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sábado, 23 de abril de 2022

¿ Es Madrid un problema para el equilibrio territorial de España?

"Es un clamor que hay que ampliar el modelo de infraestructuras de carácter radial a uno más plural y con una arquitectura variable"

Por Carles Ramió.- esPúblico blog.-  La pujanza de Madrid durante la última década ha llamado la atención a la España periférica, a la España vacía e incluso al propio gobierno de la nación. Los datos son impresionantes: es la tercera área metropolitana más grande por población de Europa, atrae al 38 por ciento de los emigrantes nacionales y al 65 por ciento de los emigrantes con titulación universitaria (atracción del talento), expulsa a los jóvenes sin estudios debido al alto poder adquisitivo de la ciudad, su presión fiscal es la más baja de España, los sectores empresariales más dinámicos del país tienen su sede en Madrid, durante los últimos 5 años su aportación al PIB nacional supera al de Cataluña, retiene al 80 por ciento de los funcionarios de los servicios centrales de la Administración General del Estado.

Está dinámica no es reciente ya que la tendencia viene de lejos. Ya lo advirtió Pascual Maragall, uno de los mejores conocedores de la dinámica y la competencia entre ciudades, en el lejano 2001 advirtiendo que “Madrid se va” (Tribuna El País de 27 de febrero de 2021) y lo reafirmó en otro artículo de 2003 en el que afirmaba que “Madrid se ha ido” (Tribuna El País de 7 de julio de 2003). Los gobiernos de Aznar a partir de 1996 fueron determinantes y representaron un punto de inflexión en esta pujanza de Madrid, según afirma Aleix Martí (2022) que también acopia los datos que sustentan esta información. En este sentido, Ayuso está culminando a nivel regional una tendencia que se planificó a nivel nacional hace unos 25 años. Y no hablamos estrictamente de la ciudad de Madrid sino del área metropolitana de Madrid con municipios aledaños a la capital que se han beneficiado de esta tendencia (por ejemplo, el municipio de Alcobendas).

¿Esta pujanza de Madrid es un problema para el equilibrio territorial de España? Sinceramente me cuesta criticar una historia de éxito como esta. No hay nada más fácil que vivir en la periferia del país y limitarte a criticar a la capital del Estado. Al fin y al cabo, esta tendencia de fortalecimiento de las áreas metropolitanas es una dinámica mundial. Todas las grandes áreas metropolitanas del mundo hacen o intentan hacer lo mismo que Madrid. No hay nada negativo en que un área metropolitana aspire a ser la capital del sur de Europa y que, al alimón, intente ejercer de capital externa de América Latina rivalizando directamente con Miami.

Pero es evidente que esta pujanza de Madrid genera algunas externalidades negativas en el resto del territorio nacional como, por ejemplo:

Se está descapitalizando de talento y población al resto del territorio y, en especial, a sus dos comunidades autónomas aledañas: Castilla León y Castilla la Mancha.

Contribuye a intensificar la tendencia de la denominada “España Vacía”. Según un informe del Banco de España el 42 por ciento de los municipios españoles está en riesgo de despoblación. Dato que contrasta con el riesgo en países, que también poseen pequeños municipios, como Francia, Italia y Alemania en que el riesgo a la despoblación es respectivamente el 7, 4 y 1 por ciento (Martí, 2022). Esto demuestra que tenemos un problema propio evidente y que no se trata de una tendencia internacional.

Mantiene la vieja ensoñación de un modelo unicéntrico para España cuando realmente el país está instalado desde hace décadas en un modelo policéntrico (Madrid-Barcelona). Recordemos que Barcelona es la cuarta área metropolitana más grande de Europa en población.

La pregunta clave es: ¿hay que diseñar políticas para revertir esta situación de predominio madrileño? Estas políticas que para favorecer a otros hay que ir en contra de uno (en este caso de Madrid) no me parecen muy acertadas ni beneméritas. No creo, en este sentido, que sea acertado castigar a Madrid. Además, hay que tener en cuenta que su pujanza a nivel internacional beneficia o debería beneficiar al resto del país.  Pero también hay que reconocer que esta pujanza madrileña durante el último cuarto de siglo se ha logrado por méritos propios evidentes, por su posición física en la mitad geográfica del país pero también gracias a un dopaje que proviene del gobierno de la nación (proceso de privatización de las empresas públicas que se erradicaron en Madrid, persistencia en un sistema radical de comunicaciones apuntalado por los trenes de alta velocidad, un Ministerio de Cultura que ejerce de Consejería de Cultura de Madrid, etc.).

Por tanto, considero que no hay que impulsar ninguna política nacional en contra de Madrid pero sí a favor del resto del territorio nacional. Esta orientación no va a gripar en absoluto el motor madrileño y, en cambio, puede favorecer un mayor equilibrio y cohesión territorial nacional. Algunas medidas podrían ser:

-Reimpulsar, tal y como parece que va a intentar hacer el actual gobierno la estrategia que ya impulsó sin éxito los gobiernos de Zapatero: una cierta descentralización territorial de los aparatos públicos estatales. El nuevo paradigma tecnológico favorece esta descentralización si excesivas externalidades negativas. Hay un evidente efecto arrastre entre del poder institucional sobre el poder económico y está dinámica también diversificaría modestamente la concentración de grandes empresas en Madrid.

 -Reconocer que España está asentada en un modelo policéntrico y que posee dos grandes motores metropolitanos (Madrid y Barcelona) y no solo uno. La nueva Carta Municipal que se está preparando para Barcelona debería partir de este reconocimiento.

-Es un clamor que hay que ampliar el modelo de infraestructuras de carácter radial a uno más plural y con una arquitectura variable (el famoso corredor mediterráneo, la ampliación del aeropuerto de Barcelona y de otras ciudades dinámicas).

-Acompañar con políticas nacionales a aquellas ciudades o áreas metropolitanas que son pujantes (caso de Málaga, Vigo, Oviedo-Gijón, etc.). Hace falta potenciar a estos motores urbanos de carácter intermedio.

Reitero que no hay que hacer política anti-Madrid sino políticas a favor de una mayor cohesión territorial. Madrid tiene fuerza propia que no hay que ralentizar sino que hay que estimular también la riqueza de poseer otro gran motor mundial (Barcelona) y una multiplicidad de motores urbanos intermedios que tengan la capacidad de irradiar a la España vacía en un momento que la tecnología favorece que colectivos muy cualificados trabajen físicamente descentralizada.

martes, 30 de julio de 2019

Como adaptar el mapa municipal español a la globalización

"España tiene como gran duda casi existencial si apuesta por un modelo unicéntrico o policéntrico. Su realidad económica y poblacional la configuran como un país policéntrico; un Estado con dos grandes áreas metropolitanas que pueden competir globalmente: Madrid y Barcelona"

Por Carles Ramió. EsPúblico blog.- Para que España pueda ser un país competitivo a nivel internacional y organizado de manera equilibrada a nivel interno requiere que su mapa municipal posea dos grandes ingredientes: a) al menos una gran área metropolitana que haga de motor del país y compita a nivel europeo y mundial con las grandes ciudades del mundo; b) un tejido de áreas metropolitanas intermedias que muestren una escala suficiente y que estén bien integradas y conectadas con la locomotora de la gran área metropolitana del país (o las dos grandes áreas metropolitanas) que compite a nivel mundial.  Poseer estos dos componentes de manera equilibrada va a facilitar que España pueda ser un país preparado territorialmente para hacer frente a los retos tecnológicos, económicos, sociales y políticos que van a acontecer en un futuro muy próximo.

Las ciudades medianas tienen tantas oportunidades como amenazas para
competir en un entorno globalizado. Su localización es parte de su renta
El gran motor (uno) o los grandes motores (dos) en forma de grandes ciudades que pueden competir en un mundo protagonizado por las ciudades globales: buena parte de los países de mundo ya se están preparando para la competencia mundial entre las grandes ciudades. Hay dos tipos de modelos de país vinculados a sus grandes áreas metropolitanas: el modelo unicéntrico y el modelo policéntrico (Jordana, 2019). El modelo unicéntrico es el que un país apuesta por una única gran área metropolitana que tiene que ejercer de tractor de conocimiento y de desarrollo económico para todo un Estado. Es el caso de Francia que todo lo fía a París como único gran motor de competencia global. Se trata de un modelo consecuente con la tradición centralista (e incluso jacobina) de Francia. Pero no es un modelo vinculado solo a países unitarios, sino que también lo poseen países descentralizados como Gran Bretaña en el que su apuesta global única es Londres. Por otra parte, hay países policéntricos que deciden competir globalmente con más de una gran área metropolitana. Por ejemplo, los casos de Alemania (Berlín como poder político y Frankfurt y Munich como poderes económicos) o Italia (Roma como poder político y el potente triángulo que conforman las ciudades de Milán, Génova y Turín como la gran área metropolitana de poder económico). 

El modelo español 
España tiene como gran duda casi existencial si apuesta por un modelo unicéntrico o policéntrico. Su realidad económica y poblacional la configuran como un país policéntrico; un Estado con dos grandes áreas metropolitanas que pueden competir globalmente: Madrid y Barcelona. En cambio, a nivel político parece que el Estado se decantaría por un modelo unicéntrico en el que solo Madrid ejerciera de motor de país. Esta segunda opción encaja con la cultura centralista española y hay que hacer notar que es uno de los ingredientes de peso de carácter no emocional que explican una parte del actual conflicto entre Cataluña y el resto de España (Jordana, 2019). La solución a este problema parece obvia: la realidad económica, territorial y demográfica es la que es y tendría que aceptarse política e institucionalmente que el modelo natural de España es la de ser un país policéntrico con dos grandes motores metropolitanos. Este reconocimiento contribuiría a disminuir las actuales tensiones políticas de carácter centrífugo. España debería operar como Alemania e Italia y abandonar el modelo de Francia y Gran Bretaña. Una buena articulación entre las ciudades de Madrid y Barcelona podría implicar que éstas fueran dos de los tres grandes motores económicos del sur de Europa (el tercero sería Milán-Génova-Turín) con capacidad de influencia en un amplio territorio que agruparía a España, Portugal y una parte relevante del sur de Francia. Obvio que habría que articular unas lógicas de colaboración,  complementariedades e intercambios simbióticos entre Madrid y Barcelona. No habría casi ni que estimular esta colaboración ya que de facto hace mucho tiempo que existe. La realidad es tozuda y hay que saber reconocerla y aprovecharla como una gran oportunidad.

Metrópolis y ciudades intermedias
Por otra parte, es necesaria la articulación de las ciudades intermedias como apoyo a los dos grandes motores metropolitanos: las dos grandes áreas metropolitanas de España requieren de una red de ciudades intermedias interconectadas que den fuerza a los dos motores y que puedan captar y distribuir territorialmente el conocimiento y el bienestar. Estos motores intermedios serían: Sevilla, Bilbao, Valencia y Zaragoza. Pero harían falta más: se trataría de favorecer asociaciones metropolitanas entre ciudades más modestas a nivel económico y demográfico para que alcanzaran una escala suficiente: por ejemplo, hay conversaciones para implantar un área metropolitana entre Oviedo y Gijón. Otra posibilidad sería Málaga, Cádiz (Algeciras) y Almería, Vigo y La Coruña o Valladolid, Salamanca y León (esta última quizás sea la más compleja). Esta opción sería el mejor remedio a superar la denominada “crisis de las ciudades medias” (Pimentel, 2019). Con esta configuración España tendría motores territoriales intermedios que podrían cohesionar a todo el país