lunes, 7 de marzo de 2022

Modificar la Ley de Contratos del Sector Público (LCSP) para hacerla mejor

"Un buen friki pierde la vista buscando el móvil tal o cual artículo y hace una captura de la pantalla cuando encuentra lo que busca. Por si acaso"

Por Juan Carlos G. Melián. Melian Abogados blog.De entrada, una precisión: Trabajando en la contratación pública hay mucho friki. Yo el primero.

Al friki de la compra pública no sólo le gusta mucho lo que hace, lo hace con pasión y dedicación. Mucha dedicación, demasiada. No importa la catástrofe o el éxito: no tiene problema en abandonar su zona de confort y aventurarse al abismo insondable de lo desconocido, siempre -eso sí-, impulsado por la contratación, a la que odia y ama con igual desmesura.

PERFIL DEL FRIKI DE LA CONTRATACIÓN PÚBLICA

Friki genérico

Habita en las praderas de las redes sociales, lejos del ruido y se agrupa en manadas abiertas a las rarezas. Algunos ejemplares exhiben un fino sentido del humor y alta capacidad camaleónica para cambiar su código de comunicación según la audiencia.

Friki de corte clásico

Otros -frikis de corte clásico-, lucen sus habilidades ante poco o escaso público y de forma ocasional, casi en secreto, aunque cada tanto se desatan y deslumbran a la grada con sus ocultas habilidades. Éstos saben de cocina y cine. El resto principalmente concentran sus superpoderes en la detección de errores. Pero lo común a todos (y a todas, por descontado) es que hacen cosas raras. Nada del otro jueves, pero raras.

Costumbres del friki

Si alguna vez te has bajado el mp3 de una conferencia sobre, por poner un ejemplo, “el riesgo operacional” para desentrañarla mientras haces deporte, o ya lo eres o vas camino de ser friki de la contratación por méritos propios. ¿Te sueles dejar caer en los brazos de Morfeo ojeando sin rumbo fijo resoluciones de los Tribunales de Contratación como si de un cuento infantil se tratara? Ya sabes.

El libro de cabecera del friki

La duda te puede sorprender en los lugares más insospechados:
un friki de la contratación pública lleva a mano siempre un ejemplar de la LCSP. 

¿Tuiteas de madrugada? ¿Echas de menos que el WhatsApp no te permita enviarte mensajes a ti mismo para recordarte? En el retrete prefieres, antes que el reverso del bote de champú, el 205 de la LCSP.

Perfil identitario del friki de la contratación pública 

Sabe qué es un PANAP, y si gritas ¡SARA! no vuelve la cabeza, seguro que no es para saludar. Conoce qué es el CM y el CDCM que lo defiende. Se ha fajado unas cuantas horas ofuscado con el PBL y el VEC y le gusta fantasear con un echar a caminar un SDA.

Un buen friki pierde la vista buscando el móvil tal o cual artículo y hace una captura de la pantalla cuando encuentra lo que busca. Por si acaso.

Ah, y lo último: Un buen friki de la contratación, está orgulloso/a de serlo. Es más, presume de ello. Dios los cría…

MEJORAR LA LEY DE CONTRATOS DEL SECTOR PÚBLICO

Oímos hablar de mejorar la Ley de Contratos del Sector Público (LCSP). Así, en general. Aunque sigo pensando que la clave de la mejora está en las personas, en todos los agentes que intervenimos en la compra pública, hay una conciencia generalizada de la necesidad de mejorar el actual texto normativo de la LCSP.

Ciertamente la Ley se puede mejorar, pero:

- ¿En qué se concreta esa necesidad de mejora?

- ¿Cómo mejoramos esas cuestiones concretas?

- ¿Hacia qué objetivo concreto deben estar orientadas esas mejoras?

- Se habla de la necesidad de simplificar, ¿en qué? ¿cómo?

Ahí está la cuestión, en aterrizar esos cambios, esas ideas plasmarlas en propuestas concretas que de verdad ayuden a mejorar nuestra atascada compra pública. Es más, creo que cada una de las personas que trabajamos en el mundo de las compras públicas tenemos en nuestra cabeza, con mayor o menor precisión, qué cuestiones podrían mejorar la compra pública, hacerla más accesible, sencilla y que de verdad respondiera a los objetivos que la propia LCSP declara perseguir.

Para saber, para provocar la conversación, para reflexionar, para avanzar, lo mejor es preguntar a quienes están en el ajo.

Con ese ánimo preguntamos por twitter @jcarlosmelianA ver, #friquisdelacontratacionpublica dejando de lado los chascarrillos, ¿qué modificarías en la #LCSP para hacerla mejor? Comienzo: -Ampliar el ámbito objetivo del recurso especial a toda la contratación (salvo contratos menores)

Y, como se puede ver, al estilo de “Un, dos, tres” dimos una entrada: -Ampliar el ámbito objetivo del recurso especial a toda la contratación (salvo contratos menores).

No voy a reproducir el hilo que a cuenta de dicha pregunta en twitter construimos entre unos cuantos. A todas y a todos agradezco vuestra valiosa contribución. Ahí puedes leer toda la conversación.

En definitiva, todas estas ideas no son mías, cada una de ellas tiene su padre y su madre. Pues bien, por lo pronto, las hemos organizado en esta hoja de cálculo para compartirla con vosotros y poder mejorarla e incluso incorporarle enlaces de referencia que las expliquen, aclaren o concreten en el texto de un artículo.

A ver a dónde llegamos con este invento.

sábado, 5 de marzo de 2022

Fiscalizando los planes antifraude

La fundación General de la Universidad de Salamanca organiza el próximo día 14 de marzo una jornada on line sobre los planes antifraude en las Universidades Públicas

 Por Antonio Arias. Fiscalización.es blog.- Hoy (3.3.2022)encontramos en el diario La Nueva España una noticia sobre la situación de los planes antifraude en las Administraciones del Principado de Asturias. Se trata de un repaso al cumplimiento en la Comunidad Autónoma de la exigencia europea para la tramitación de los millonarios fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR).

Un goteo de planes ha venido apareciendo en la prensa nacional, tras la aprobación de la Orden HFP/1030/2021 de 30 de septiembre que requiere implantar medidas de prevención, detección y corrección del fraude, la corrupción y el conflicto de intereses. Daba para ello un plazo de 90 días desde su entrada en vigor o desde su conocimiento.


No se trata de una obligación menor. De hecho, ha despertado mucho el interés de las instituciones por dominar la metodología de su elaboración, gestión y evaluación. Por ello, la fundación General de la Universidad de Salamanca organiza el próximo día 14 de marzo una jornada on line y de inscripción gratuita destinada al análisis de los planes antifraude en las Universidades y otras Administraciones Públicas.

Una actividad que codirigimos Julio García Muñoz (UCLM) y yo, con la mitad de los ponentes en remoto y un aforo limitado de asistentes en el salón de actos de la Fundación. Todo gratis al patrocinio de UNIVERSITASXXI, y se incluye dentro del programa de trabajo anual de la comisión sectorial de gerentes de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE).

Dentro del material que manejaremos, destaca la última y generosa aportación del Servicio Nacional de Coordinación Antifraude (SNCA) de la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE), divulgando su GUÍA DE MEDIDAS ANTIFRAUDE EN LA EJECUCIÓN DEL PRTR. Ejerce así su función del coordinación general a nivel nacional de la protección de los intereses financieros de la Unión Europea formulando valiosas recomendaciones en los ámbitos de prevención y detección fraude, la corrupción y los conflictos de interés y para evitar la doble financiación. También se aporta una interesante propuesta de Banderas rojas,

El propio Jorge Castejón, director de la Oficina Nacional de Auditoría (ONA) participará en el seminario salmantino hablando de la Declaración de Ausencia de Conflictos de interés (DACI) y sus implicaciones. Un tema trascendental y un territorio por explorar que ya forma parte de todas las reuniones sobre control interno o externo de los fondos públicos. También de los programas académicos sobre auditoría, donde los planes antifraude se han hecho un sitio permanente.

Recientemente, el Interventor General de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Francisco Javier Martín Cabezas pudo explicar su experiencia al respecto, durante la sesión como profesor invitado en una de las clases del Master Universitario de Auditoría del sector Pública de la UCLM. Compartió la dificultad de su implantación autonómica y las características de cada una de sus partes.

Han venido para quedarse

Todos debemos estar preparados para salir airosos de la elaboración y gestión este tipo de instrumentos, que formarán parte del paisaje administrativo español de manera permanente, como curre en otras materias como los riesgos laborales o ambientales, que cuentan con sus propios instrumentos de planificación.

El problema, frecuente en las burocracias, se encuentra en los matices. Uno muy importante: es a quién se le asigna la responsabilidad del Plan. Este parte ha sido de complicada respuesta durante su elaboración, con muy poco tiempo para la tarea y la mayoría del staff económico ocupado en tareas de cierre del ejercicio. Por eso, muchos organismos debieron apurar los plazos aprovechando que eran 90 días hábiles y trasladaron ese trabajo al mes de enero.

Una vez aprobado, el siguiente reto será su gestión y seguimiento: Aquí la cuestión relevante será ¿Tienen entidad suficiente para destinar un funcionario a tiempo completo? Dependerá del tamaño de la institución. Si el Plan se ha hecho bien deberá haber previsto un calendario de acciones, una re-evaluación de riesgos y hasta acciones de formación o sensibilización. Todo eso llevará su tiempo.

La Guía antes mencionada también toca el asunto en la página 40 :  “Dependiendo de las dimensiones y las características de la entidad, podrá constituirse o no en el seno de la entidad decisora o ejecutora una unidad unipersonal o colegiada, dotada de autonomía y, preferentemente, con conocimientos y experiencia en materia antifraude”

Y apunta a continuación un exhaustivo catálogo de funciones a desarrollar. De todo esto hablaremos en Salamanca, aprendiendo de la experiencia de otras instituciones.

Llegan las auditorías

Aún están calentitos los planes, recién paridos y ya el  Tribunal de Cuentas ha aprobado en su Programa de trabajo para 2022 algunas fiscalizaciones singulares en el ámbito de la Administración General del Estado y de sus organismos “como más destacable novedad, las fiscalizaciones de los planes de medidas antifraude aprobados en el sector público estatal”, afirma el propio texto.

También se incluyen en el ámbito local nuevas propuestas para la fiscalización de los planes antifraude aprobados por ayuntamientos y diputaciones que participen en la ejecución de las medidas del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. El trabajo de campo se realizará en 2002 y el informe estará publicado en 2023, tal como se programa en la página 10, donde puede verse que en el sector autonómico (incluye las universidades públicas) se compromete una “Fiscalización sobre las medidas adoptadas en el ámbito autonómico para la implementación del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia” donde los planes antifraude tendrán un especial protagonismo. Estos trabajos serán realizados en coordinación con los OCEX respectivos, como anuncia la nota de prensa de la Sindicatura de Cuentas del Principado de Asturias.

jueves, 3 de marzo de 2022

J R. Chaves: Últimas noticias de la estabilización del personal temporal

 Por J.Ramón Chaves. delaJusticia.com blog.- La Ley 20/2021, de 28 de diciembre, de medidas urgentes para la reducción de la temporalidad del empleo público, plasmó el acuerdo sindical para reducir la temporalidad en las administraciones.

  Se esperaba con avidez la dirección e impulso en su aplicación y desarrollo, así que a título meramente divulgativo me complace informar del Borrador de Criterios comunes para la aplicación del proceso de estabilización se ha hecho público. Aquí está para gozo, amargura o indiferencia, según le vaya la feria a cada interesado.

Por otra parte, dos estupendos artículos doctrinales de acceso libre y gratuito en la Revista Vasca de Gestión de Personas y Organizaciones Públicas, nº21, Julio-diciembre, 2021. Uno sobre Los procesos de estabilización (Remedios Roqueta Buj) y otro sobre El abuso del nombramiento de funcionario interino y su estabilización en la administración (Josefa Cantero Martínez).

 Finalmente, para mostrar a tiempo real el estado de la cuestión, sobre las situaciones de nombramientos abusivos de personal estatutario y funcionario interino, nada mejor que leerse la sentencia de la sala contencioso-administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de 19 de enero de 2022 (rec.1743/2020) que analiza con minuciosidad la normativa concurrente, la doctrina del tribunal europeo y la doctrina del Tribunal Supremo. Aquí está para consulta y análisis de los interesados, y que cada cual extraiga sus conclusiones.

Por lo demás, no efectuaré comentario o exégesis alguna sobre estas vertientes, asumiendo la célebre afirmación de Wittgenstein en su Tractatus philosophicus: “De lo que no se puede hablar mejor es callarse”.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Madrid: Funcionarios ‘guías’, en busca de talento universitario para opositar a la capital

El consistorio acude a las facultades para captar perfiles cualificados ante la jubilación del 50% de la plantilla de mayor nivel. Un equipo de 60 personas atiende de manera altruista las dudas de quienes se postulan a un proceso selectivo

Revista de prensa. Marta R. Domingo. ABC. Dar el paso de dejarlo todo para centrarse en estudiar una oposición para ocupar un puesto en los más altos niveles de la administración es una decisión que genera más incertidumbres que certezas. Es una inversión en tiempo y dinero, disciplina y mucho esfuerzo que no siempre se supera con éxito a la primera, pero que si se logra tiene una grata recompensa. Para reducir a la mínima expresión las dudas previas de quienes apuestan por postularse para un empleo público, el Ayuntamiento de Madrid ha puesto en marcha un servicio de asesoramiento personalizado.

Daniel Salas y Mª Ángeles García son dos de los funcionarios de las últimas promociones que se ha sumado al equipo de 60 voluntarios. «Me pareció una iniciativa muy interesante, me gustó mucho lo que es acercar la administración al ciudadano, que siempre parece que es algo inalcanzable. Cuando yo oposité me hubiera gustado que me hubieran orientado», cuenta a ABC García, que se sacó la plaza a Ingeniera Técnica de Obras Públicas en 2018. 

A través de la iniciativa ‘¿Quieres trabajar con nosotros?’, los ciudadanos interesados pueden plantear sus dudas mediante la página web del ayuntamiento en el apartado de oposiciones. Ellos resolverán todas las cuestiones que se susciten sobre los procesos selectivos abiertos en la capital, como el temario, tipo de pruebas, forma de preparación y grado de dificultad de las pruebas.

Los funcionarios que han dado el paso pertenecen a 14 categorías –letrados, veterinarios, psicólogos o arquitectos, entre otras– y atienden desde el pasado 14 de febrero, de manera altruista, las numerosas consultas que se están planteando con el fin de compartir su experiencia personal. Solo en las primeras dos semanas, ya se han atendido 250 peticiones de información.

«Somos una muy primera aproximación al empleo público. Mucha gente no tiene conocimiento de las oposiciones y preguntan desde cuándo y dónde se convocan hasta en qué consisten los exámenes, cuántas horas, cómo se prepara... Como lo hemos pasado hace poco nuestra experiencia le interesa mucho al que pregunta», relata a este diario Salas, que desde 2019 es Técnico de la Administración General de la rama jurídica en la Agencia Tributaria de Madrid.

La vocación de servicio público que les empujó a adentrarse en la administración municipal es lo que les ha llevado ahora a «devolver» esa mano amiga que un día otros compañeros de promociones anteriores les prestaron. «Quienes nos consultan son bastante generosos con nosotros y nos agradecen el tiempo invertido a cada uno», reconoce, orgullo, Salas.

Renovación necesaria

La captación de talento no es solo una máxima en el consistorio de la capital, sino que ya se ha convertido en una necesidad. «Se jubila el 50% de los titulados universitarios en los próximos 10 años, los que ocupan los puestos de los cuerpos superiores A1 y A2. Estamos reponiendo ya un tercio de las plazas y tenemos en marcha ya más procesos selectivos, por eso no estamos enfocando en ir a las facultades, para que los universitarios sepan el trabajo que hay detrás», explica a ABC el director general de Planificación de Recursos Humanos del Ayuntamiento de Madrid, Antonio Sánchez Díaz.

Además de la atención personalizada a través de la web, los voluntarios asisten a un ciclo de charlas en las universidades. «Les contamos los concursos públicos que tienen que ver con la facultad a la que vamos. Por ejemplo, las obras de plaza de España les interesa a los arquitectos o el Bosque Metropolitano, a los ingenieros de montes», indica Sánchez. A todas ellas siempre va un funcionario experimentado que les habla de la carrera que pueden alcanzar en estos puestos;uno de los voluntarios de las últimas promociones, para responder las dudas sobre el proceso selectivo y otro compañero de Recursos Humanos les explica las condiciones generales de empleo. Así se les da la triple perspectiva.

Durante 2022, el Área de Hacienda y Personal, que dirige la edil Engracia Hidalgo (PP), tiene previsto convocarán un mínimo de 856 plazas de empleo púbico en el ayuntamiento. De ellas, 176 son de turno libre –de ellas, 9 son con discapacidad–, 660 son de promoción interna para personal funcionario y 20 de promoción interna para personal laboral fijo. Estas plazas vendrían a sumarse a las 2.945 plazas convocadas entre 2019 y 2021.

Del total de plazas 67 corresponden al grupo A1 (letrados consistoriales, técnicos de administración general de las ramas jurídica y económica, médicos especialistas, médicos de medicina general, psicólogos y farmacéuticos), 34 corresponden al grupo A2 (titulados medios de administración general, ingenieros técnicos agrícolas, técnicos medios en tecnologías de la información, maestros de educación infantil y fisioterapeutas). Una nueva oportunidad de sumar talento al servicio del ciudadano.

Almeida convocará antes de fin de año 633 plazas de administrativo, arquitecto, ingeniero o trabajador social

Récord en las oposiciones: Madrid alquila tres pabellones de Ifema para los 24.000 aspirantes

Más de 1.300 personas con discapacidad intelectual optan a ser funcionarios de Madrid

lunes, 28 de febrero de 2022

Acreditar el «interés legítimo» municipal

Por Mercedes Fuertes López - esPúblico blog. Las resoluciones judiciales que inadmiten impugnaciones por falta de legitimación tienen un especial atractivo. Constituye un buen ejercicio de gimnasia jurídica advertir si hay cierto «interés legítimo» en quien recurre o, por el contrario, resulta conveniente evitar el paso franco a querulantes activos o paladines de cualquier aventura judicial.

En este sentido, recuerdo ahora un conflicto entre Administraciones locales que ha resuelto el Supremo por su relevancia «casacional» con el fin de ofrecer un criterio jurisprudencial.  En concreto, se trataba de precisar si los Ayuntamientos cuentan con legitimación para impugnar estatutos de consorcios de los que no forman parte, dándose las circunstancias de que habían participado en el procedimiento administrativo de su elaboración y, además, mantienen convenios con el consorcio para la prestación de servicios municipales.

Hay que remontarse en el tiempo para conocer el origen de la disputa. Hacía años que un consorcio local -integrado solo por un Consejo comarcal y un Ayuntamiento- había dado traslado de la propuesta de unos nuevos estatutos y reglas que regirían su funcionamiento a los Municipios de esa Comarca. Tal comunicación envolvía, probablemente, la invitación a su integración. Un Ayuntamiento, el protagonista de esta historia y que mantenía un convenio con el consorcio para la prestación de los servicios sociales, no sólo no solicitó su adhesión, sino que envió consideraciones críticas relativas a la estructura del consorcio, a la composición de sus órganos y, especialmente, al sistema de votación: quebraba la mínima proporcionalidad entre las Administraciones locales.

Los estatutos se aprobaron sin introducir modificaciones a finales de 2014 y ese acuerdo es el que impugna el citado Ayuntamiento. En su recurso recordó la doctrina constitucional sobre la necesaria proporcionalidad de representación en los órganos de las Corporaciones locales, así como jurisprudencia significativa sobre la flexibilidad de interpretar el presupuesto de la legitimación para recurrir. Sin embargo, los Tribunales inadmitieron sus demandas.

Primero, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, en su sentencia 12 de julio de 2019, subrayó que la mera defensa de la legalidad no permite abrir el portón del edificio en el que tiene su sede la Justicia. Resulta necesario acreditar un «interés legítimo», esto es, recordando la jurisprudencia: que la anulación de la actuación administrativa produzca automáticamente un efecto positivo, un beneficio real, actual o futuro. En todo caso, un beneficio cierto. 

Recurrió el Ayuntamiento ante el Supremo defendiendo su interés «legítimo» asentado en varias circunstancias: primero, su participación en el procedimiento de modificación de los estatutos y, en segundo lugar, que el convenio que mantenía con el consorcio estaba afectado por el sistema de votación en el consorcio.

A tales argumentos se opusieron el Consorcio y el Consejo comarcal insistiendo en la falta de legitimación de un Ayuntamiento que no integra el consorcio para discutir su organización interna y régimen de funcionamiento. Recordaron, además, que la legislación catalana atribuye a los consejos comarcales la prestación de servicios sociales de aquellos Municipios que no alcanzan los veinte mil vecinos, caso del Ayuntamiento recurrente, y que se constituyó ese consorcio porque otro con mayor población quiso participar en la gestión conjunta de la prestación de los servicios sociales. De ahí que ofrecieran como conclusión la siguiente: una Corporación local sin competencia en servicio sociales -pues se atribuyen al consejo comarcal-, carece de legitimación para impugnar los estatutos de un consorcio al que no pertenece.

La balanza del Tribunal Supremo se inclinó por inadmitir el recurso por falta de legitimación. La sentencia -tiene fecha de 22 de diciembre de 2021- insiste en que el Ayuntamiento recurrente carece de un «interés legítimo» porque no ha acreditado que, de prosperar su pretensión, obtendría una ventaja cierta o evitaría un perjuicio realmente tangible. Los fundamentos del Supremo señalan que el Ayuntamiento no ha explicado en qué le perjudicaría el sistema de votación y de ahí que su conclusión final declare que «los Ayuntamientos estarán legitimados para impugnar los estatutos de un consorcio del que no forman parte si acreditan verse afectados por sus disposiciones de manera que su anulación les suponga una ventaja real cierta o les evite un perjuicio igualmente concreto y efectivo».

Se reitera la doctrina conocida y, en consecuencia, hay que argumentar qué desventajas origina integrarse en una corporación, qué diferencias existen para el Ayuntamiento la gestión directa se presta por la Comarca a aquellas situaciones en que su posición quedaría diluida en un consorcio, qué inconvenientes le genera adherirse a un convenio con cláusulas establecidas. Y es que hay que tener exquisito cuidado al acreditar que existe un interés «legítimo» con el fin de que no quede sin audiencia judicial quien merece una mínima atención.

domingo, 27 de febrero de 2022

LA PATRIA EN LA CARTERA”: Corrupción vs Integridad en España

“La corrupción no supone solo un problema de criminalidad, sino especialmente de construcción política estatal, regulación imparcial de los organismos públicos y diseño eficiente de las instituciones” (Joaquim Bosch, p. 436)

Reseña Por Rafael Jiménez Asensio. La Mirada Institucional blog al libro  "LA PATRIA EN LA CARTERA”: CORRUPCIÓN ‘VERSUS‘ INTEGRIDAD EN ESPAÑA. Pasado y presenta de la corrupción en España,  por Joaquín Bosch (Ariel) 

Preliminar: un libro necesario y oportuno

La corrupción es un martillo que no cesa de golpear a la sociedad española. Se disfraza de mil maneras, como en carnaval. La intensidad de sus golpes adquiere en ocasiones una dureza inusual, alcanzando las más altas magistraturas y llegando, siquiera sea de refilón, hasta las entrañas de las Administraciones Públicas o, más aún, impactando con fuerza en esas cajas opacas que son los partidos políticos, y en sus aledaños. Hace un daño terrible.

La corrupción, además, engorda conforme el contexto lo permite. Han comenzado a aflorar algunos sonados casos vinculados con las manos libres que la pandemia generó en la contratación pública de urgencia. Por otro lado, la corrupción se ha ligado en exceso al ámbito penal, y tal encuadre tiene muchas limitaciones, al orillar las manifestaciones de corrupción gris, que cada vez tiene mayores raíces en el (mal) funcionamiento del sector público y de la propia política. Hay una corrupción administrativa (de presencia difusa) y social que no tienen sanción penal, pero que conduce también a que la sociedad se empobrezca. Son muchas veces la antesala o la pista de aterrizaje de la corrupción con mayúsculas. 

En este duro contexto de caída libre de lo público, cobra especial importancia la reciente publicación del libro de Joaquim Bosch, La patria en la cartera. Pasado, presente y futuro de la corrupción en España (Ariel, 2022). No podía ser más oportuna esta obra, ahora que la gestión de los fondos europeos puede provocar un incremento desmesurado de prácticas irregulares o incluso de corrupción delictiva, cuando no de múltiples conflictos de intereses. Una tendencia que barreras de pergamino, como los planes de medidas antifraude, apenas podrán parar. Menos aún si no se toman en serio, como todo apunta.

Por tanto, nada más adecuado en estos momentos que invitar a una reflexión sobre el pasado y presente de la corrupción en España (como así se subtitula la obra), al menos para intentar evitar que no se convierta también en una lacerante lacra del futuro. Esta es una importante contribución bibliográfica sobre el doloroso fenómeno de la corrupción en nuestro país; y es una obra bien escrita, muy documentada de principio a fin, de la cual se aprende mucho. Dispone de una correcta sistemática y enfoque, ya que aborda primero la multiplicación de casos de corrupción (los “hechos”) durante la etapa franquista, la transición política y la fase democrático-constitucional hasta llegar (casi) hasta nuestros días, para analizar de inmediato (en la segunda parte) “los problemas” que han servido de caldo de cultivo para que esa corrupción se instale entre nosotros con una comodidad que resulta intolerable. El libro concluye con una idea fuerza: solo la calidad institucional, bien entendida y mejor practicada, será capaz de sacar a este país de las garras de la corrupción.

La imparable presencia de la corrupción en España

Los hechos son minuciosamente tratados con el bisturí argumental propio de un magistrado sensible y bien informado ante tal patología y sus letales efectos. Una de las tesis centrales del libro aparece de inmediato y se reitera a lo largo de las páginas: la dictadura de Franco fue terreno abonado para la corrupción, que sin solución de continuidad se trasladó luego a la transición política y encontró acomodo paradójicamente en un régimen constitucional de 1978 que no supo “remediar” tales lacras.  El autor documenta adecuadamente tanto la corrupción de la dictadura como su traslado al período de la transición, así como su continuidad ulterior. El repaso por los hechos es sencillamente escalofriante. Durante la dictadura franquista, como bien indica, “todo el país aceptó que el fraude era la forma de comportamiento normal y que el abuso de poder era el sistema de gobierno”. Los daños de la corrupción de aquel período aún son tangibles (medioambientales, urbanísticos, etc.), pero sobre todo intangibles, en cuanto al pesado legado y las innumerables hipotecas que se han trasladado hasta nuestros días en los comportamientos y actitudes de la política, del empresariado, de la propia Administración y del sistema judicial, por no hablar de la ciudadanía. Como no podía ser de otro modo, la dictadura fue un período de corrupción (¿Qué régimen dictatorial no lo es?), agravado eso sí por los casi cuarenta años de su eterna existencia. Pensar que aquello no dejaría profundas huellas, es una ingenuidad.

Sin embargo, en mi modesta opinión (dado que no soy experto en temas de corrupción) la dictadura franquista representó una explosión de conductas y hábitos que ya estaban incubados en la política y en la sociedad española, y que tenían, por tanto, raíces mucho más profundas. Tanto Primo de Rivera como Franco prohibieron cínicamente “las recomendaciones”, lo que ya era un síntoma de su desorbitado arraigo. Esa herencia, procedente de los primeros y desviados pasos de construcción del Estado Liberal en España, se manifestó inicialmente con fuerza durante el sistema político isabelino y el sexenio revolucionario, para ir generando una eclosión durante el sistema político de la Restauración, manifestarse también con sonados casos en la dictadura Primo de Rivera y en la II República, y siguió tomando cuerpo, hasta desarrollarse de modo exponencial en el primer y durísimo ciclo totalitario del régimen franquista, transformándose luego en una corrupción más “moderna” (y selectiva) a partir del Plan de estabilización de 1959. Dicho de otro modo, es el legado político-institucional decimonónico el que alimenta la continuidad del fenómeno clientelar y la futura emergencia de la corrupción como fenómeno estructural de la enferma democracia española hasta nuestros días. En una visión personal, que en nada enmienda la tesis del autor, pues Joaquim Bosch ya cita esos precedentes, si bien pone el foco central del problema en la dictadura franquista y en las hipotecas de la transición. Es lógico que así sea, puesto que la corrupción como fenómeno político crece conforme el Estado adquiere más peso. Si bien, creo que puede haber más fondo. Y, en su día, lo intentaré argumentar con más elementos.

El tránsito de la corrupción hasta nuestros días a través de los más de cuarenta años de vida democrático-formal, está muy bien tratado en la obra, donde se seleccionan los escándalos de corrupción más relevantes, cuyo documentado recorrido pone los pelos de punta. La “transversalidad” ideológica de la corrupción es evidente; por mucho que los últimos escándalos más recientes descansen bajo los hombros de la derecha política (aunque también tienen otros colores políticos), la izquierda y los nacionalismos periféricos no salen ni mucho menos indemnes. Los dos grandes partidos se han ido repartiendo, según períodos, el liderazgo vergonzante de la corrupción. Y eso no debe tranquilizar a nadie, por mucho que nos repita una y otra vez que son cosas del pasado y «de otros» que ya no están. La geografía de la corrupción es también sintomática. Sin tratarse de un relato exhaustivo en la obra, sí que es lo suficientemente concreto para alarmar a cualquier lector bienintencionado. Los tentáculos de la corrupción se extienden por doquier, incluso por lugares en los que la probidad pretende ser un sello de identidad. El arco mediterráneo fue particularmente azotado por ese fenómeno.

Un sistema político-institucional sin frenos; desarmado de controles efectivos

No obstante, siendo muy importantes el relato de los hechos, más lo es -bajo mi punto de vista- la segunda parte del libro, que trata de “los problemas”. El arranque es, a mi juicio, impecable: la respuesta penal ante la corrupción, siendo necesaria, se produce “cuando el daño a la sociedad ya se ha materializado”. Aunque el Derecho penal juegue como importante elemento de disuasión, lo que hace falta es invertir en algo que ni sabemos ni queremos hacer (aunque ahora nos venga impuesto por la UE en la gestión de los fondos europeos): “La prevención de los abusos de poder resulta fundamental”. Y ello por una razón muy elemental que el autor cita reiteradamente: “La corrupción que llega a los juzgados es la punta del iceberg”. Y efectivamente así es. Lo que parece desmentir esa percepción siempre repetida entre nosotros de que la corrupción no es sistémica en España. A mi juicio, es algo que no sabemos. También solemos decir que la corrupción se circunscribe sobre todo a la clase política, y que no se hace extensiva a “los cuerpos de la Administración ni tampoco a los jueces y a los policías”. No diré que ello no sea así, pero tampoco diré lo contrario. A mi modo de ver no se entiende muy bien cómo ha funcionado una corrupción tan elevada en determinados momentos y ámbitos (donde ha realmente aflorado) sin que nadie ni en la propia Administración ni en los órganos de control, al parecer, se enterara de nada. Algo falla en ese razonamiento, más cuando la corrupción se asienta en ámbitos de riesgo que están plenamente identificados. En efecto, es algo que hemos visto  constante y recientemente en la contratación pública, en las (siempre opacas) subvenciones o ayudas, en el pozo sin fin del urbanismo, en la cueva de Alí Baba del sector público empresarial, en la más ordenada (pero eminentemente formal y burocrática) gestión económico financiera o en la eclosión de personal interino y temporal en las Administraciones Públicas que en las últimas décadas ha llegado a la escalofriante cifra de casi un millón de personas (no pocas de ellas ingresadas de la mano de prácticas de corrupción clientelar, que ahora se aplantillarán de “por vida” y sin acreditar conocimientos de (casi) nada por la mano política benefactora, una manifestación indecente de corrupción legislativa populista (que nadie denuncia).  Donde no hay función pública profesional e imparcial la corrupción anida con facilidad pasmosa. La corrupción siempre se está reinventando para conseguir los mismos fines: priorizar los intereses privados, políticos, empresariales o sindicales, por encima de ese sacrosanto interés general, que hoy en día ya no pasa de ser más que una mentira piadosa o una locución vacía.

La segunda parte del libro transita ordenadamente por los problemas que se han enquistado en el oxidado sistema político-institucional español, y que convierten en tarea hercúlea no ya eliminar, sino siquiera reducir, la carga de corrupción (visible e invisible) que es capaz de soportar este país llamado España. Ya se han expuesto algunos de ellos. La apuesta del autor por la integridad, transparencia, participación y rendición de cuentas, tropieza con una política que abraza sin pudor una comunicación autocomplaciente y hasta cierto punto falseada (solo portadora de aparentes “buenas noticias”). También con la carga de cinismo que supone gobernar como siempre se ha hecho en este país: sin trabas ni frenos. Pues hay algo que el autor trata que condiciona todo: los partidos políticos. Carecen -como bien señala- de democracia interna y se han convertido en estructuras endogámicas adosadas al poder, y además solo se representan a sí mismos: sus intereses se limitan en gran medida a satisfacer sus propias clientelas. Su proceso degenerativo, de no remediarlo un giro copernicano, parece imparable: son partidos de cargos públicos, como los he calificado en otro lugar, alejados casi totalmente de las necesidades de la ciudadanía (Piero Ignazi).

Muy esclarecedor y de gran interés es el capítulo dedicado al despilfarro (que también es corrupción), al clientelismo y a las puertas giratorias. Que frente al enorme despilfarro y la multiplicación de casos de corrupción que han existido en España ningún alto funcionario ni órgano de control haya dicho prácticamente nada, es -como antes se señalaba- llamativo. Más aún lo es que, como bien informa el autor, haya tenido que ser el Tribunal de Cuentas europeo quien lo haya puesto de relieve. Tener un denso y extenso sistema institucional de órganos de control y de regulación, capturados indecentemente por los propios partidos y que apenas funcionan en su sentido existencial (controlar al poder), es también corrupción institucional, aunque a muchos les parezca exagerado el término. El clientelismo tiene raíces profundas, algunas de las cuales trata magistralmente el autor, y las puertas giratorias -como denuncia- son un escándalo reiterado que tampoco nadie quiere resolver. Pero no solo en la política, también en la alta función pública y en la judicatura, ámbitos en los que se transita con increíble facilidad desde lo público a lo privado y viceversa. Una alta función pública dominada en sus puestos de responsabilidad por las hipotecas de la designación política o de la libre designación es pasto de corruptelas ulteriores: quien debe su puesto a la política nunca se opondrá, cuando sea necesario, a sus a veces espurios propósitos. La imparcialidad es un principio cuyo sentido existencial se desconoce en España. Y quienes son formalmente imparciales es porque poco o casi nada pintan. La (mala) política los atropella. 

También muy relevante es el capítulo dedicado al sistema institucional y a la persecución de los delitos. En este punto el autor acredita su condición de miembro de la carrera judicial, lo que no le impide lanzar argumentadas y justificadas críticas al estado de absoluto deterioro en el que se encuentra tanto el (hoy en día desgraciado e inservible) órgano de gobierno del poder judicial (CGPJ) como la propia administración de justicia, sin duda el sector de la Administración Pública más retardatario en su proceso de (al parecer imposible) transformación. Cabe compartir con Joaquim Bosch la idea de que nadie ha querido ni quiere realmente reformar la Justicia. En cuarenta años así ha sido. Lo cual es un ejemplo evidente de que el poder político se siente a gusto con un sistema judicial inoperativo, mal dotado, colonizado por la política en sus niveles más elevados y a todas luces ineficiente, lo que multiplica las posibilidades de que la corrupción y la impunidad campen a sus anchas. En fin, que sean las instituciones europeas o el Consejo de Europa quienes una y otra vez nos emplacen a llevar a cabo reformas que una clase política indolente y cínica se niega sistemáticamente a adoptar, es una auténtica vergüenza. Y muestra, además, el verdadero carácter de una aparente democracia formal en estado de ruina. El autor da en la clave, cuando afirma que “las transformaciones centradas en políticas preventivas, en fortalecer la separación de poderes y en mejorar nuestra calidad institucional, dependen principalmente de la voluntad política”. Y ello es efectivamente así. Ahí está el problema.

El dilema presente y futuro: Calidad Institucional ‘versus’ corrupción  

El magistrado Joaquim Bosch ha escrito un ensayo dirigido al gran público que será referencia en el ámbito de la corrupción en España. El libro transita muy bien por los hechos y por los problemas. Además, quiere ser propositivo. Busca las líneas de solución que sintetiza correctamente en el Epílogo, donde apuesta encendidamente por superar la corrupción a través de la calidad institucional. Efectivamente, esa es la vía correcta. Aporta, así, un punto de optimismo, poniendo de relieve que si otros países lo han conseguido por qué no lo podremos alcanzar nosotros. Su defensa de la integridad institucional, no cabe sino compartirla. Y aplaudirla. El autor es un juez de carrera a quien le quedan muchos años de desarrollo profesional y, por tanto, es loable y plenamente justificado que pretenda vivir en una sociedad donde la corrupción sea una anécdota y la integridad se convierta en la regla de actuación de nuestros poderes públicos.

Mi percepción del problema es, sin embargo, más pesimista. No advierto ningún síntoma de cambio o transformación en la dirección expuesta. Es más, mi diagnóstico del sistema público-institucional es cada día que pasa más negro. La corrupción (en sus formatos light y hard) sigue campando silenciosa o ruidosamente a sus anchas y nos dará sustos sinfín en los próximos años. Y ello se debe al pesado legado histórico de una pésima concepción de lo público en España que nadie ha sabido ni querido eliminar. Sigue anclada una concepción clientelar de la política que sacude por igual a todas las formaciones políticas, sean viejas, nuevas o de próxima generación. Y nadie quiere cambiarla realmente. Se adoptan medidas cosméticas de cara a la galería. Porque un cambio de tales magnitudes comportaría desplegar un sentido institucional efectivo que le diera prioridad frente al sentido lacayo de pertenencia al partido, configurar un sistema real de contrapesos y de control del poder despolitizando radicalmente las administraciones públicas y los órganos de control y reguladores (algo que nadie en la política española va a hacer), así como, entre otras muchas cosas, construir una sociedad con valores que impregnen lo público, impulsar una transparencia y una rendición de cuentas efectivas, así como mejorar los pobres canales de participación ciudadana hoy en día existentes.  Sabemos perfectamente cuáles son los problemas y cuáles las soluciones. El eterno drama de este país es que quien debe desatar el nudo, nunca lo hace realmente. Y no se advierte que lo vaya a hacer en un futuro próximo, aunque el libro de Joaquim Bosch marca muy bien la hoja de ruta. Si no lo han hecho aún, les recomiendo que lo lean. Al margen del duro relato, su visión positiva del epílogo es la que se debe recuperar. Ojalá su discurso cale y quien esto escribe esté radicalmente equivocado. Por el bien de todos, menos de algunos.

viernes, 25 de febrero de 2022

Carles Ramió. La Universidad se está jugando su supervivencia (II)

"La universidad pública como ascensor social anda actualmente bastante averiado"

Por Carles Ramió. esPúblico.com blog.- Es probable que los especialistas en historia de la Universidad hayan detectado diferentes momentos en que estas instituciones se han encontrado con encrucijadas difíciles de superar y que de ellas han salido airosas e incluso reforzadas sin necesidad de introducir ningún cambio. Muchos pueden pensar que la actual situación de crisis será una etapa más que se va a superar sin mayores dificultades. Es probable que se equivoquen. 

Los cambios actuales y los que están por llegar de manera rápida van a generar una disrupción que va alumbrar una nueva manera de gestionar el conocimiento, nuevas fórmulas de formación básica, media y superior, etc. Las tecnologías emergentes, la sociedad de la información y la futura sociedad de la inteligencia artificial y de la robótica ponen en duda muchos actores económicos y sociales que han ejercido, hasta ahora, la función de intermediarios. La sociedad empoderada gracias a la tecnología puede alcanzar determinados servicios de manera directa sin necesidad de intermediación. Hay instituciones y organizaciones que van a desaparecer y van a surgir otras nuevas con mayores dimensiones y con un alcance más global. Las universidades somos meros intermediarios entre los alumnos y el conocimiento, entre los jóvenes y unos determinados mercados laborales. Esta posición privilegiada de las universidades está ahora en duda y en el futuro lo puede estar mucho más.

Carezco de la visión necesaria para poder saber que textura institucional y organizativa van a necesitar las universidades para que puedan sobrevivir a todos estos cambios tan profundos y radicales. Es probable que hoy en día nadie pueda vislumbrarlo. En todo caso de lo que sí estoy seguro es que el actual modelo de gobernanza, de organización y de prestar servicios de nuestras universidades es caduco. Es un modelo que, sin duda, nos aboca al fracaso y nos postula como unos finados muy prometedores. Unos sistemas de transmisión del conocimiento casi inalterables durante los últimos mil años (quizás los tímidos cambios que hemos experimentado recientemente, de la mano del modelo de competencias del Espacio Europeo de Educación Superior y de la pandemia de la Covid-19, han sido los más significativos en un milenio), con un sistema de gobierno y de organización barroco, fragmentado, complejo y capturado corporativamente. Una autosatisfacción con una supuesta democracia interna que es poco operativa, impermeable a las demandas sociales y que sigue designios gremiales y ocurrencias demagógicas. Por tanto, todos los esfuerzos que podamos hacer en estos años, previos al gran cambio que se avecina, en simplificar nuestros modelos organizativos, en ejercitarnos con las transformaciones para ser contingentes y adaptables, en ser más comprensibles en nuestro funcionamiento para la sociedad y la economía, etc. van a ser esfuerzos imprescindibles para poder optar en el futuro a nuestra supervivencia institucional. Esta supervivencia no la tiene ninguna universidad asegurada pero aquellas que muestren mayor capacidad de adaptación, transformación e innovación son las que tienen más posibilidades de éxito y el resto, probablemente, se las va a llevar por delante los nuevos tiempos.

El último gran cambio que tuvo que enfrentarse la Universidad pública fue la de migrar de una Universidad elitista (5 por ciento de la sociedad) a una Universidad de masas (30 por ciento de la sociedad). Este gran cambio se produjo en nuestro país a principios de los años setenta. Fue una transformación importante pero conceptualmente poco relevante ya que solo tenía que atender a dimensiones cuantitativas: más alumnos, más profesores, más infraestructuras y, por tanto, mayor financiación. Con esta mutación la Universidad se legitimó socialmente ya que ejercía una función de ascensor social (y, por tanto, dejó de actuar como un sistema de reforzamiento de las élites sociales). En efecto, durante la década de los ochenta poseer un título universitario casi aseguraba la empleabilidad con una cierta calidad en un país con un mercado laboral muy complejo y deficitario. Actualmente la Universidad ya solo es capaz de garantizar que un 50 por ciento de sus graduados posean un trabajo de calidad en retribución y en una cierta estabilidad. La universidad pública como ascensor social anda actualmente bastante averiado. En cambio, la universidad privada asegura que las élites sociales, aunque engendren una prole mediocre y poco hacendosa, mantengan su posición de privilegio social. Muchos quieren subir en el ascensor social pero no queda mucho espacio si no hay apenas ninguno que baje en el marco de un mercado laboral cada vez más restrictivo en ofrecer empleos de calidad.

Educación plural y fragmentada

Todo parece indicar que la educación superior en el futuro va a ser muy plural y fragmentada y va a abandonar la lógica monopolística, al menos en España, que pasa por las universidades públicas de carácter presencial. Por una parte, las universidades a distancia (privadas y públicas) va a tener mayor presencia en el mercado. Por otra parte, van a emerger nuevas universidades, difícilmente reconocibles como tales, pero que van a participar en la educación superior: universidades corporativas vinculadas a grandes empresas y universidades orientadas a determinados perfiles de alumnos (por ejemplo la antes citada South New Hampshire University es un centro de educación superior que se ha especializado en formar a exmilitares que proceden de las guerras de Afganistán e Irak). Por otra parte, la formación profesional (ciclos superiores de formación profesional) presiona para hacerse un hueco en la educación superior y le cuesta encontrar un encaje en el modelo universitario tradicional. En este sentido, no deja de ser impactante que haya un porcentaje cada vez más significativo de alumnos que una vez han obtenido un grado universitario no opten por cursar una maestría sino que elijan complementar sus estudios con un ciclo superior de formación profesional. Esta dinámica de diversidad y de cierto caos va a ser inevitable con independencia de que la regulación pública de la educación superior sea más restrictiva o más liberal (caso de la Comunidad de Madrid) ya que, en gran medida, el éxito de estos nuevos operadores en educación superior no depende de la regulación pública sino de su nivel de aceptación por parte del mercado y de la sociedad. Un mercado y una sociedad en profunda transformación que busca nuevos perfiles profesionales y nuevos mecanismos para tener éxito en la inserción en un mercado laboral convulso y confuso asociado a la revolución tecnológica 4.0. 

Ahora la Universidad pública se enfrenta a una tormenta perfecta de profundos cambios que ponen en duda su posición central en el sistema de educación superior y en su transcendencia en el impacto en el mercado laboral. Se ha argumentado que los cambios exógenos son profundos y de potencial elevado impacto pero, en cambio, las transformaciones endógenas son todavía tímidas y superficiales. Pero no hay que despreciar en absoluto estos indicios de cambio en el funcionamiento interno de las universidades públicas ya que el elemento más relevante es que han iniciado de manera voluntaria un proceso de transformación. Hay que valorar positivamente que las universidades públicas van dejando de lado su somnolencia en relación a su modelo interno de gobernanza y que vayan iniciando procesos de transformación con modestos cambios, pero difíciles a nivel corporativo. Esta es la senda en la que hay que profundizar y que el legislador en educación superior debería apoyar. Sería una buena idea que la legislación universitaria fuera plural y flexible y abandonara su tradicional marco conservador y uniformador. La uniformización implica apostar por un único modelo que seguramente aboca al fracaso de todo el sistema universitario público. En un momento de profunda transformación es insensato ubicar todos los huevos en el mismo cesto. El marco regulatorio de la universidad pública debería abrirse para que cada universidad defina un perfil propio: universidades que desean mantenerse en el actual modelo versus universidades que apueste por la investigación y por los postgrados, universidades que se orienten a determinados perfiles de alumnos (universidades con una orientación netamente profesional versus universidades con una vocación más cultural e interdisciplinar, etc.). Hay que lograr que la Universidad pública pueda ser diversa como diversa es la sociedad y el mercado. Hay que lograr que la Universidad pública pueda ser flexible y contingente y logre adaptarse rápidamente a las transformaciones de su entorno (dimensión que hoy por hoy parece que solo atesoran las universidades privadas). Solo mediante la diversidad y la flexibilidad la Universidad pública del futuro va a poder preservar su valor social acompañando a la sociedad (y especialmente a la parte más vulnerable de la sociedad) a navegar por un mar tecnológico, económico, laboral y social dinámico e imprevisible y, por tanto, proceloso.   

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