Para el analista de defensa Antonio Legaz, los puertos son
comercio, empleo y competitividad, pero también datos, sensores y capacidad de
presión en situaciones de crisis. A partir del caso de la influencia china en
los puertos de València y Bilbao, hace un repaso de la importancia de estas
infraestructuras críticas y afirma que "la geopolítica de los puertos no
se gana expulsando al adversario. Se gana escribiendo las reglas antes de que
él lo haga".
Por Antonio Legaz. Agenda Pública blog.- En 2017, el Estado chino compró por 205 millones de
euros las terminales portuarias de València y Bilbao. Fue una operación
que apenas ocupó titulares en España. Casi una década después, COSCO (una
empresa estatal vinculada al Partido Comunista Chino) mueve 3,66 millones
de contenedores al año por suelo español, controla dos terminales ferroviarias
interiores en Zaragoza y Madrid, factura 311 millones de euros y reparte
dividendos. El think tank del Ministerio de Defensa acaba de emitir
una alerta formal. La Comisión Europea publicó en marzo de 2026 su primera
Estrategia de Puertos con lenguaje explícito sobre "actores estatales de
alto riesgo". Pero ¿qué compró exactamente China en 2017 y qué puede hacer
con ello?
La presencia china en los puertos españoles es el extremo occidental de la
conocida estrategia global del collar de perlas: una red de infraestructuras
portuarias distribuidas geográficamente que combina rentabilidad comercial con
utilidad estratégica. China controla hoy participaciones en más de treinta
puertos europeos, el equivalente al 10% de la capacidad portuaria total del
continente. El Pireo griego está bajo control operativo total desde 2016.
Hamburgo y Róterdam tienen participación china en sus terminales principales.
En España, COSCO controla el 51% de CSP València y el 39,5% de CSP Bilbao,
con China Merchants como socio minoritario.
"China controla hoy participaciones en más de treinta
puertos europeos, el equivalente al 10% de la capacidad portuaria total del
continente"
En 2010, la constructora española ACS, golpeada por la
crisis financiera, vendió sus participaciones en València y Bilbao a un grupo
liderado por JP Morgan. En 2017, COSCO adquirió Noatum Ports (el
operador resultante) por 205 millones de euros, una cifra modesta para el
acceso a los dos nodos logísticos más estratégicos de la fachada atlántica
y mediterránea española, más dos terminales ferroviarias
interiores que conectan los puertos con el corazón peninsular. Lo que JP Morgan
había comprado como activo financiero, Pekín lo compró como activo geopolítico. El precio fue el mismo, pero el
propósito fue radicalmente distinto.
Hoy, la huella de COSCO en España no se limita a los muelles. CSP Spain opera
bajo una arquitectura integrada verticalmente: un contenedor descargado en
València, transferido por ferrocarril mediante su filial Logitren a las
terminales de Zaragoza o Madrid, redistribuido al interior peninsular y al
Corredor Mediterráneo europeo. Ningún competidor occidental tiene en
España una cadena logística equivalente de extremo a extremo. Además, todo
ese flujo genera datos. Datos que, en virtud de la legislación china de
seguridad nacional de 2017 y su ampliación de 2021, cualquier empresa
domiciliada en China está obligada a compartir con el Estado si este los
requiere.
El puerto no es solo un puerto
El argumento habitual para minimizar la presencia
china en infraestructuras críticas es económico. COSCO
invierte, genera empleo, aumenta el tráfico y paga impuestos. En 2025, las
terminales españolas elevaron su cifra de negocio un 17%, hasta los 311
millones de euros, y repartieron el primer dividendo conjunto con su socio
francés CMA CGM. València procesó 3,2 millones de TEU en 2024 (cuarta terminal
fuera de China más activa de todo el grupo COSCO a nivel mundial), y el holding español
cerró octubre de 2024 con un crecimiento del 27% mensual. El argumento comercial
parece, por tanto, legítimo.
"La inversión extranjera en infraestructura crítica no
es neutral en escenarios de tensión geopolítica"
El problema es que ese argumento descansa en la premisa de
que la inversión extranjera en infraestructura crítica es neutral en escenarios
de tensión geopolítica. No lo es, y los puertos menos que ninguna otra
infraestructura. La principal razón se encuentra, precisamente, en la capa de datos. Los sistemas de gestión de terminales
(el software que coordina la asignación de grúas, el movimiento de
contenedores, las prioridades de carga y descarga, los manifiestos de
mercancías) procesan en tiempo real información sobre qué entra, qué sale, de
dónde viene, adónde va y en qué volúmenes. En un escenario de crisis o
conflicto, ese flujo de información tiene un valor de inteligencia
equivalente al de cualquier sistema de vigilancia convencional: permite mapear la cadena de suministro de un adversario,
identificar vulnerabilidades logísticas y anticipar movimientos de material
sensible, incluido material de doble uso civil-militar. Por ello, el informe de
la Armada española de marzo de 2026 advierte de que China está
construyendo una red de uso dual que combina inversiones comerciales con
capacidad de proyección de poder.
Tampoco se debe olvidar la capa física. Las grúas ZPMC (fabricadas por el
gigante estatal chino Shanghai Zhenhua Heavy Industries) dominan el
equipamiento de carga de contenedores en los puertos europeos, incluidos los
españoles. En febrero de 2026, la Comisión Europea filtró un borrador de su
Estrategia de Puertos que identificaba explícitamente a los fabricantes de
equipamiento de alto riesgo como vector de vulnerabilidad independiente de la
propiedad accionarial. Una grúa conectada a internet no es solo una grúa:
es un sensor. Si el fabricante está sujeto a legislación de seguridad
nacional china, el sensor tiene potencialmente dos destinatarios de sus
datos. El Departamento de Defensa de EE. UU. lo detectó en sus
puertos en 2023 y ordenó la revisión de todos los equipos ZPMC instalados en
instalaciones militares o de doble uso. Europa llega a esa conclusión tres años
después.
La geopolítica económica no necesita disparar
La cuestión fundamental de la estrategia portuaria china en
Europa es que su eficacia no requiere ninguna acción dramática. No
necesita sabotaje, no necesita espionaje activo, no necesita confrontación. Le
basta con estar presente, operar con normalidad y esperar a que la geopolítica
genere una situación en la que esa presencia tenga valor de palanca.
"Un puerto cuya gestión operativa depende de actores
sujetos a la voluntad del Estado chino es un puerto con una segunda autoridad
portuaria invisible"
El modelo Hambantota (el puerto de Sri Lanka que Pekín acabó
controlando durante noventa y nueve años tras una acumulación de deuda
impagable) se cita siempre como el ejemplo extremo de la trampa china de
infraestructuras. Es el ejemplo equivocado para Europa, porque crea la
falsa impresión de que el riesgo es la pérdida de propiedad formal. En
este caso, el riesgo real es más sutil y radica en la capacidad de
interrumpir, ralentizar o condicionar el uso de infraestructura crítica en un
momento de máxima tensión, sin necesidad de disparar un solo tiro. Un puerto cuya
gestión operativa (software, datos, equipamiento) depende de actores
sujetos a la voluntad del Estado chino es un puerto con una segunda autoridad
portuaria invisible.
España tiene en este mapa una posición relevante. València es la cuarta terminal
fuera de China más activa de COSCO en el mundo entero, no en Europa. No es una
inversión periférica en un mercado secundario. Es un nodo central en la cadena
de distribución del mayor exportador del planeta hacia el mercado
europeo. El Corredor Mediterráneo (que España ha promovido
durante años como eje logístico estratégico) tiene en su extremo
occidental una terminal controlada por el Estado chino, conectada por
ferrocarril al interior peninsular, con un sistema de gestión de datos que
Bruselas acaba de identificar formalmente como riesgo de seguridad.
España tiene aquí algo que ningún otro país europeo puede ofrecer: la
coincidencia exacta entre su mayor activo logístico (el Corredor
Mediterráneo, con 2.900 millones de euros de inversión ejecutada solo desde
2024) y el epicentro del problema. Esa coincidencia puede leerse como
vulnerabilidad o como palanca. Si España lidera en Bruselas la definición de
los estándares de seguridad para infraestructuras portuarias conectadas a corredores
de doble uso civil-militar, no solo protege València y Bilbao, sino que se
posiciona como el actor que da forma a la política europea en el segmento
donde más tiene que ganar y que perder. La geopolítica de los puertos no se
gana expulsando al adversario. Se gana escribiendo las reglas antes de que él
lo haga.
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