sábado, 1 de agosto de 2026

¿ Por qué Ceuta es el epicentro de una tenebrosa lucha internacional ?

 La ultraderecha global cabalga la crisis y los enemigos geopolíticos de la UE espolean y disfrutan la división interna al bloque

Revista de prensa. Andrea Rizzi. El País 1.8.2026.- El diminuto territorio de la ciudad autónoma de Ceuta se ha convertido en el epicentro de una gigantesca lucha internacional en la que convergen múltiples intereses y planos de lectura políticos y geopolíticos.

En primer plano se halla por supuesto la relación bilateral entre España y Marruecos con las consabidas tensiones territoriales. Cualquiera que tenga un mínimo de conocimiento de causa o sentido común entiende que la llegada de decenas de miles de personas en un reducido periodo de tiempo en un lugar tan sensible y fácilmente controlable no se produciría sin la anuencia o cooperación de Marruecos, un Estado con sólidas capacidades policiales y de inteligencia. El hecho se produce poco después de una sentencia del Supremo que prohíbe devoluciones en caliente para las entradas marítimas, pero también poco después de la cristalización del reacercamiento de España a Argelia —con la visita del presidente Sánchez a Argel— y de la aprobación en la Comisión de Justicia del Congreso español del proyecto de ley que concede la ciudadanía a los saharauis nacidos en el territorio cuando era colonia española y a sus descendientes.

El contexto más amplio de esta relación muestra más cosas, entre ellas otros episodios de crisis migratorias con rasgos de cálculo político y una actitud manifiestamente apaciguadora del Gobierno español ante el marroquí. Su emblema es el viraje en la política hacia el Sáhara, llevado a cabo de forma abrupta, rompiendo la tradicional política de Estado en la materia y sin contrapartida clara, tangible y de igual valía.

La relación con Rabat es sumamente delicada para Madrid por las reivindicaciones territoriales, por asuntos tan importantes como la migración o la lucha antiterrorista. Eso explica tal vez ciertas prudencias, pero no las convierte necesariamente en aciertos. Lo que subraya la experiencia de la vida es que el apaciguamiento por lo general tiende a ser una invitación al apaciguado a continuar con sus exigencias o abusos.

En el segundo plano se halla el contexto geopolítico internacional, con Estados Unidos e Israel como países clave, a la vez fortísimos sostenedores de Marruecos y agriamente hostiles al Gobierno de Sánchez. España, como es notorio, ha adoptado posiciones muy críticas —a mi juicio de forma correcta y valiente— con las operaciones bélicas de aquellos países en Irán o en Gaza. En otros asuntos —como el 5% de PIB de gasto militar— Madrid ha tomado decisiones que han enfurecido a Trump. Este ha prometido venganza. La apuntó en el terreno comercial, pero es un plano difícil porque España está escudada en el mercado común europeo. Algunos especularon que podría afectar a las bases OTAN en España —pero sería un tiro en el pie para Washington—. Un ataque híbrido en forma migratoria se antoja como algo de sumo agrado para la Casa Blanca y el Ejecutivo de Netanyahu. El tiempo, tal vez, aclarará, si además del agrado posterior hubo impulsos o anuencia anterior.

El tercer plano es la dimensión puramente política. Las ultraderechas globales están hiperventilando de felicidad por esta crisis que golpea a un adversario político y se presta a ser manipulada para reforzar sus tesis. El desfile en X y otros contextos, desde Meloni y Abascal a Trump y Musk, es elocuente. El Gobierno italiano, en horas bajas, ha encabezado, seguido por otros, un movimiento oportunista, propugnando “la suspensión del espacio Schengen con España”. Ante ello, cabe recordar: Ceuta no es parte del espacio Schengen; ningún migrante fue trasladado a la Península; la normativa prevé que Estados del espacio Schengen puedan activar excepciones al acuerdo en forma de controles fronterizos, pero no es posible una suspensión de un país miembro, como la formulación del mensaje hizo pensar a muchos. Finlandia o Dinamarca han asumido posiciones similares a las de Italia, que finalmente activó la medida de controles bilaterales que sí es contemplable.

Y esto toca el núcleo de la cuestión, que es geopolítico y político a la vez. La crisis abre una nueva fractura en la UE, cosa sin duda celebrada por sus enemigos, entre los cuales, entre otros, están Rusia y EE UU. La propaganda rusa no ha tardado en agitar la crisis ceutí para provocar discordia. Y cabe recordar que EE UU ha prometido en su Estrategia Nacional de Seguridad “cultivar la resistencia” al proyecto europeo. Fomentar el auge de partidos ultra euroescépticos es la mejor manera de frenar ese camino de integración que es el único para poder hacer frente a los depredadores desatados de este siglo. A Marruecos, por su parte, en teoría no le convendría la llegada al poder de una fuerza ultranacionalista en España, pero si esta, como Vox, es una aliada sumisa del trumpismo, eso cambia la ecuación.

Desafortunadamente, exponentes del PPE prefieren intentar sacar renta partidista de esta crisis en vez de pensar en el interés general europeo. Afortunadamente, no todos han reaccionado igual, y el canciller Merz, al menos de momento, se ha expresado con contención. El liberal Macron sí expresó solidaridad con España. Ursula von der Leyen perdió una excelente oportunidad para hacerlo en su mensaje en X, y esto sin duda no será olvidado.

Por supuesto, el expediente del Gobierno de Sánchez no es inmaculado. En esta circunstancia, llama poderosamente la atención la escasa dotación de medios en la frontera en un momento que era claramente inflamable, y que no se procediera de urgencia a una demarcación marítima que habría sostenido la posibilidad de devoluciones en calientes después de la sentencia del Supremo. Es también discutible el conjunto de la política hacia Marruecos, en contenidos -no tan coherentes con los valores profesados en otras circunstancias- y en las formas -pese al obstruccionismo impresentable del PP, en esta cuestión se debería haber actuado de forma más involucrada-. En general, junto a grandes luces -un notable desempeño económico, loables leyes de progreso civil- hay flancos oscuros y entre ellos actitudes polarizadoras.

Pero comprar el argumento de que esto es el resultado de la regularización de sin papeles es una banalización que equipara a quien lo sostiene a Elon Musk; pedir la suspensión de Schengen es hacerle el juego a todos aquellos que desean una UE dividida.

El momento mundial es muy complicado. Sin un poco de altura moral, Europa no conseguirá responder de forma adecuada, hundiéndose en una espiral de fricciones y fracturas internas que solo generan desconfianza, rencores y parálisis.

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