sábado, 4 de julio de 2026

Sergio Jiménez: Innovar no es una excusa, es una exigencia

¿Qué tolerancia al fallo tienen las iniciativas innovadoras y cómo puede afectar esto a nuestra   estrategia?

Por Sergio Jiménez blog.-La llegada del mundial de futbol en España ha cambiado enormemente desde que yo era pequeño hasta hoy. No es que haya más expectación, que siempre ha sido altísima, sino en la actitud de la gente. Hasta aproximadamente la Eurocopa de 2008, España estaba sometida a la llamada “maldición de los cuartos”. Da igual lo bien que jugara o lo débil que fuera el rival, en cuartos de final se volvía como bien señalaba Amaral. La afición española asimilaba que era lo más a lo que se podía aspirar. La simultaneidad de la superación de los cuartos de final en la Euro de 2008 (con el título final) ante Italia, culminando una venganza a los cuartos de final de 1994, con los triunfos de la generación de Gasol o de Nadal, cambió la percepción del deporte español. Se pasó del “caemos en cuartos seguro” a la frase “ser español no es una excusa”… Y la verdad es que creo que ese cambio de mentalidad debe formar parte del ecosistema de la innovación.

Innovar como excusa

Me he tirado un montón de años escuchando un mantra tradicional en el mundillo de la innovación:fracasar no importa”. Realmente creo que el sentido de la frase es que el fracaso no debe detener una iniciativa de seguir adelante hasta lograrlo, pero muy habitualmente lo he escuchado como “si la cagas, no pasa nada”.

Este es un término que siempre me ha molestado por dos motivos. En primer lugar, porque, sobre todo en la esfera pública, una cagada tiene efectos sobre la sociedad que no está concurriendo en un mercado. Si un sistema de becas “innovando” fracasa, lo que se daña no es el ego de la persona que lo lleva, sino las oportunidades de las personas que necesitan esa beca para estudiar. Por otro lado, más de una y más de dos veces he escuchado el subterfugio de “es que estábamos innovando” para explicar un problema que posiblemente no estuviera vinculado con la innovación, sino con hacer las cosas con poca atención, interés o planificación.

Cuando pasa esto, salen dañadas la innovación, el servicio público y la sociedad. Por un lado, las personas que sufren un servicio deficiente, acaban molestas y pierden confianza en la administración. El servicio público también está afectado, no solo porque los errores al final hay que resolverlos (doble de trabajo), sino porque, además, a nadie le gusta el sentimiento de que algo salga mal. Finalmente, la innovación sale perdiendo, porque bastante complicado es hacer algo nuevo en la administración como para caerse con todo el equipo: la siguiente vez que se quiere hacer algo nuevo, costará el doble conseguir apoyos para lograr el cambio.

La innovación es una exigencia

Innovar cuenta con la exigencia de hacer las cosas bien porque el margen de tolerancia al error en las instituciones es menor cuando es algo nuevo. Si algo falla porque ha fallado siempre, es que la cosa es así, pero si algo falla porque es nuevo, como bien decía Maquiavelo, es que la gente se flipa y no tiene expectativas realistas.

Antes de iniciar cualquier tipo de innovación, conviene valorar que la innovación requiere un mínimo de condiciones para iniciarse. Es necesario establecer qué es lo mínimo necesario para que funcione (lo que en diseño se llama Minimo Producto Viable) y definir las condiciones que debe reunir para cubrir esa viabilidad. Esto no es solo la meta que debe definir si una innovación debe lanzarse o no (si se puede esperar que razonablemente se puedan alcanzar) sino los puntos en los que hay que poner más atenciónSi no se puede garantizar esas condiciones con un mínimo de certeza, es mejor frenar antes de ponerla a disposición del público que generar algo que no pueda satisfacer lo necesario para satisfacer a la organización y al público

Esto no significa que no puedan salir las cosas mal: evidentemente, cuando algo se hace por primera vez, muchas cosas salen mal. Sin embargo, la innovación no puede ser la excusa, porque entonces, la mejor manera para evitar errores sería no innovar. Los errores suelen venir de cuestiones relacionadas con mala planificación, falta de control de variables o porque surgen nuevos problemas. En todo caso, la explicación no debería ser la innovación, sino el análisis de las causas.

Esto, evidentemente, supone un alto nivel de concentración y esfuerzo por parte de la organización, y, por lo tanto, limita la cantidad de innovaciones que se pueden abordar a la vez.

Otro enfoque diferente: innovar como los lemmings

Esto no quita que haya otros enfoques para abordar la innovacion. Una opción diferente sería la de emprender diferentes proyectos a la vez asumiendo que no todos ellos tendrán un resultado satisfactorio, pero algunos si. Es un poco como la estrategia de los lemmings (el animal, no el videojuego) o de los ñus en sus migraciones. Por si solos el éxito es poco probable, pero probabilísticamente, alguno de estos individuos, y en nuestro caso, alguna de estos intentos de innovación pueden tener éxito.

Lemmings recibiendo el briefing del próximo proyecto innovador en el que se espera que sean parte activa.

Esta es una estrategia que, personalmente, nunca me ha gustado: cada fracaso deslegitima los intentos de nuevas iniciativas y, para alguien un poco obsesivo como es mi caso, limita el control sobre cada iniciativa. Es probable que en organizaciones con pequeños equipos autónomos puedan trabajar en iniciativas independientes.

Ñus haciendo literalmente un postmortem después de que su proyecto innovador no cubiera los objetivos esperados

Este enfoque, en todo caso, debería partir de un planteamiento de iniciativas de menor tamaño por puro coste de oportunidad (cuantas más acciones, menos recursos se puede dedicar a cada una). Por otro lado, asigna una mayor responsabilidad a cada uno de esos pequeños equipos y asumir que una parte importante de ellos no obtendrán resultados satisfactorios (idealmente, no deberían, como en el caso interior, salir adelante sin un mínimo de garantías).

No obstante, este enfoque si tiene un punto que me resulta especialmente atractivo: la innovación tiene un componente no lineal, y no necesariamente continuo que se beneficia de experiencias que en su momento no triunfan. Dicho de otra manera, lo que hoy es un fracaso, puede sembrar la semilla o el aprendizaje para cambios a futuro.

Ambos enfoques son explicativos del modelo de innovación de Android y el de Apple que explicaba en algunas clases. Mientras Android tiene un modelo altamente descentralizado de laboratorios que generan resultados desiguales y no siempre cohesionados, es el ecosistema más amplio y dinámico a la hora de incorporar cambios. El modelo de Apple, mucho más planificado y centralizado ofrece una enorme solidez y una gran solvencia, garantizando experiencia de usuario difícilmente igualable. El problema es que, quizá, si no se enfoca claramente la línea de acción, la apuesta absorbe tantos recursos que, si es fallida, bloquea el cambio en la empresa, tal y como ha sucedido con la asimilación de la IA en el iPhone.

En todo caso, en el mundo de la innovación siempre hay incertidumbres y, saber lo que es un acierto y más adecuado es complicado a priori. En todo caso, si tienes un proyecto innovador de servicios públicos, echa la culpa a la lluvia, al sol, al tiempo libre, al boogie, pero no a que estáis probando algo nuevo. A nadie le gusta ser el conejillo de indias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario