a abrir puertas (¿?) está ahí porque no ha recibido un coaching el
responsable de sistemas. Esto genera un profundo malestar no solo
porque elimina cualquier rasgo de
empatía con
quien sufre el problema (Laura Dern), es que directamente reduce el problema a las causas accionables del
problema (o
no), en lugar de mitigar los efectos reales que tiene y sus consecuencias.
Adicionalmente deslegitima
un poco (o mucho) el severo acojone o enfado de Sam Neill cuando tiene
que salir corriendo con una bengala delante del tiranosaurio que,
afortunadamente, tiene el estómago pesado después de jalarse al abogado.
El
dimensionamiento de los problemas por el impacto que suponen realmente
LA
segunda opción sería que el Señor
Hammond, incluso sabiendo la causa del problema, pusiera, en primer lugar a las
personas que lo sufren. Es decir, acercarse a la gente que está huyendo de
los dinosaurios, decirles que lo siente enormemente, qué hará lo que necesita
para resolver la situación y para que estén bien y que tratará por todos los
medios que no se repita. Bueno, se acercará lo justo para no ser el postre del
tiranosaurio, pero tampoco puede esperar la eternidad… porque reconocer los
problemas de ayer es la versión de tener un tío en Granada de resolver
problemas.
Esta
aproximación muestra empatía,
comprensión, compensación, esfuerzo y propósito de enmienda. Puede explicar el
tema de la desmotivación del personal, pero eso después de decir todo lo
anterior… porque si
empiezas por explicar los motivos de que está mal, como sabe cualquier madre o
padre, estás tratando de buscar una excusa.
La
comunicación de los problemas y la resolución de las crisis requiere honestidad
y algo de contenido de la resolución, porque de lo contrario, se pierde toda la confianza.
¿Y
por qué cuento todo esto?
Cuando
algo se rompe, y en el mundo digital esto pasa, de manera involuntaria, a veces
de manera indeseada y otras veces de manera inesperada (esto ya lo cuento otro
día), la gestión del malestar es
necesario para la supervivencia del proyecto. Cuando se habla,
por ejemplo, del eterno fiasco de las citas previas (las no obligatorias, que
las obligatorias ya son harina de otro costal), la gente no quiere saber que es que hay locutorios
vendiéndolas, ni que se ha racionalizado el trabajo… quiere saber (o al menos
creer) que alguien está haciendo lo posible para que el estrés que genera tener
que renovar en abril el pasaporte antes de irte a brasil en agosto no se dé. Y si se dá, que
lo siente y que sabe que la ha liado. Y si no se resuelva a tiempo, al menos que
se resolverá para las próximas vacaciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario