miércoles, 8 de junio de 2016

Novedad: "Nuevas tendencias en la gestión pública. Innovación abierta, gobernanza inteligente y tecnologías sociales en unas administraciones públicas colaborativas

Novedad editorial del  INAP.- "Nuevas tendencias en la gestión pública. Innovación abierta, gobernanza inteligente y tecnologías sociales en unas administraciones públicas colaborativas". Editor J. Ignacio Criado. Prólogo Manuel Villoria. Varios autores. 314 páginas. 20 € (papel), 9,29 € (ebook).

Resumen del editor J. Ignacio Criado: "Las administraciones públicas se encuentran sometidas desde hace décadas a presiones intensas orientadas a mejorar su rendimiento, atender mejor las necesidades de la ciudadanía y crear valor público en entornos cada vez más digitales.


En el presente libro se realiza una aproximación a nuevas tendencias en la gestión pública, considerando algunos de los temas clave emergentes en la disciplina, tales como la innovación pública, la gobernanza inteligente, las redes sociales digitales, el gobierno abierto o la participación 2.0. Los trabajos fueron inicialmente presentados en dos grupos de trabajo sobre innovaciones en la gestión pública dentro de dos congresos de ciencia política y administración pública. 

Este libro acoge capítulos procedentes del mundo académico con un enfoque de investigación mostrando algunos avances en la disciplina, si bien también se da espacio a contribuciones rigurosas derivadas de la experiencia práctica en administraciones públicas de referencia.

Por tanto, se desea poner a disposición de diferentes públicos, tanto académicos como profesionales de las administraciones públicas o ciudadanos interesados en los asuntos públicos, un texto de referencia con nuevas inquietudes y realidades en torno a la gestión pública contemporánea, dentro de un contexto de transformación del papel del sector público y con nuevas oportunidades derivadas de un entorno tecnológico que ofrece vías inexploradas para resolver problemas públicos de una manera colaborativa y con un papel cada vez más protagonista de la ciudadanía."


Ver sumario: Pulse aquí para acceder a las páginas iniciales de la obra.

martes, 7 de junio de 2016

Más de 400 jueces han obtenido compatibilidad este año para ejercer otra actividad, la gran mayoría como docentes

El CGPJ hace públicas las compatibilidades concedidas a jueces y magistrados en su portal de transparencia

Revista de prensa. EP.- Un total de 420 jueces y magistrados han solicitado y obtenido este año la compatibilidad para ejercer otra actividad, la gran mayoría (366) como docentes en Universidades o como preparadores de opositores a la Carrera Judicial y Fiscal.

Así se desprende de la información hecha pública este jueves en la página web del órgano de gobierno de los jueces - www.poderjudicial.es - donde pueden consultarse las compatibilidades concedidas a los miembros de la Carrera Judicial.

Las compatibilidades no docentes concedidas este año han sido, entre otras actividades, colaborar en revistas jurídicas o realizar investigaciones jurídicas; ser vocales de academias de jurisprudencia o de consejos asesores de instituciones como el Defensor del Pueblo; o ejercer funciones jurisdiccionales como magistrados en el Tribunal Superior de Justicia de Andorra.

Para acceder a esa información, bastará con entrar en el Portal de Transparencia del CGPJ e ir a la aplicación "Búsqueda de compatibilidades" en el siguiente enlace: www.poderjudicial.es/cgpj/es/Temas/Transparencia/Compatibilidades/
El usuario sólo tendrá que introducir entonces el apellido del juez o magistrado y, en caso de que éste tenga concedida alguna compatibilidad, aparecerá una descripción de la misma (por ejemplo "Profesor asociado en la Universidad Carlos III de Madrid"), la fecha de aprobación por la Comisión Permanente, la fecha de inicio y de finalización y el tipo de compatibilidad (en este caso, "Docencia").

Esta información ya figuraba en las acuerdos de la Comisión Permanente que se pueden consultar en la web del Poder Judicial, pero la nueva herramienta permite el acceso a los datos de manera sencilla y ordenada.

Los jueces y magistrados españoles están sometidos a un estricto régimen de incompatibilidades, regulado en el artículo 389 de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

Incompatibilidades estrictas
Así, las únicas actividades consideradas compatibles con el ejercicio de la función jurisdiccional -enumeradas en el artículo 389.5 de la LOPJ- son "la docencia o investigación jurídica, así como la producción y creación literaria, artística, científica y técnica, y las publicaciones derivadas de aquélla".

En este sentido, el Reglamento 2/2011, de la Carrera Judicial, señala en su artículo 327.1 que "el ejercicio de la docencia y la investigación jurídica por parte de los miembros de la Carrera Judicial constituye una manifestación de su competencia profesional y el reconocimiento de su experiencia y conocimientos".

Este mismo Reglamento establece que el CGPJ, previa petición, podrá autorizar a los miembros de la Carrera Judicial para compatibilizar su cargo con el ejercicio de alguna de las actividades antes señaladas "cuando sea necesario de conformidad con lo dispuesto en la legislación sobre incompatibilidades del personal al servicio de las Administraciones Públicas".

La misma norma dispone también que solo se autorizarán compatibilidades para actividades que se desarrollen fuera de las horas de audiencia pública y que su ejercicio no afectará al deber de asistencia al despacho oficial ni justificará, en modo alguno, el retraso en el trámite o resolución de los asuntos, vistas o juicios ni la negligencia o descuido en el desempeño de las obligaciones propias del cargo.

Para otro tipo de actividades, como es la asistencia ocasional a congresos y coloquios no es precisa la petición de autorización, según ha explicado el Consejo en una nota.


lunes, 6 de junio de 2016

Jiménez Asensio: Transparencia efectiva

"La transparencia es una obligación legal, que se concreta particularmente en todo lo que afecta a la publicidad activa; con muy pobres efectos prácticos hasta la fecha"

La ignorancia en materia civil engendra desconfianza (…) Los poderes públicos no gozan de una confianza plena porque gran parte de su trabajo se desconoce. Es necesario crear instituciones que sometan a los servidores públicos a luz y taquígrafos a fin de desvanecer cualquier sospecha de deshonestidad. La transparencia en el ejercicio del cargo  puede asegurarse impulsando la publicidad oficial más allá de su estado actual. (Arland D. Weeks, The Pychology of Citizenship, 1917)

Rafael Jiménez Asensio.- Blog La Mirada Institucional.- Hay quien sueña con pasar de la opacidad a la luz en un solo instante, con un click. La ingenuidad es atrevida.  Si en la anterior entrada tratamos sobre “Mentiras de la transparencia“, toca ahora detenerse en las condiciones mínimas para caminar hacia una transparencia efectiva. El recorrido es largo, más viniendo de donde estamos.

Si se mira con detenimiento, el imperativo de la transparencia no es más que un instrumento, un medio o un recurso, nunca un fin en sí mismo. Un mecanismo además con enormes limitaciones. Además, su naturaleza transversal, incluso poliédrica, dificulta mucho definir su correcto alcance.

La transparencia es, en primer lugar, un valor o principio. Nuestras leyes cada vez más hacen referencia a esta dimensión. Sin embargo, los valores o principios (y entre ellos la transparencia) deben internalizarse por quienes ejercen el poder o por aquellos que gestionan los asuntos y recursos públicos. Y ahí comienzan las dificultades. La política utiliza, como vimos, la transparencia con una carga retórica innegable en muchos casos. Y la función pública sencillamente la ignora o, cuando se trata del séquito de fieles que la han hecho suya, la promueve sin demasiadas consecuencias reales. Actuar alejados del foco o de la luz es algo a lo que el sector público está secularmente acostumbrado. Los arcana forman parte de la esencia de la política, como subrayó Carl Schmitt y ha recordado más recientemente Buyng-Chul Han. Una forma de hacer las cosas que no se cambia en un día ni en una legislatura o mandato, por muchas estructuras que se creen y por muchos recursos que se dediquen a ello.

El mito de la transparencia “activa” y “pasiva”
La transparencia es, asimismo, una obligación legal, que se concreta particularmente en todo lo que afecta a la publicidad activa; con muy pobres efectos prácticos hasta la fecha. Las leyes definen unos mínimos estándares que los poderes públicos deben cumplir. El problema es cómo y cuándo se cumplen. El destino u objetivo de esa información en masa –al menos el discurso ortodoxo así lo afirma- es mejorar el control democrático del poder y de la gestión pública. Pero información no es conocimiento. Los Portales de Transparencia o páginas Web son, además, impulsados y gestionados por quienes deben ser objeto de control, lo que desdibuja su efectividad. Nadie enseña sus vergüenzas voluntariamente, pues estas se disfrazan, embozan o, incluso, ocultan. La gran esperanza de los efectos taumatúrgicos de la publicidad activa se desvanece. Cuando menos muestra un recorrido mucho más estrecho del que se le presumía.

Solo un rigor por implantar una auténtica cultura de la transparencia y rendición de cuentas en el sector público, así como un desarrollo de la conciencia ciudadana de disponer y usar un instrumento de control efectivo mejorarán las cosas. Pero para eso se necesita tiempo, mucho tiempo. La velocidad y el vértigo no son buenos compañeros en ese viaje. La transparencia requiere mucho pensamiento lento y menos precipitación propia del pensamiento rápido, que a ningún sitio conduce, al menos en este tema.

La transparencia es también un derecho, que la ciudadanía puede (y debe) activar y, tal como vimos, apenas lo hace. Las solicitudes de información pública son escasas o, incluso, de carácter anecdótico. Tanto ruido para esto. De ahí que hablar de “transparencia pasiva” cuando nos referimos al ejercicio del derecho de acceso a la información pública sea un error. Si un nivel de gobierno quiere ser transparente debe estimular que la ciudadanía escrute, interrogue, indague y demande información pública sobre lo que hace, también sobre lo que hace mal. Ningún poder público se flagela a sí mismo si no hay alguien que le obligue a hacerlo, salvo que interiorice el valor o principio antes enunciado. Si lo anterior requiere tiempo, esto mucho más. No conozco ninguna campaña efectiva dirigida a ese fin impulsada por quienes deben ser controlados. El poder, por definición, huye de los controles, Más aún en nuestro caso, donde el control del poder es una quimera (algo que he intentado demostrar en el “Epílogo” al libro Los frenos del poder, Marcial Pons/IVAP 2016; una versión de tal epílogo se puede leer en esta misma página Web en la sección Lecturas. “España,¿un país sin frenos?”). Pero sin ejercicio de este derecho, la transparencia se queda en el escaparate, como objeto en exposición.

Transparencia, control del poder y rendición de cuentas
Siendo lo anterior importante, lo realmente relevante es que la transparencia tenga resultados y, por consiguiente, mejore los escrutinios de control al poder reforzando la rendición de cuentas de los gobernantes. Pierre Rosanvallon lo ha identificado con claridad en su último libro (Le Bon gouvernement, Seuil, París, 2015): el imperativo de la transparencia impone una “democratización” del sistema de control del poder. En este punto el parentesco entre transparencia y comportamiento ético de la política o de quienes gestionan los asuntos públicos es estrecho. La transparencia ha venido para instalarse como mecanismo de escrutinio de la conducta gubernamental  y solo adjetivamente de la actuación administrativa, que recibe así un carácter instrumental. Aunque nuestras leyes enfoquen el tema de forma distinta, y con frecuencia equivocada: no solo los gobernantes (políticos) deben ser íntegros, sino también el conjunto de los servidores públicos, pues las demandas de transparencia sobre este ámbito se desvanecen en una mala inteligencia de la protección de datos.

La rendición de cuentas es exigencia de responsabilidad a quien gobierna o administra. Ese proceso exige escuchar sus razones y obrar en consecuencia. Pero aquí confundimos laaccountabiliity con el linchamiento de la clase política (Innerarity), algo que poco ayuda a la construcción de una sociedad responsable. Y menos aún a un uso cabal y maduro de la transparencia. Este reto es ciudadano y, en especial, de los medios de comunicación, que ya utilizan sectariamente la transparencia como  “técnica del calamar” con objeto de manchar al contrario, especialmente al político de “bandas rivales”.

Transparencia y cambio de cultura organizativa
Ni la política vacua o de exposición mediática, ni tampoco la gestión pretendidamente innovadora que solo busca el premio o el aplauso instantáneo, harán avanzar un ápice esa exigencia previa para implantar efectivamente la transparencia. Para dar pasos efectivos en esa dirección se requiere el asentamiento de una cultura de profunda transformación organizativa, que debe implicar hacer de forma distinta las cosas, cambiar los hábitos, modificar los modos de desarrollar la actividad política, directiva o administrativa, erradicar el favor o la amistad del ámbito de funcionamiento de lo público, alterar sustancialmente las formas (viciadas) de conformar un expediente o de adoptar una resolución de subvención o de contratación pública, asentar un sistema de mérito bastardeado hasta externos inusitados (con el aplauso a veces indisimulado de los propios agentes sociales) en la selección y provisión de puestos de trabajo, redefinir los procedimientos, abrir las ventanas y airear las debilidades y mala praxis que buena parte de las estructuras político-administrativas esconden por doquier. Nadie hace eso voluntariamente. Al menos de momento. Porque prácticamente nadie se toma realmente la transparencia en serio.

Cambiar radicalmente hábitos, actitudes, comportamientos y modos de hacer las cosas es, al fin y a la postre, el único resultado tangible de la transparencia. Y ese resultado no se consigue solo imponiendo “el miedo” a través de sanciones o represalias. No es buena vía. Pues la transparencia así aplicada se mueve solo en estándares de legalidad y no de eficacia, menos aún de interiorización de valores. Cumplir las obligaciones de transparencia o resolver las solicitudes de información pública de conformidad con las leyes no garantiza una transparencia efectiva, ni hoy ni mañana. Ahí es donde radican las dificultades de este proceso.

Transparencia y políticas formativas
Y esas dificultades se advierten, por ejemplo, en la enorme complejidad que muestra el diseño de políticas formativas en este ámbito. Se han multiplicado las acciones formativas de la transparencia, pero los límites del modelo puesto en marcha están claros. Las diferentes leyes, no precisamente la estatal, apuestan por llevar a cabo procesos continuos de formación, macro programas formativos o acciones múltiples de ese carácter con la vana pretensión de inculcar cultura de la transparencia “en vena”, como si fuera una inyección con efectos inmediatos. Error mayúsculo.

En unas organizaciones públicas en las que el imperio de los juristas y de las reglas formales ofrece su hegemonía, formar en transparencia se convierte fácilmente en “contar” el marco legal y sus posibles consecuencias en casos de incumplimiento. O, en “el mejor de los casos”, se importan discursos de open government cargados de lugares comunes en cuidadas presentaciones de power point que ningún valor real añaden, salvo el estético.

Los programas formativos de transparencia deben ser proyectados a lo largo del tiempo, con visión estratégica y no de vuelo gallináceo. Se deben proyectar en el acceso o acogida, en la promoción, en los procesos de evaluación del desempeño, así como en los planes de mejora o innovación de la gestión, también en la carrera profesional. La formación para la transparencia debe enmarcarse en una formación en valores y, sobre todo, en un cambio de cultura y de hábitos dentro de la política de gestión de personas de las organizaciones públicas. Los resultados siempre se obtendrán a largo plazo. Pero en esta sociedad de la inmediatez eso suena a música celestial.

La cita que abre este comentario ilustra bien el correcto enfoque del problema. Ayunos de formación en valores, despreciando el papel de los principios y olvidando que la transparencia es un instrumento que se mueve en un sistema de Gobernanza inteligente, por tanto obviando las interdependencias que este sistema tiene (por ejemplo, con la integridad o ética pública, transparencia colaborativa, Gobernanza “intraorganizativa”, Gobierno abierto o relacional y transparencia colaborativa, así como las complejas relaciones entre transparencia y rendición de cuentas, siempre por lo común frivolizadas o simplificadas), no se avanzará un ápice en la implantación de la transparencia efectiva en la política ni tampoco en las estructuras administrativas.

La transparencia: instrumento de recorrido limitado a corto plazo
La única forma de erradicar la retórica del discurso cotidiano de la transparencia es comenzar por rebajar radicalmente las altas expectativas puestas en este limitado instrumento. Un jarro de agua fría para la política espectáculo. También para los fervientes seguidores de la transparencia, que no escasean precisamente. Esto da poco de sí, al menos a corto plazo. Quien pretenda grandes resultados efectivos en un plazo inmediato se estrellará contra el muro de la evidencia y convertirá la política de transparencia o de formación para la transparencia en retórica barata. También despilfarrará recursos públicos.

Para evitar ese indeseable resultado es necesario reconocer que lo importante, en verdad, no está en la transparencia, modesto e insuficiente medio o instrumento, sino en el proceso de construcción de estructuras de gobierno y administración cada vez más íntegras institucionalmente, con políticas  de calidad institucional contrastada, más eficientes, que restauren el vigor del principio de mérito y se conviertan en sistemas profesionales también en los niveles directivos,  abiertas y tecnológicamente avanzadas, que aboguen por el desarrollo de la sociedad del conocimiento, así como que tengan sistemas adecuados y razonables de rendición de cuentas. Proceso de muchos años, más bien de décadas.

No hay atajos, por mucho que se busquen. Alcanzar la transparencia efectiva requiere, continuidad, constancia y tenacidad, pero sobre todo política estratégica y sostenibilidad en el tiempo. Y, en especial, un cambio radical de enfoque de lo que son nuestras estructuras de gobierno y administración. Además, visión y compromiso público sincero de todos los actores que deben intervenir en ese complejo y largo proceso (políticos, directivos, sindicatos, empleados públicos, ciudadanía y medios de comunicación). Todo lo contrario del humo que queda después de llenar el cielo político o administrativo de fuegos de artificio. Así empezamos y así concluimos.

Convocatorias. 29 y 30 de Septiembre en La Laguna (Tenerife). Congreso Iberoamericano de Innovación Pública

sábado, 4 de junio de 2016

Ramió: El problema de la política y la gestión de personal

Carles Ramió. Blog EsPúblico.- La distinción entre política, gestión y administración es importante en el momento de analizar el proceso de diseño e implementación de cualquier programa público pero adquiere todavía más trascendencia cuando se está tratando temas relacionados con los recursos humanos de las organizaciones públicas.

 La diferenciación entre política, gestión y administración de personal reside en que:

a) La Política de personal implica la definición del modelo y la estructura del personal de cara al futuro en base a un análisis del entorno (futuras necesidades de la Administración) y la definición de un modelo estratégico de administración en consonancia con las exigencias del entorno en el futuro. Es una tarea que forma parte de las actividades de los cargos políticos al más alto nivel (no solo corresponde al concejal de régimen interior o equivalente sino debería implicarse el propio alcalde).

b) La Gestión de personal trata de definir los mecanismos para la consecución de los objetivos políticos y la programación técnica de las políticas de personal, son funciones que han de ser realizadas fundamentalmente por los empleados públicos con una mayor cualificación profesional como los responsables administrativos de la unidad central de personal de cada Administración pública.

c) La Administración de personal consiste en implementar los programas de acción en materia de personal previamente definidos y suele ser una responsabilidad de los jefes administrativos inferiores y de los empleados de base de las unidades de personal de cada departamento de la Administración.

Sin política de personal
El principal problema con relación a la política, gestión y administración de personal de nuestras administraciones públicas reside en la casi inexistencia de la primera, es decir, al déficit en la definición de una substantiva política de personal en nuestras administraciones públicas. Definir una política de personal es una actividad muy difícil para los cargos políticos, debido a que:

–       Es técnicamente complicado ya que implica conocer muy bien los puntos fuertes y débiles del modelo actual de organización, hacer un análisis de prospectiva para definir el modelo de organización que pueda dar respuesta a las necesidades y retos del futuro y, una vez diseñado las necesidades de la organización en el futuro, definir una estructura de personal acorde con el modelo.
     
–       Es políticamente difícil ya que cualquier decisión trascendente en materia de personal puede generar fenómenos de resistencia individuales y colectivos (a través de los sindicatos) por parte de los empleados públicos. La definición y la primera fase de implementación de una política de personal genera a corto plazo conflictos y las ventajas sólo se perciben a medio y a largo plazo, momento en el que probablemente ocuparán los puestos políticos personalidades distintas a las que impulsaron, trabajaron y “sufrieron” el proceso de mejora.
     

La ausencia de política de personal implica, en la práctica, la inexistencia de una auténtica gestión de personal ya que,  la gestión consiste en definir los instrumentos para conseguir los objetivos políticos y esto  no se puede conseguir ante la ausencia de objetivos políticos. Si existe, en cambio, la función de administración de personal en nuestras administraciones públicas; la gestión del “día a día” está asegurada: es evidente que los empleados públicos perciben su remuneración económica a finales de mes y están bajo control todos los aspectos operativos asociados con los recursos humanos (seguimiento del cumplimiento horario, tramitación de las bajas por enfermedad, actualización de la antigüedad de los empleados, etc.).

Concretar programas
En definitiva, la función de los líderes políticos es fundamental en la definición de la política de personal de la Administración que significa definir los objetivos estratégicos que se quieren asumir durante el período del mandato en materia de personal y concretar los programas a desarrollar para conseguir estos objetivos. Realizar con precisión y atención esta actividad de carácter político significa necesariamente adoptar un rol proactivo que se consigue analizado atentamente las necesidades y los problemas, manifiestos o latentes, de la ciudadanía, sus preocupaciones y expectativas y observar el entorno para prever futuras problemáticas y profundizar en las existentes. En este sentido, los más altos líderes políticos de una Administración representan la atalaya de una nave (organización de la Administración) que debe permanecer atenta a todo lo que sucede en su entorno, mirando siempre a la línea del horizonte (visión). 

Todas las informaciones externas se deben analizar y, como resultado de ello, se han de tomar decisiones (política) que se comunican a la tripulación cualificada de la Administración (cargos de mando superiores) para que ésta pueda decidir sobre el conjunto de posibles opciones técnicas con el objetivo de asegurar la máxima eficacia y eficiencia (gestión) de cara a la ejecución de las instrucciones  políticas recibidas. Una vez definida la opción técnica, ésta se ha de comunicar a la sala de máquinas de la organización administrativa de cara a su implementación (administración). Cada nivel ha de estar en su lugar si se desea tener éxito en la navegación. No es posible disfrutar con éxito del don de la ubicuidad: un político no puede estar al mismo tiempo en la atalaya, en la sala de control y en la sala de máquinas de la nave que representa una organización pública: se escapa mucha información básica del entorno y la nave no tiene un rumbo claro y tiene tendencia, en momentos de turbulencia, de ir a la deriva. La atalaya sólo puede ser ocupada por cargos políticos, si éstos no están presentes no hay liderazgo político y no hay políticas públicas posibles ni de personal ni de cualquier otro tipo.

viernes, 3 de junio de 2016

Trabajo Colaborativo: ¿Existe evidencia de que se aprende más en CoPs que en la formación tradicional?

A. Barrera: " Los conocimientos y experiencias compartidas por los miembros de la CoPs contribuyen a generar nuevos aprendizajes que serán fácilmente aplicables en el lugar de trabajo"

Jesús Martínez. Blog Trabajo Colaborativo.- Me ha parecido oportuno republicar en el blog está estupenda entrada de Aleix Barrera  que nos hizo para el blog Gestió del Coneixement del programa Compartim. Aleix hace unos meses leyó su tesis doctoral, en la cual estudiaba diferentes grupos que habían aprendido y trabajado en comunidades de práctica del programa Compartim, y los comparaba  con otros grupos que lo habían hecho en formación semipresencial.

Al estar las muestras muy igualadas en todo tipo de variables, excepto en la pertenencia a comunidades de práctica, nos parecen importantes los resultados obtenidos.

Hago una referencia más extensa a su tesis en la parte final del  capítulo 5  del libro Nuevos Modelos de Formación para Empleados Públicos. Guía para la transformación. Pero aquí, el propio autor de la tesis, resume muy bien los resultados. 

Esta es su aportación: “Desde que, hace más de 15 años, a partir de la Declaración de Lisboa, los Estados miembros de la Unión Europea acordaron mejorar la calidad y eficiencia de las Administraciones Públicas, han sido varias las experiencias que han surgido y los estudios teóricos que se han centrado en analizar cuáles pueden ser las mejores vías para conseguir estas metas. Todos destacan, en mayor o menor medida, la importancia de tener profesionales formados y preparados para adaptarse a los entornos cambiantes y en una sociedad que, a pesar de estar cada vez más conectada, espera de las Administraciones servicios que respondan a las necesidades reales.

La etapa previa implicó para los servicios de formación de las Administraciones un cambio radical en la forma de pensar, diseñar e implantar actividades formativas dirigidas a sus empleados. La realidad ponía en evidencia que ya no tenían sentido las actividades formativas de carácter reactivo y adaptativo, sino que el énfasis debía ponerse en el diseño de actividades formativas que permitieran adelantarse a los cambios para poder dar respuestas rápidas y eficaces a las demandas de la ciudadanía. Fue en este contexto que en 2005 el Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada propuso la creación del programa Compartim, cuyo objetivo debía ser proporcionar un espacio para potenciar la aparición de comunidades de práctica (CoPs) que permitieran los profesionales de la Administración de justicia catalana compartir conocimientos, experiencias e ideas para elaborar productos útiles para su día a día laboral.

Diez años más tarde una lista de más de 150 productos y ocho publicaciones avalan la fortaleza de un programa, el Compartim, que se reinventa de forma continuada para poder responder a las necesidades que plantean los profesionales.

Transferencia real
Los gestores del Programa, siempre con la voluntad de mejorar su actividad, plantearon la necesidad de conocer si los aprendizajes adquiridos por los profesionales implicados en las CoPs tenían una transferencia real al puesto de trabajo y, en este sentido, analizar cuáles eran los factores que en alguna medida podían afectar este proceso. La sistematización de este análisis, la llevé a cabo a través de una tesis doctoral desde la Universidad Autónoma de Barcelona, en la que estudié la participación de profesionales que habían estado involucrados en CoPs y otros que habían participado mediante actividades formativas en modalidad semipresencial.

Los resultados obtenidos concluyen que las condiciones de aprendizaje que se generan en el marco de las CoPs propician una mejor adquisición de los aprendizajes así como su posterior aplicación en el lugar de trabajo. En este sentido, mientras que en las acciones formativas -aunque se diseñen ad hoc- es necesario un esfuerzo del profesional para adaptar los contenidos que se le presentan en su día a día profesional, en las CoPs todo el proceso de trabajo se relaciona y busca como meta la máxima adaptación del producto elaborado a la actividad laboral. Es por este motivo que los conocimientos y experiencias compartidas por los miembros de la CoPs contribuyen a generar nuevos aprendizajes que serán fácilmente aplicables en el lugar de trabajo. En este sentido, el estudio muestra que los profesionales que participan en las CoPs introducen los cambios en su día a día profesional de forma más gradual y natural que los que participan en acciones formativas. Así, la actividad laboral habitual evoluciona y cambia a partir de los aprendizajes que se van adquiriendo en la CoPs, siguiendo un proceso natural en el que, a veces, no es fácil distinguir en qué momento exacto se han producido los cambios.

Los resultados muestran como la implementación de CoPs contribuye también a la generación de redes de profesionales dentro de la organización; se potencia así el trabajo en equipo y la coordinación con otros grupos de trabajo ubicados en otros centros. En este sentido, el trabajo en las CoPs permite acordar criterios, definir procedimientos de actuación y delimitar acciones para mejorar día a día los diferentes servicios donde desarrollan su actividad laboral a los profesionales implicados.

De todas formas, y aparte de los resultados positivos observados, se debe profundizar en algunos aspectos para conseguir que las CoPs sigan siendo atractivas para los profesionales y que, al mismo tiempo, se conviertan en una estrategia útil para mejorar el funcionamiento de la Administración. En este sentido, cabe destacar una serie de aspectos para potenciar su desarrollo: (1) la vinculación de acciones formativas concretas en función de las necesidades que tienen los participantes en las CoPs durante la elaboración de los productos; (2) fomentar más los procesos de autoevaluación, implicando a los responsables de los diferentes servicios, para encontrar nuevas vías de trabajo para las CoPs, y (3) continuar trabajando en la visualización del trabajo desarrollado en las CoPs para multiplicar los efectos que el trabajo hecho puede tener sobre la organización.

El trabajo que se ha hecho no ha sido escaso, pero el trabajo que queda por hacer no es menos importante. En estos momentos sabemos que la aplicación de los aprendizajes adquiridos en las CoPs contribuye a generar más cambios en el puesto de trabajo que el proceso de innovación resultante de la participación en actividades formativas. Si se quiere avanzar en la mejora de la calidad y eficiencia de las Administraciones, es importante que acciones como el programa Compartim continúen activos, o que afloren allí donde no están. El objetivo último de estas acciones debe ser la mejora de los servicios a la ciudadanía, valorando y aprovechando el potencial más importante que tienen todas las organizaciones: los profesionales”.

Se puede consultar la tesis doctoral en la sala de la biblioteca del Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada.



Nota : Este post fue publicado inicialmente en el blog Gestió del Coneixement  del  Departament de Justicia.

jueves, 2 de junio de 2016

La financiación, eje de las reuniones de la Junta de Gobierno y el Consejo Territorial de la FEMP

Femp.- "Este es el momento de la financiación local; tenemos que ser intolerantes ante cualquier intento de restringirla”, ha dicho el Presidente. Abel Caballero ha insistido en que la financiación local debe de ir “en consecuencia” a las competencias locales crecientes.

Consejo Territorial de la FEMP del 31.5.2016
El Presidente de la FEMP, Abel Caballero, dijo que es el momento de reclamar un modelo de financiación local que se adecúe a las necesidades de unos Gobiernos Locales que van teniendo cada vez más competencias: 

“necesitamos que la financiación vaya en consecuencia”, ha asegurado ante los miembros de la Junta de Gobierno y del Consejo Territorial de la Federación, que se han reunido el miércoles.

En referencia al proceso de elaboración de una nueva normativa de financiación local, Abel Caballero ha señalado que “nunca lo vamos a tener mejor que ahora”. Según informó, la FEMP estará presente en el grupo de expertos que estudiará y propondrá las líneas de un nuevo modelo de financiación local, “en paralelo y de forma simultánea a otro grupo que hace lo propio con la financiación autonómica”.

Intolerantes con la financiación
En su intervención aseguró que “tenemos que ser intolerantes ante cualquier intento de restringir nuestra financiación; y ahora que estamos en el 12%, es el momento de fijar el porcentaje al que queremos llegar”.
El Presidente dio cuenta de la reunión de la Comisión Nacional de Administración Local (CNAL), celebrada el pasado abril, donde la representación local reivindicó ante los representantes ministeriales la posibilidad de utilizar, “si no todo, al menos una parte del superávit obtenido en el ejercicio precedente”. Así, llamó la atención sobre el buen comportamiento de las cuentas locales y los casi 5.000 millones de superávit con los que se cerró 2015. “Queremos una norma que nos permita utilizar ese superávit sin que ello se compute a efectos de techo de gasto”, señaló.

En esta línea, también recordó la importancia de calcular el techo de gasto tomando como referencia la cifra presupuestada y no la ejecutada, una demanda de la Federación que también se hizo constar en la CNAL, donde así mismo se reclamó qué gastos de emergencia y aportaciones para el desarrollo de proyectos europeos no se consideren a efectos de techo de gasto.

Acogida de refugiados

En la Junta de Gobierno se ha dado el acuerdo definitivo a la puesta en marcha de la Red de Municipios de Acogida de Refugiados, una iniciativa de la FEMP que surge con el objetivo de ser el “mejor y más eficaz instrumento para que el Gobierno de España cumpla con el derecho internacional y con los compromisos europeos”.

En palabras del Presidente de la FEMP, “el enorme potencial de esta Red, unido a los acuerdos de colaboración suscritos por la Federación con la ONG’s ACCEM, Cruz Roja y CEAR, deja el operativo de nuestro país en las condiciones óptimas para la acogida e integración refugiados. Ya no hay excusas para más retrasos ni para demorar la llegada de estas personas”.

miércoles, 1 de junio de 2016

Carles Ramió: Los posibles escenarios de la administración pública: visión de futuro a muy largo plazo

"En el futuro, cada vez más la calidad de la regulación va a tener una correlación directa con el buen gobierno y con el bienestar social"

Carles Ramió. Blog EsPúblico.- Hay varios escenarios de futuro para las administraciones públicas. Todos son posibles y cada país puede seguir su propio modelo aunque es probable que dada la lógica mimética institucional de carácter mundial un solo modelo se convierta en el mayoritario. 

Hay cuatro modelos alternativos que pueden marcar el futuro de la Administración pública:

-Modelo estable de mejoras incrementales y de una paulatina reducción de su peso
-Modelo fallido
-Modelo en red de gobernanza dominado por el sector privado
-Modelo en red de metagobernanza (dominado por el ámbito público en el que las instituciones públicas asumen el rol de metagobernador) de elevada institucionalización e innovación

Por una parte, el escenario más probable es que puede haber un modelo continuista de Administración: un modelo estable de mejoras incrementales cualitativas y de una paulatina  reducción cuantitativa de su peso organizativo. Este modelo conservador puede perdurar durante algún tiempo pero a muy largo plazo va a desembocar o bien en un modelo fallido o en un sistema de gobernanza dominado por el sector privado.  Un segundo modelo podría ser el sistema público de quiebra radical en el cual se produce una casi total ocupación de su espacio por parte de los actores privados.

Gobernanza con orientación privada
Un tercer modelo se podría denominar como de red de gobernanza con una orientación privada: la articulación de una red de instituciones públicas y de privadas con ánimo y sin ánimo de lucro en la que éstas últimas adquieran cada vez un mayor espacio y relevancia no solo en la prestación de servicios sino también en la gobernanza del sistema. Finalmente, un cuarto modelo podría ser el de gobernanza con una orientación claramente pública, ejerciendo la Administración pública las funciones de metagobernador. Considero que este cuarto modelo es el más conveniente para el futuro pero hay que empezar a diseñarlo a partir de ahora mismo, sin más dilaciones, ya que si no tienen muchas posibilidades de prosperar los tres escenarios y modelos anteriores. 

Las dos variables conceptuales que, a mi entender debería regirse la Administración pública del futuro son los siguientes:

La Administración pública será tan necesaria (o más) que ahora: Los problemas de carácter económico, sociales, de población, medioambientales, de seguridad y de conflictos violentos no parece que vayan a disminuir en los próximos años sino a mantener su presencia y a incrementar su complejidad de una manera notable. Hoy en día está de moda en algunos círculos académicos una visión optimista que considera que hay que ir  “empoderando” a la sociedad civil para que ésta  sea cada vez más capaz de autoregularse de forma satisfactoria y de autoproveerse de los servicios más esenciales. Siguiendo esta lógica, las instituciones públicas cada vez van a ser más innecesarias en su papel de intermediación entre los ciudadanos y su deseo de confort social. Este escenario podría ser posible a nivel local y a una escala diminuta pero lo considero poco viable a nivel global e, incluso, a la hora de resolver los complejos problemas vinculados a las grandes ciudades o áreas metropolitanas. Además, esta visión es casi utópica si atendemos a que las personas y sus lógicas colectivas no maduran al mismo ritmo que los retos a los que nos enfrentamos. Las personas, en su mayoría, siguen y seguirán dominadas por las pasiones e impulsadas por resortes egoístas (e incluso violentos) contrarios a las lógicas del bien colectivo y del interés general. De esta manera, seguirán siendo imprescindibles unas instituciones públicas que defiendan, regulen y gestionen el bien común y el interés general bajo las más refinadas lógicas de legitimidad democrática. 

Es importante que los sistemas democráticos vayan logrando unos diseños más sofisticados de participación y de legitimidad social ya que sino en el futuro se pueden alumbrar sistemas autocráticos de tipo paternalista y tecnológico tal y como vaticinan buena parte de las novelas de ciencia ficción. Pero este es un tema de discusión de otro ámbito más sustantivo y relevante. En este punto no hay que perder de vista que las instituciones públicas no solo aportan, de forma directa o indirecta, servicios públicos sino que su primera gran función es proveer a la sociedad de seguridad jurídica para fomentar el desarrollo económico y, con el mismo, el desarrollo humano y la felicidad a los ciudadanos. Los distintos actores sociales, desvinculados de las instituciones públicas, tienen muy difícil poder proveer a la sociedad de seguridad jurídica.

Una Administración esencialmente reguladora: la regulación va a ser la principal política pública a impulsar por las instituciones a nivel internacional y a nivel local (y en una fase de transición también a nivel estatal). Regulación económica, regulación de nuevos derechos, regulación de nuevos sistemas políticos de participación, regulación de la prestación de servicios públicos (función de metagobernador en un sistema de prestación pública en red), regulación de los diversos ámbitos de convivencia y ordenación del territorio a nivel global. 

En el futuro, cada vez más la calidad de la regulación va a tener una correlación directa con el buen gobierno y con el bienestar social.