domingo, 14 de junio de 2015

Politikon: Nuevos ayuntamientos, nuevos partidos y la difícil gestión de expectativas

"¿Por qué los votantes han apostado por estos nuevos partidos, qué esperan de ellos, qué objeto tenía su voto? "
 
Jorge Galindo. Blog Politikon.- Hoy -sábado 13 de junio- se constituyen más de 8.000 corporaciones municipales en España. El cambio con respecto a 2011 es aparente, profundo y sobre todo multicolor. Las mayorías claras escasean, los pactos (de gobierno o de “dejar que se gobierne”) abundan, y los nuevos partidos de uno y otro signo tienen una gran responsabilidad depositada en sus hombros, tanta como expectación han generado.
 
Portada del ABC del domingo 14 de
junio, el día después de la constitución de
los nuevos ayuntamientos tras el 24_M
En los últimos días se ha ido reproduciendo un debate en los medios (ayer Pablo Simón y yo en Hoy por hoy, hoy Pablo en Al rojo vivo) y en Twitter que tiene como piedra de toque precisamente las expectativas del electorado respecto a los cambios que se están produciendo. Como demasiado a menudo uno tiene la impresión de que estas discusiones se disuelven como un terrón de azúcar en la marea confusa de ideas, he decidido poner aquí en negro sobre blanco algunas ideas para que después podamos volver a ellas y contrastarlas. Porque la respuesta última a la pregunta central, si las expectativas generadas han sido excesivas o no, es irresoluble ahora. Solo el tiempo lo dirá.
 
La primera cuestión a resolver es profundamente compleja. Por qué los votantes han apostado por estos nuevos partidos, qué esperan de ellos, qué objeto tenía su voto. Por descontado que no puede establecerse una interpretación unívoca, solo ciertas tendencias. Parece lógico pensar que al intentar forzar el cambio de quién está al mando también se busca (o incluso que es lo que más se busca) es una modificación en el qué se hace, en las políticas. Al fin y al cabo, esto es lo que importa a los ciudadanos en última instancia, más si cabe en el nivel local, tan cercano a las preferencias y a las necesidades cotidianas de todos nosotros. Por tanto, una vez solventado el tema de las expectativas sobre el quién en tanto que se asumió desde la misma noche electoral que casi cualquier nuevo gobierno debía pasar por algún tipo de pacto, queda el asunto de qué políticas cambiar y cómo.
 
¿La prioridad?: Echarlos ¡
Podemos pensar que para muchos votantes la prioridad absoluta era simplemente “echar” a tal o a cual partido de la oficina de la alcaldía, como parecía y parece ser el discurso reinante en lugares como Valencia. Y que a partir de ahí se está abierto a cualquier tipo de trayectoria. Como sociólogo, me resulta difícil aceptar que los individuos son personas vacías de preferencias, intereses y apriorismos.
 
Sin embargo, sí puedo entender que la coordinación del voto en torno a, por ejemplo, Manuela Carmena se ha producido más a una equivalencia de demandas que a una agregación de preferencias. Es decir, los votantes se han puesto de acuerdo en que había que cambiar (demanda) sin entrar a considerar demasiado hacia dónde debería ir el cambio (preferencias). A partir de aquí, uno puede pensar que “si las promesas son vagas, se me hace difícil decir que las expectativas son muy altas”, como dice Pepe Fernández-Albertos. La idea tiene bastante sentido, a priori. Al fin y al cabo, si uno no sabe qué esperar, si no tiene una referencia clara de “anclaje” de sus esperanzas, va a estar mucho más abierto a cualquier alternativa que se evaluará un poco ex post, quizás incluso basándose de alguna manera en los resultados de la misma.
 
Sin embargo, esto solo sería cierto (o sería más cierto) si aceptamos que los votantes no tienen preferencias formadas de antemano sobre lo que quieren que cambie y cómo. Por un lado, si esto fuese totalmente cierto, a estos mismos votantes les habría dado igual dar su apoyo a un partido o a otro siempre que se sumase la suficiente fuerza para que algún cambio se produjese. El mero hecho de que las personas que desean cambio se hayan dividido entre varios partidos de distintas orientaciones ideológicas ya nos dice que tal no es el caso. Pero esto no lo pone, creo, nadie en duda.
 
La verdadera cuestión es si las personas que han votado a un mismo partido lo han hecho desde unas preferencias establecidas de antemano, montando, digamos, castillos en el aire sobre los nuevos partidos. Éstos habrían funcionado más como un recipiente de esperanzas que como una propuesta específica a la cual se suscriben muchas voces tras un proceso de renuncia y aceptación hasta encontrar un mínimo común denominador. A mí esta hipótesis me parece algo más plausible, pero reconozco que no es más que eso: una especulación.
 
A partir de aquí hay dos caminos posibles. Por un lado, puede ser que las similitudes entre expectativas sean grandes, y que se trate simplemente de cumplirlas o no. En este caso, todo va a depender de lo en cuenta que tengan tanto votantes como gobernantes las fuertes restricciones existentes en tantos lugares. Y no hablo solo de presupuesto, sino también de la necesidad de negociar casi cada medida con otros partidos cuyo apoyo es necesario, además de tener en cuenta que las próximas elecciones generales pueden provocar un proceso de realineamiento en las coaliciones que han emergido hoy. Solo me gustaría subrayar que no es imposible, pero es difícil.

Otras expectativas
Pero por otra parte es posible también que las expectativas sean distintas, que exista heterogeneidad fuerte en las preferencias de los votantes a un mismo, nuevo partido. En ese caso, se haga lo que se haga va a dejar descontento a una parte del electorado. Aún diría más: como apunta Jorge San Miguel, los descontentos pueden ser también una porción de la coalición. Esto quizás no es tan cierto para Ciudadanos como lo es para las candidaturas de unidad popular surgidas en torno a Podemos y a otros movimientos de izquierda, donde se han integrado, como bien subraya San Miguel, muchas corrientes distintas que van a querer llevar adelante su propia agenda.
 
En cualquier caso, todo esto no son sino especulaciones que, espero, puedan servir de alguna manera como marco de referencia para entender lo que se nos viene encima. Pero las expectativas son así: solo el tiempo puede juzgar sobre su validez.
 

sábado, 13 de junio de 2015

Andrés Morey: La interinidad como institución

Otra entrada de interés. ¿Hay Derecho?: ¿Pero va a responder alguien del despilfarro en la contratación pública?

Andrés Morey en Tu blog de la Administración- Las visitas que reciben las entradas dedicadas a los funcionarios interinos o a la figura de la interinidad dan idea de la importancia que la figura ha adquirido en nuestras administraciones públicas, de ahí y por las razones que he apuntado en otras ocasiones que me refiera en el título de esta entrada a la interinidad como una institución.
 
Además los interinos han adquirido conciencia de ello y se asocian para luchar en un avance cada día mayor por conseguir los mismos derechos que los funcionarios de carrera, naturalmente salvo el de permanencia en el puesto y en la función.
 
La interinidad como figura forma parte del sistema de provisión de puestos de trabajo y tiene raíces en el de selección o ingreso en las Administraciones públicas, dado el tiempo que duran estos procedimientos delectivos, y sobre todo en aquellos cuerpos o funciones en los que el número de puestos es mayor. Paradigmático es el caso de los docentes, sobre todo en el primer nivel.
 
De otro lado, en cambio, como ya he dicho en ocasión anterior, para otros el interino no está bien considerado pues no ha superado unas pruebas selectivas y no ha ingresado a través de ellas en la Administración pública. Pero hasta esta cuestión resulta cada día más matizada por los sistemas de formación de listas de aspirantes a interinidades y por los requisitos que en ellas se van introduciendo a efectos de establecer el orden para la elección de puesto y nombramientos. Aquí tenéis un ejemplo de la última bolsa respecto del personal docente regulada en la Comunidad Valenciana y que provocó un recurso contra el acuerdo del que nace que de momento anula la obligación de aprobar las oposiciones.

 

El problema principal, desde mi punto de vista, en estas bolsas es el de que cada bloque constituya o no una lista que hay que agotar para pasar al siguiente, dado que, salvo error de mi parte, nadie está obligado a ir a un destino determinado que no le convenga por razones familiares u otras de cualquier índole, sin perjuicio de que quepan sanciones en casos injustificados.
 
Las listas de interinos que gestionaba en mi período de funcionario, partían de unas previas solicitudes en las que cada uno especificaba por orden las localidades en que quería ser nombrado en caso de vacante, con la posibilidad lógica de solicitar cualquier vacante o todas las vacantes que se pudieran producir; de este modo se evitaban problemas. En primer lugar había sesiones públicas donde se elegía por el orden de puntuación de la lista la vacante deseada. a partir de ahí las vacantes se cubrían cuando se producían. No voy a entrar en los problemas y cuestiones de esta segunda fase, pero baste decir que gestionar una lista importante en número de aspirantes y vacantes posibles es complejo y puede dar lugar a incidencias múltiples. Lo importante es destacar ahora que la configuración de los requisitos y los méritos es lo más complejo y lo que afecta más a la gestión de la lista o bolsa y que puede haber bloques o no, en el este último caso puede ocasionar más dificultades de gestión (hay que tener en cuenta que en aquéllos tiempos la residencia en la localidad era un factor importante y el ser cónyuge de funcionario también. De otro lado, es claro que el interino, en la medida de sus méritos o puntuación está sujeto a una movilidad que puede ser considerable.

Pero lo que se demuestra con los bloques y demás cuestiones es que siempre hay interinos y que hay personas que toda su vida desarrollan sus funciones como interinos hasta tener derecho a una pensión y que lo importante es la calidad profesional de cada uno, su interés, profesionalidad y dedicación. La interinidad en el sistema de provisión es inevitable, sin perjuicio de otros sistemas de provisión que pueden utilizar los funcionarios de carrera pues siempre hay al final una vacante que cubrir. Por ello sin que exista derecho a la permanencia puede haber interinos que permanecen siempre, si bien en distintos puestos o vacantes. No se les puede menospreciar, pero si evaluar al igual que al personal de carrera y quizá ya que son una institución, sería conveniente que no se politizaran como consecuencia de ser interinos o tener problemas.

viernes, 12 de junio de 2015

Funcionarios de las diputaciones podrán desempeñar funciones de tesorería en municipios de menos de 20.000 habitantes

Otra entrada de actualidad. Blog EsPúblico: Constitución de Ayuntamientos

Revista de prensa. Europa Press.- Funcionarios de carrera de las diputaciones provinciales podrán desempeñar funciones de tesorería y recaudación en municipios con una población inferior a los 20.000 habitantes en caso de que quede acreditada la imposibilidad de hacerlo por un funcionario local con habilitación de carácter nacional.
 
Fachada de la Diputación de Valladolid
Así consta en una enmienda que ha introducido el PP en la ley sobre reutilización de la información del sector público que está tramitando el Congreso de los Diputados, a la que ha tenido acceso Europa Press.
 
Según consta en el texto, cuando el Pleno municipal acredite la imposibilidad de que las funciones de tesorería y recaudación sean desempeñadas por un funcionario de administración local con habilitación de carácter nacional, las funciones podrán ser ejercidas por funcionarios de carrera de las diputaciones provinciales. Y en caso de que esto no sea posible, por funcionarios de carrera que presten servicios de corporación local.
 
Profesionalización  
"En ambos casos, deberán ser funcionarios de carrera y actuarán bajo la coordinación de funcionarios del grupo A1 de las Diputaciones Provinciales o entidades equivalentes", indica el texto introducido por el PP, que fija además que esto será así hasta el 31 de diciembre de 2016.
 
Los 'populares' justifican que esta modificación permite ajustarse a la realidad local de los municipios españoles, en línea con la idea de "profesionalización" de estas funciones que incluyó la reforma local aprobada por el Gobierno durante esta legislatura.

jueves, 11 de junio de 2015

Francisco Longo: Retribuir el talento público

"No es bueno para el servicio público separar tanto los sueldos del mercado si se aspira a contar con los mejores"
 
Francisco Longo. La galaxia pública.- Leo que Ada Colau piensa fijar un tope de 37.000 euros anuales a los sueldos de concejales y directivos del Ayuntamiento de Barcelona. Incluye su propio sueldo de muy probable Alcaldesa, que quedaría en poco más de la cuarta parte de lo que  cobraba su predecesor. La medida será popular, pero creo que vale la pena reflexionar un poco sobre su significado y consecuencias.
 
Ada Colau, próxima alcaldesa de Barcelona con
el alcalde saliente Xabier Trias. Foto cCnfidencial
Teniendo en cuenta que hablamos de una organización con 2.550 millones de presupuesto y más de 12.000 empleados, salta a la vista que las retribuciones que se piensa implantar están a distancia sideral de las que rigen en el mercado para directivos de empresas comparables. Eso no es necesariamente malo, dado que las compensaciones agregadas –directas, indirectas y diferidas- de los altos directivos alcanzan, con frecuencia, niveles desmesurados que no se relacionan con el valor de los cargos o su contribución a los resultados, ni siguen criterios razonables de  equidad interna en la empresa. En realidad, algunas remuneraciones obscenas son el síntoma de una enfermedad que aqueja, en ocasiones, al capitalismo contemporáneo: la captura de las empresas por quienes las administran.
 
Tema debatido
Por esa razón, muchas voces se han alzado contra tales abusos. Una de las más conocidas es la de Thomas Minder, el senador suizo que consiguió que su país aprobara en referéndum en 2013 que sean los accionistas, no los consejos, quienes fijen los salarios de administradores y directivos, y que se eliminen las abusivas indemnizaciones por cese. Otra iniciativa –cuyos postulados apuntan a una refundación radical del modelo capitalista- es la de la llamada “economía del bien común”, cuya figura más conocida es el economista austríaco Christian Felber. Su propuesta es que se establezca un límite salarial máximo equivalente a 20 veces el salario mínimo legal de un país. En España, eso equivaldría, hoy por hoy, a algo menos de 182.000 euros anuales. En esa línea, en algunas empresas del sector de la economía social ha arraigado la propuesta formulada en el Reino Unido por la New Economics Foundation que sugiere una ratio ideal de 1/8 (es decir, que el sueldo más alto en una empresa no supere en más de ocho veces el del empleado que menos gana). Esta propuesta, ha sido asumida en España, por ejemplo, por el grupo cooperativo Mondragón.
 
¿Son un problema los sueldos públicos?
¿Hay un problema de sueldos excesivos en la Administración pública española? No parece que sea así, si exceptuamos el caso de los controladores aéreos, fenómeno endémico de captura del patrimonio público por parte de un grupo de interés. Por el contrario, en nuestro sector público las cuantías salariales de quienes ejercen responsabilidades de gobierno y dirección satisfarían (tal vez haya alguna excepción que desconozco) las aspiraciones de esos movimientos críticos con las desigualdades retributivas.
 
El anuncio de la futura alcaldesa va mucho más lejos que esas propuestas y fija de hecho una ratio de concentración salarial en la administración municipal inferior al 1/2. ¿Es eso conveniente?. Creo que no, y lo creo así porque la medida entraría en conflicto con las dos principales características que debe reunir una buena política de compensación: la equidad interna y la competitividad de los salarios.
 
Si hablamos de lo primero, un abanico salarial tan cerrado es ineficaz –aplicando estándares de buena práctica comúnmente aceptados- para reconocer equitativamente las diferencias de contribución según los cargos y las responsabilidades. Esto desincentiva el esfuerzo, el aprendizaje y la asunción de responsabilidades e impide una correcta gestión del talento. Por otra parte, en el caso del Ayuntamiento, la medida situaría las retribuciones de concejales y gerentes bastante por debajo de las que perciben los funcionarios municipales de los niveles superiores quienes, lógicamente, ocuparán posiciones subordinadas a los primeros. Los efectos disfuncionales de esta inequidad se manifestarían con rapidez.
 
Poco sueldo y con los "nuestros"
En cuanto a la competitividad, la medida puede dificultar sensiblemente la atracción y retención del talento gerencial necesario para dirigir una institución tan grande, diversificada y compleja. No es bueno para el servicio público separar tanto los sueldos del mercado si se aspira a contar con los mejores. Salvo, claro está, que se sustituya el talento por la militancia y se quiera gobernar con “los nuestros”, lo que no es nada recomendable. Y es que, aunque el gesto suscitará simpatías, los ciudadanos no necesitamos que los gobernantes y directivos públicos cobren poco, sino que hagan bien su trabajo y que perciban por ello lo que requiere la importancia de su misión al servicio de todos. A los barceloneses, accionistas de nuestro Ayuntamiento, lo que nos conviene a la hora de retribuir a los gestores municipales es pagarles bien y exigirles mucho.

miércoles, 10 de junio de 2015

Un portal del Tribunal de Cuentas permite conocer cómo cumple cada entidad local su deber de rendir cuentas

Revista de Prensa. 9.6.2015.-EP.-Un portal web del Tribunal de Cuentas pensado para fomentar la transparencia en la Administración Pública Local permite desde ahora a los ciudadanos conocer cómo está cumpliendo cada ayuntamiento su deber de rendir cuentas.

A través del Portal de Rendición de Cuentas, en el que participan la mayoría de los Órganos de Control Externo de las comunidades autónomas, se puede conocer "de forma inmediata y directa" el cumplimiento de esa obligación, así como acceder al contenido de las cuentas rendidas por cada entidad local en los últimos ejercicios, según han informado este martes el Tribunal de Cuentas y el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno.
 
Este último organismo, que incluye un acceso directo al portal en su página web, valora "muy positivamente" la iniciativa ya que "representa un paso más en la transparencia de la gestión pública".
 
Aunque todavía no son completos, los niveles de rendición de cuentas de las entidades locales han experimentado un importante incremento en los últimos años, según el Tribunal de Cuentas.
 
El porcentaje de las cuentas de 2009 rendidas a 31 de diciembre de 2010 representó un 34 por ciento, y cuatro años después se elevó hasta el 81 por ciento, en las cuentas correspondientes a 2013 rendidas a 31 de diciembre de 2014.

martes, 9 de junio de 2015

R. Jiménez-Asensio: El "sueldo" de los políticos

"El gobierno local suele considerarse con demasiada frecuencia como un pasatiempo de las clases acomodadas y de las personas que se han retirado de la vida activa. Pocos hombres y mujeres jóvenes y capaces llegan a interesarse en los asuntos locales. Si se quiere remediar esto, el gobierno local debe convertirse en una carrera remunerada, por las mismas razones por las que se paga a los miembros del Parlamento” 
(Bertrand Russell, “Autoridad e Individuo”, FCE, 1949)
 
“Nadie ha sabido revelar mejor que Kraus, en su lucha encarnizada contra los periodistas, las leyes ocultas del espectáculo, ‘los hechos que producen noticias y las noticias que son culpables de los hechos’”
(Giorgio Agamben, Medios sin fin. Notas sobre la política. Pre-textos, 2010)
 
Rafael Jiménez Asensio. La Mirada institucional.- La política es en la actualidad una actividad sometida a un intenso escrutinio. En una sociedad democrática la rendición de cuentas está en la base de toda política. Pero algo falla cuando en el debate público y mediático se cuela de rondón la demagogia. En la sociedad del espectáculo, de la que hablara providencialmente Debord en 1967, multiplicado su eco hoy en día por las redes sociales, lo que “más gusta” a esos espectadores del foro público es el escándalo o todo lo que pueda asimilarse con él. Y a todo ello se presta, como anillo al dedo, la cuestión de las retribuciones de los políticos.
 
La política está demonizada en los últimos años. La pérdida de confianza por parte de la ciudadanía es general, pero en nuestro entorno adquiere rasgos de venganza primitiva o, incluso, tribal. Es más, la política nunca ha gozado de prestigio en una sociedad carente, como es la nuestra, de las más mínimas raíces de cultura institucional. Bien es cierto que a su desprestigio ha contribuido de forma sobresaliente un inaceptablemente amplio elenco de políticos corruptos que han hecho un daño atroz a las instituciones y a la propia política.
 
Pero nos guste más o menos, sin políticos no podemos vivir. Habrá que acostumbrarse a ello, aunque a algunos les disguste. Y si se quiere una política de calidad, con dignidad democrática y alejada diametralmente de la corrupción, no hay otra opción que, tal como hacen todas las democracias avanzadas, mejorar los controles y retribuir convenientemente a nuestros gobernantes.
 
Un debate apasionado
Las retribuciones de los políticos despiertan debates apasionados y, por lo común, alejados de una deliberación bajo parámetros de racionalidad. Conviene precisar de inmediato que el mero hecho de que se retribuya el desempeño de cargos públicos es una conquista (por cierto relativamente tardía) del Estado democrático (más aún en el ámbito local). El primer liberalismo estuvo marcado por lo que Bernard Manin acuñó con la expresión de “aristocracia democrática”, basada en “el principio de distinción”. Dicho en otras palabras: solo aquellos varones que tenían rentas (propiedades) o capacidades especiales eran los llamados a gobernar o representar al común de los mortales.
 
Quien mejor expresó esa idea fue ese oráculo del Estado liberal llamado Benjamín Constant. En su espléndida obra de “Escritos políticos” (CEC, 1989), imprescindible en todos sus capítulos salvo quizás en este, Constant afirmaba que quienes estaban condenados a trabajar todos los días o no disponían del ocio indispensable para adquirir ilustración y rectitud de juicio (esto es, quienes no eran propietarios) no podían estar llamados al ejercicio del poder, por tanto a la representación ni al gobierno de la cosa pública. Tampoco al voto.
 
Esa idea se marcó con letra fuerte por esa corriente denominada el liberalismo doctrinario, que tuvo particular eco en la España decimonónica. François Guizot lo reflejaba de forma muy precisa, cuando se refería, en su libro “La democracia en Francia”, a que “la idolatría democrática es el mal que yo ataco”. La legislación electoral y su inmovilismo censal mientras fue primer ministro antes de la revolución democrática de 1848 en Francia, así lo atestiguaron.
 
Sin embargo, conforme el Estado fue ampliando su base electoral y se transformó de liberal en democrático, la retribución de los cargos y representantes públicos (en todos los ámbitos de poder) fue asentándose de forma definitiva. Como bien dice Manin, “la extensión del derecho de voto y desaparición del requisito de riqueza para ser representante” allanó el camino para que las clases menos pudientes de la sociedad pudieran acceder al poder y ejercer sus funciones con dignidad democrática. Así, el principio democrático sustentó también el ejercicio retribuido de cualesquiera funciones públicas, con carácter general. Algo que ahora, imprudentemente, se discute o se matiza.
 
Obviedad
Conviene recordar tanta obviedad cuando en este país, hundido desde tiempos inmemoriales en un subdesarrollo institucional notable del que parece no saldremos jamás, es debate y noticia lo que no debía serlo, o al menos aquello no lo es en el resto de democracias avanzadas: el “sueldo” de los políticos. Cabe decir de entrada que las retribuciones de los Ministros y del propio Presidente del Gobierno central son mucho menores en términos comparativos de las que tienen la mayor parte de los países democráticos. Es una anomalía que no hemos sabido corregir. Sorprende, sin embargo, cómo (dejemos de lado el caso de los Secretarios de Estado) otros órganos constitucionales del Estado o de creación legal, cuyos emolumentos se reflejan también en los Presupuestos Generales del Estado, sus miembros perciban retribuciones muy superiores: ¿Qué justifica ese trato discriminatoria? Nada.
 
Es cierto que hay políticos autonómicos y algunos locales que superan (o superaban) esos umbrales retributivos mínimos establecidos para los Ministros. Pero no cabe olvidar (por mucho que siempre se olvide) que esos niveles de gobierno gozan de autonomía política. Ello implica discrecionalidad para implantar les retribuciones que consideren pertinentes siempre que quienes adopten tales decisiones respondan políticamente (esto es, las justifiquen) ante la ciudadanía. Luego esta valorará si son acertadas o no.
 
Pero eso es algo que el propio Gobierno central se ha encargado, paradójicamente, de desmentir. La reforma local que se aprobó en 2013 (con plenos efectos a partir de la constitución de los nuevos ayuntamientos en junio de 2015) proyectó una larga sombra de duda sobre la Política Local, al marcar unos límites retributivos máximos según la dimensión poblacional del municipio. Flaco favor a una (por lo común) abnegada actividad política local: un alcalde o alcaldesa representa a su municipio y debe estar en plena dedicación los siete días de la semana. En fin, echar más leña al fuego de forma irresponsable. De aquellos polvos vienen (algunos de) esos lodos.
 
Más tarde, políticos de “nueva generación” han recuperado ese discurso fácil, tal vez arrastrados por “el estilo Mújica” (ex presidente de Uruguay), persona de alta consideración moral y auténtico ejemplo de ejercicio ético de la política, que renunció (por razones estrictamente personales y en circunstancias particulares que ahora no es menester entrar) a buena parte de su sueldo para dedicarlo a acciones sociales. Pero Mújica solo hay uno, además él predicó con el ejemplo, no con el efecto mediático de anunciar a bombo y platillo que iba a ser ejemplar, ni tampoco dedicó esos recursos sobrantes –digámoslo todo- para alimentar “la caja” de su propio partido o conglomerado electoral.
 
Esa pretensión de que la actividad política debe ser retribuida con estándares propios de una actividad profesional no cualificada ha sido sobredimensionada por algunos medios de comunicación y aplaudida por unas huestes de ciudadanos para los que denostar la política y a los políticos es su motivo principal en estos momentos de hartazgo colectivo. No de otro modo se entiende que se divulgue y se aplauda de forma acrítica que un Alcalde o Alcaldesa, los concejales o gerentes y el personal directivo de designación política de una gran ciudad cobren como máximo 2.200 euros brutos al mes. Una cosa es que un cargo público renuncie a su retribución, pues es un derecho y no una obligación, otra distinta es que generalice un sistema que pretende convertir el ejercicio del cargo en una prestación onerosa o sin ningún tipo de incentivos en relación con el mercado. ¿Qué dignidad representativa y democrática se ejercerá desde esos cargos con esa retribución?, ¿cómo convivirán esas retribuciones con otras de altos funcionarios cualificados que multiplican por dos o por tres tales emolumentos?, ¿qué incentivo tendrá para esos altos funcionarios o para profesionales externos de prestigio desempeñar el puesto de Gerente de Urbanismo o Economía, por poner dos ejemplos?, ¿serán estos puestos directivos cubiertos por profesionales con experiencia acreditada o entre activistas políticos o sociales sin experiencia alguna? Si es así, pobre ciudad, pobres ciudadanos.
 
Tampoco es de recibo airear (siempre en un mitin, lugar impropio para cualquier debate razonable) que el Presidente de una Comunidad Autónoma debe cobrar como máximo tres veces el salario mínimo interprofesional. Ese es un debate que no existe en ninguna otra parte del mundo civilizado. Solo propio de una sociedad descreída con la política, alimentada irresponsablemente por discursos cargados de demagogia y de inmadurez democrática.
 
A la política y sus aledaños es obvio que no debe ir nadie a enriquecerse. Para ello nada mejor que ver con qué se llega y cómo se sale. Un test que habrá que hacer también a quienes se incorporan a tan noble actividad en estas fechas. La actividad política y más aún la dirección pública debe ser capaz de captar los mejores talentos, también debe atraer a profesionales de excelencia con vocación de servicio público y fuertes convicciones éticas de lo público, como así ocurre en los países que apuestan por instituciones sólidas y de calidad.
 
Las personas que dedican parte su vida, sus esfuerzos y su ilusión en servir a sus ciudades y pueblos, así como a sus ciudadanos, deben ver compensados sus esfuerzos y dedicación con salarios competitivos y dignos, también por elemental sentido democrático. No cabe proletarizar la política o hacer clientelismo “barato” de la actividad pública, asesora o directiva.
 
Cierto es que, como dice el colectivo “Politikon”, hemos tenido en España (y todavía seguimos teniendo, mientras no se demuestre lo contrario) unas élites mediocres. Pero ese pretendido atajo de establecer con carácter general sueldos abismalmente alejados de la posición institucional que ocupa un representante o cargo público es sencillamente no tener el más mínimo sentido de lo que son las instituciones públicas y cuál es su papel.
 
Baja calidad democrática
En efecto, al no existir incentivos retributivos dignos, no es una solución institucional adecuada llenar la nómina del gobierno (sea cual fuere su nivel) de cargos públicos intermedios, asesores y directivos con personas sin experiencia profesional, de activistas sociales o de partidos o ciudadanos que acceden por vez primera a un empleo cotizado (en términos de seguridad social). Esta es una mala práctica que, en algunos ámbitos como en los de asesores, los “partidos tradicionales” han ejercido y sus nefastas consecuencias son visibles. Todo apunta que se extenderá ahora, por algunas “formaciones nuevas” también a la dirección pública.
 
Los efectos inmediatos de esa mala práctica pueden generar unas instituciones de baja calidad democrática, que no reforzarán (sino todo lo contrario) su limitado prestigio ante la ciudadanía y pueden ser focos de ineficiencia (lo que es particularmente grave) en sus resultados de gestión. Habrá que volver sobre ello cuando haya que hacer necesario balance de esa actividad “ejemplar” (en términos casi misionales) en la que pretenden convertir el ejercicio de la política y de la dirección pública algunos apóstoles de “la nueva política”. Caldo de cultivo, si no se remedia pronto e inteligentemente, para ensuciar más aún la vulnerable imagen de la política y la débil posición institucional de los puestos de asesores y de dirección pública. Por ahí se empieza. El final hace mucho que está escrito.

Entrada reciente del mismo autor: ¿Ganar o Gobernar?. Política local en tiempos de cambio.

lunes, 8 de junio de 2015

Nuevas corporaciones desde el 13-J: Los nuevos concejales y directivos locales tendrán mucho que estudiar

“Los gobiernos más débiles son los que tienen un menor nivel de deuda per cápita”.
 
Antonio Arias. Fiscalización.es.- Las Corporaciones Locales se enfrentan a una semana crucial al constituirse este sábado, tras los resultados de las elecciones del mes pasado. Los retos actuales que enfrentan los ayuntamientos requieren de funcionarios y concejales con experiencia y conocimientos, así que ultimados los pactos necesarios, muchos deberán ponerse a estudiar para afrontar unos ejercicios económicos que se prevén llenos de tensiones políticas y financieras.
 
El panorama presupuestario local parece estabilizado tras años de desplome de la recaudación y su adecuación al estado de gastos. El año pasado, el conjunto de las EELL presentaron un superávit del 0,53 por ciento del PIB (alrededor de 5.300 millones) así que han hecho bastante bien sus deberes en los aspectos de fondo. Esto nos da pie a algunas reflexiones.
 
Los débiles están menos endeudados
Los académicos Bernardino Benito, M. Dolores Guillamón y Francisco Bastida estudiaron con rigor la evolución de las variables que explicaban el endeudamiento en los ayuntamientos españoles con más de 1.000 habitantes durante la década pasada. Concluyeron que, por una parte, las variables de tipo socioeconómico (población, porcentaje de inmigrantes, nivel económico, transferencias e impuestos) afectaban positivamente al nivel de deuda per cápita, mientras que variables como la fortaleza política indicaron que “los gobiernos más débiles son los que tienen un menor nivel de deuda per cápita”. Así que no tengamos miedo a los gobiernos en minoría, con pactos y sin ellos.
 
Hay que estudiar
Todo parece indicar que habrá muchos relevos en los gobiernos locales. Los concejales y funcionarios del mundo local no paran de estudiar en los últimos años, fecundos en cambios legislativos. Para ayudarles en esa tarea aportamos desde la bitácora dos consejos.
 
Por una parte, debo traer a colación al primero de los firmantes del artículo anteriormente citado. El catedrático de contabilidad Bernardino Benito López acaba de publicar junto a Juan Martín Atenza Almagro (Jefe del Servicio de Intervención del Ayuntamiento de Lorca) la segunda edición del imprescindible “Tratado de Contabilidad Pública Local” en la prestigiosa editorial El Consultor de los Ayuntamientos (Enero 2015 y unos 120 euros) actualizando su contenido con las recientes reformas legislativas, todas ellas de máximo interés para los servicios económicos de los Ayuntamientos y entidades locales: las nuevas instrucciones de contabilidad, la nueva estructura presupuestaria aprobada por Orden HAP/419/2014, de 14 de marzo, la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria (la regla de gasto) así como las importantes reformas operadas en la Ley de bases de régimen local y en el Texto refundido de la ley de haciendas locales. Todo ello insistiendo en la contabilidad de las operaciones a través del modelo simplificado que en España, al ser de pequeño tamaño la mayoría de Ayuntamientos, pueden aplicar.
 
Otro asunto relacionado. Del 15 al 17 de julio se celebra en Gijón el curso de verano La autonomía local: principios y competencias que dirige el catedrático Antonio Torres del Moral (Coordinador: Ana Nava Vázquez) con la participación de magistrados (David Ordóñez Solís) académicos (Ramón Punset Blanco, Carmen Fernández Rodríguez, Marta Lora-Tamayo Vallvé) y habilitados nacionales (Miguel Ángel de Diego Díaz). Me han concedido el honor de ser ponente de los aspectos económicos de la nueva normativa. Una actividad sin duda interesante.