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sábado, 7 de mayo de 2016

Gerard Llobet: ¿Gestión pública o privada de servicios públicos?

"El resumen que uno puede hacer de estos resultados es que no deberíamos utilizar la gestión privada para todo. Se debería reservar para aquellos servicios donde la calidad es fácil de medir y se financian en gran parte por los peajes que pagan los usuarios"

Por GERARD LLOBET . Blog Nada es Gratis.-  A raíz del cambio de gobierno en muchos municipios en los últimos meses hemos asistido a un renovado debate sobre si servicios públicos como la recogida de basuras, agua, limpieza, vivienda pública o la gestión de la bicicleta municipal deberían ser gestionados por empresas privadas o por el propio ayuntamiento. Este debate surge en parte también como contraposición a la tendencia en los últimos veinte años de externalizar la construcción y gestión de otros servicios como hospitales o algunos aeropuertos y generalizar la gestión privada de autopistas. ¿Hemos ido demasiado lejos en esta tendencia? ¿Tiene tantas ventajas la gestión privada? Este es un tema del que hace mucho tiempo que hablo aquí pero siempre a partir de casos particulares. Mi objetivo hoy es dar una visión más general basada en la literatura académica.

En los ejemplos que he puesto anteriormente he mezclado (intencionadamente) dos modelos distintos. En el caso de la externalización de los nuevos hospitales, como se hizo por ejemplo en Madrid, o en el caso de las autopistas o aeropuertos, se ha licitado tanto la construcción como la gestión de los mismos. Este modelo responde a las llamadas Asociaciones Público-Privadas (o APPs) o Consorcios Público-Privados (en inglés Public-Private Partnerships o PPPs). La empresa concesionaria construye la infraestructura y la explota durante un largo periodo de tiempo (a veces hasta 50 años). Sus ingresos pueden provenir de tres fuentes (que discuto más abajo): peajes como los de las autopistas, los llamados peajes en la sombra o los pagos fijos de la administración. Este modelo convive en España con muchos otros casos en los que la administración gestiona directa o indirectamente hospitales, autovías o aeropuertos.

En el caso de servicios como la recogida de basuras, la empresa concesionaria lleva a cabo solo una pequeña inversión y la parte importante es la gestión. Los peajes son poco habituales y el coste es pagado directamente por la administración, a veces con penalizaciones/bonificaciones asociadas a la calidad del servicio.

En un reciente libro, Engel, Fisher y Galetovic (2014) discuten las lecciones que hemos aprendido como resultado de los estudios que se han realizado acerca de la externalización de estos servicios y en concreto de las APPs, aunque muchas de sus conclusiones aplican también a la gestión de cualquier servicio. En el resto de la entrada resumo un poco su contenido y lo relaciono con el caso español. En todo caso, recomiendo a los interesados la lectura del libro.

Las ventajas de las APPs son varias. Las principales son las siguientes. Primero, su mayor flexibilidad en relación a la gestión pública y la especialización de la empresa puede contribuir a una mayor eficiencia. Segundo, vincular la construcción del proyecto con su explotación permite que las empresas implementen durante la construcción mejoras que son costosas a corto plazo pero que simplificarán y abaratarán la gestión. Tercero, la vinculación de la construcción y la explotación hace que si la licitación se hace bien, la empresa evite involucrarse en proyectos ruinosos (los llamados elefantes blancos). Cuarto, al firmar un contrato a largo plazo con la empresa privada, la administración se compromete a que se llevarán a cabo las inversiones necesarias en el mantenimiento de la infraestructura. Esto es en contraposición con, por ejemplo, las carreteras de gestión pública que en años de recortes han sido desatendidas y cuyo coste de reparación se multiplicará el día que alguien por fin les preste atención.

Sin embargo, las APPs y la gestión privada en general adolecen también de muchos problemas que nos permiten entender en qué contextos no tienen sentido.

Calidad institucional: Contratos de gestión privada implican riesgos tanto para los ciudadanos como para la empresa. Por un lado, existe el riesgo asociado a la corrupción y la asignación de la concesión no a la empresa más eficiente sino a la más cercana a la administración, lo que encarecería el servicio. Por el otro, existe un riesgo asociado a la inseguridad jurídica, si la empresa sospecha que la administración renegará de su contrato.

La multitud de casos de corrupción que leemos en los periódicos todos los días nos dicen que el primer riesgo es muy real. Además, como discutí en otra entrada, existe evidencia de que, por ejemplo, la composición política de un ayuntamiento afecta el coste de servicios como la gestión de basuras. La inseguridad jurídica, en cambio, es un problema menos habitual en estas infraestructuras que en otros sectores como el energético, tal y como discutí aquí.

Reglas contables y déficit público: Este es uno de los aspectos más importantes y que a menudo se ignoran. Las APPs habitualmente permiten a la administración construir (a veces) infraestructuras sin que su coste se incorpore a los cálculos de gasto público. Pongamos un ejemplo. Supongamos que una administración quiere construir una autovía con coste de 1000 euros y gasto anual de gestión de 100. Si la administración licita la construcción y gestiona directamente la infraestructura, los 1000 euros se incorporan como deuda pública. Sin embargo, si se licita como APP durante diez años la administración puede no pagar por la construcción y a cambio comprometerse a un canon por el uso de la infraestructura, de tal manera que cada vez que un coche pase por ella la empresa reciba una remuneración. Evidentemente, la empresa no querrá avenirse a este acuerdo a menos que reciba como mínimo 200 euros al año. A nivel del contribuyente los dos casos son iguales, pero en el segundo no ha aumentado la deuda. ¿Tiene eso sentido? Evidentemente no. En el segundo caso la administración ha comprometido parte de sus ingresos futuros (100 euros más al año) sin que eso quede reflejado en el balance de su gestión. Según explicó el Presidente del Foro PPP, Miguel de la Fuente, esta distorsión contable explicaría la mala planificación de autopistas como las radiales de Madrid, pero aplicaría igual a otras vías que tienen un peaje en la sombra.

Una variación de este sistema podría estar detrás de la M-30 de Madrid: se creó una sociedad mixta para su mantenimiento con la que el ayuntamiento se comprometió a aportar recursos para garantizar a los inversores privados un rendimiento fijo muy por encima de los tipos de mercado. 

Por el otro lado y para hacer el tema mas surrealista, resulta que algunos servicios cuando son proporcionados por un ayuntamiento no están sujeto al pago de IVA pero sí lo están si lo hace una empresa privada, lo que encarece ficticiamente el mismo servicio.

Renegociaciones: Otro problema de las APPs es la asimetría en el caso de beneficios y pérdidas. Cuando la empresa gana dinero raramente se renegocia la concesión, precisamente por un tema de seguridad jurídica. Esto sucedió, por ejemplo, con la autovía M-45, que resultó tener mucho más tráfico del esperado y que, como resultado, ha sido extremadamente rentable para la empresa. Esto no sería un problema si las empresas concesionarias asumieran las pérdidas cuando las hay. Sabemos que este no es el caso: en las radiales, en el almacén Castor (ver aquí la discusión de Juanjo Ganuza al respecto), en el túnel del Pertús (TP Ferro) y recientemente en el Aeropuerto de Corvera tenemos ejemplos en los que la Responsabilidad Patrimonial de Administración (RPA) terminará compensando parte de las pérdidas de las empresas. En una entrada anterior, también discutí algo parecido para otros servicios como BiciMAD.

Observación de la calidad: En infraestructuras como las autopistas o servicios como la recogida de basura es relativamente fácil describir en un pliego de condiciones la calidad que la empresa debe proporcionar y estipular penalizaciones cuando ésta no se cumple. El uso de peajes pagados por el usuario también contribuye a controlar la calidad dado que si la empresa concesionaria gestiona mal, los usuarios mismos dejarán de utilizar el servicio. Cuando estas condiciones no se dan la gestión pública tiene ventajas en este aspecto. Es por ello, que los autores advierten de las desventajas de que servicios como la sanidad se gestionen de manera privada, como han hecho algunas comunidades autónomas. El riesgo es especialmente importante en casos como Madrid o Valencia donde se han externalizado no solo los servicios no-sanitarios de algunos hospitales sino a veces también los servicios sanitarios mediante el llamado Modelo Alzira (aquí una discusión anterior en este blog). Como también conté en su momento para el caso de Madrid, el informe de la extinta Comisión Nacional de la Competencia mostraba además que la licitación se hizo rematadamente mal, lo que apunta a otro problema de este tipo de concesiones: la falta de conocimientos de los encargados de diseñarlas, que puede encarecer y reducir la calidad del servicio.

Evitar peajes en la sombra
El resumen que uno puede hacer de estos resultados es que no deberíamos utilizar la gestión privada para todo. Se debería reservar para aquellos servicios donde la calidad es fácil de medir, se financian en gran parte por los peajes que pagan los usuarios (y evitar siempre los peajes en la sombra), existen sinergias entre la construcción y el mantenimiento del servicio, o tenemos evidencia de que la participación de una empresa privada conllevará substanciales mejoras en la gestión.

En mi opinión esto es muy distinto de lo que hemos visto en los últimos años, donde muchos políticos han utilizado las APPs o la gestión privada por motivos puramente ideológicos o como manera de sacarse la foto inaugurando una infraestructura sin que los cálculos de deuda pública se vean afectados, pero hipotecando los ingresos fiscales futuros a menudo a un coste mucho mayor del necesario. En un irónico giro de acontecimientos, ahora tenemos muchas de esas infraestructuras quebradas y pendientes de rescatar pero no hay prisa por resolver porque eso implicaría reconocer un nuevo incremento del déficit público. Y ya tenemos a Bruselas muy toreada.

viernes, 22 de enero de 2016

El empleo y otros aspectos ajenos al precio serán tenidos en cuenta en la contratos del Ayuntamiento de Madrid

Según el edil madrileño, "Lo barato sale carísimo y en Madrid hay suficientes muestras a costa de la precariedad descomunal en el empleo"
 
Revista de prensa. EP. El precio deja de ser el criterio único o fundamental en la contratación en el Ayuntamiento de Madrid y sus órganos autónomos y se da paso a la igualdad, con la perspectiva de género, la accesibilidad, la seguridad y salud laboral, la formación en el lugar del trabajo, el empleo y la estabilidad del mismo.

En los contratos que se adjudiquen a partir de este miércoles, sean del organismo que sea, deberá observarse al menos uno de los objetivos citados. Según el empleo y la estabilidad, la subrogación contractual de los trabajadores será obligatoria en los contratos de más de 300.000 euros relativos a la gestión de servicios públicos.

Esto supondrá que, al término de un contrato, el personal de la empresa adjudicataria saliente pasará a estar adscrito a la nueva adjudicataria con todos
 los derechos y las obligaciones.

En el caso de los contratos con perspectiva social -aquellos relacionados directamente con políticas sociales, como educación o asistencia a mayores, o los destinados a perceptores de renta mínima, personas sin hogar, víctimas de violencia machista o desempleados de larga duración-, dichos objetivos se emplearán como criterio para valorar y adjudicar los contratos.

El delegado de Economía y Hacienda de Madrid, Carlos Sánchez Mato, ha cifrado en 1.500 millones de euros anuales los que se regirán a partir de ahora por estas cláusulas sociales en los contratos públicos que se adjudiquen a empresas y entidades.

Desde ahora el Ayuntamiento se fijará en si las concesionarias emplean lenguaje o imágenes sexistas, desde el punto de vista de la igualdad. En la nueva contratación puntuarán las medidas encaminadas a la conciliación de vida laboral y familiar, como la reducción de jornada, la opción de acogerse a excedencias o la reasignación de servicios. En cuanto al empleo no sólo tendrán en cuenta el salario base sino que se calculará también en función del coste de la antigüedad.

Excepto en la limpieza 
Las cláusulas sociales no tienen carácter retroactivo, ha remarcado Sánchez Mato al ser preguntado por los contratos integrales de limpieza dado que la 
nueva contratación considerará los ERTE incumplimiento de contrato al modificarse las condiciones firmadas. Ahora, en palabras del edil, están "con las manos atadas". La instrucción entrará en vigor mañana miércoles, desde la publicación del decreto firmado por Sánchez Mato, presentado este martes a la prensa.
A final de mes se creará una comisión de seguimiento de ejecución de contratos para comprobar que se cumple lo que se firmó. Estará conformada por los responsables de la licitación, adjudicación y gestión de contratos. Las reuniones de la comisión, dirigida desde el área de Economía y Hacienda, serán regulares.

Valor y precio 
Carlos Sánchez Mato ha argumentado que se trata de "pasar a otra pantalla", donde ya no se habla exclusivamente de rentabilidad económica sino también de la social. "Si sólo se tiene en cuenta el precio resulta interesante únicamente para una parte pero no socialmente, ni para el Ayuntamiento ni para la ciudadanía", ha lanzado el concejal.

El criterio único del precio puede resultarle "baratísimo" a la Administración pero, en este punto, el delegado ha citado a su abuela: "Lo barato sale carísimo y en Madrid hay suficientes muestras a costa de la precariedad descomunal en el empleo". Estas cláusulas sociales en la contratación municipal han sido definidas por el edil como "una palanca revolucionaria, la única forma de avanzar".

Se trata de garantizar con estas cláusulas la mejora de los servicios públicos y la de los derechos laborales, ha explicado el delegado, además de cambiar la forma de contratar superando así la fórmula de contratos integrales, por ejemplo.
El delegado no ha obviado la importancia de este decreto: es un "avance impensable hace unos pocos años" poniendo al Ayuntamiento "a la vanguardia". También ha asegurado que esta instrucción "va más allá de las directivas europeas, que ya abren camino en esta línea".
La jefa de gabinete, Esther López Barceló, ha avanzado que a la instrucción de las cláusulas sociales le seguirán otras medioambientales, éticas de comercio justo e innovadoras, que se elaborarán con criterios participativos.

Preguntada sobre si las grandes empresas podrían descolgarse de la contratación municipal, López Barceló ha contestado que estarán "absolutamente de acuerdo en el que se cumpla la legislación en lo referido a la conciliación o el mantenimiento y estabilidad de los trabajadores". De no hacerlo serían unos "antisistema", ha lanzado irónicamente. "Lo ponemos más difícil para que nadie se salte la ley", ha remachado.

Sánchez Mato, por su parte, ha asegurado que "no es un decreto antinadie sino a favor de la gente que recibe los servicios y que los presta". "Queremos que la responsabilidad social corporativa se plasme en la contratación pública de verdad", ha declarado.

Remunicipalización de servicios
El titular de Economía y Hacienda ha asegurado que hay "margen presupuestario" para hacer frente a esta contratación que no tiene el precio como único criterio. Ayuda el remanente positivo de tesorería de 2015, de más de 300 millones de euros, que se presentará en los próximos días.

Sobre la remunicipalización, el edil ha destacado que sigue un camino paralelo a las cláusulas sociales en la contratación. "La opción política de remunicipalizar sigue en la mesa. Vamos avanzando despacio pero con paso firme. (Esta instrucción) no es una huida para no prestar servicios de manera directa", ha asegurado.